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EL PECADO DEL HOMBRE

PECADO: La raíz de todos los males. El problema número uno para el mundo y para cada individuo. La realidad negativa y trágica presente en la Biblia desde la primera página hasta la última. La Biblia es la historia de la auto-condenación del hombre, de su ceguera y obstinación en pecar, resistiendo al amor de Dios y apartándose de Él, y la historia de los esfuerzos de Dios para atraerlo y reconducirlo, hasta el vuelo rasante de la misericordia Divina Trinitaria con la Encarnación y el Nacimiento de Jesús.

Tan pronto pecó el hombre, se puso Dios a buscarlo: Gen 3 (3,15). Si nuestro reloj se para, lo llevamos al relojero. Si nuestro coche se estropea, lo llevamos al mecánico. Si el mundo y nuestra vida van mal, preguntamos al Creador del Mundo y de nosotros, y oímos su Respuesta, su PALABRA: Rm. 3,23; 3,9-11; Sal. 14, 1-3; 53, 2-4; Ecl. 7,20; 1Jn 1;8-10.

“PORQUE TODOS PECARON Y ESTÁN PRIVADOS DE LA PRESENCIA SALVADORA DE DIOS”
de su santidad y de su Amor, del esplendor de su santidad y Amor: Rm 3,23. No hay un solo inocente. No hay ningún sensato, nadie que busque a Dios… Cada uno de nosotros debe convencerse y confesar: SOY PECADOR Y NECESITO SALVACIÓN.

Basta oír la radio y ver la Televisión, para convencernos de que el mundo es pecador, está lleno de pecados y necesita salvación. Esta es la peor noticia, completada por otra: ningún hombre, ninguna mujer puede quitar el pecado del mundo. El hombre tiene un gran problema que ni el mismo es capaz de resolver: Mt 19,25-26.

¿Por qué el pecado es el peor de los males? Porque impide que en el mundo se manifieste, se visualice el Amor de Dios. Porque impide que experimentemos, vivenciemos, sintamos internamente que somos amados por Dios (Rm1,7; Ef5,1), porque impide que se realice Su plan maravilloso sobre el mundo y sobre cada uno de nosotros. SU PLAN DE VERDAD, DE JUSTICIA, PAZ, AMOR Y ALEGRÍA.

El pecado es la causa de todos los males que afligen a la humanidad. Dios hace caer constantemente un Diluvio de Amor sobre nosotros, pero nosotros estamos metidos dentro de una esfera de cristal irrompible. Este cristal nos permite ver llover el AGUA VIVA del AMOR de Dios, pero nos impide beberla y quedar saciados, mojados, inundados, chorreando.

Gen2,17: Autonomía, Auto-dependencia, Auto-realización fuera de Dios, esto nos lleva a un desorden físico, psíquico y metafísico. “Nosotros somos esencialmente contingentes, dependientes de Dios, Creador y Conservador: Creación incesantemente duradera”.

EL hombre sin Dios, esta en la “Región de la Desemejanza, del Alejamiento y de la Distancia” (San Agustín). 

Padre Antonio Honduvilla S.J. † Fundador de Amistad en Cristo, Nuevo Amanecer

 

 SOBRE EL CREDO “BAJO EL PODER….”

Siempre hemos dicho al recitar el Credo o Símbolo de la Fe que Nuestro Señor Jesucristo padeció “bajo el poder de Poncio Pilato” (sub Pontio Pilato). No deja de resultar sorprendente que se mencione en tan alta ocasión a un mero gobernador romano de provincia que no buscó ni deseó la muerte de Jesús —que trató de eludirla—, y no a Herodes o a Caifás o a los Príncipes de los Sacerdotes que la promovieron y consiguieron, o a Judas que lo entregó, o, en otro caso, al Emperador de Roma de quien Pilato era un simple delegado.La actual traducción al castellano, realizada por la Iglesia posconciliar, sustituye la expresión “bajo el poder de” por “en tiempos de…”. La inepcia es demasiado fuerte para que pueda admitirse simplemente como un “aggiornamento” de lenguaje. Nadie en el mundo conservaría hoy memoria de Poncio Pilato si no hubiera intervenido en el proceso de Nuestro Señor Jesucristo. Un biógrafo de Pilato podría haber dicho que vivió en tiempos de Cristo, pero que Cristo murió en tiempos de Pilato carece por completo de sentido y posee cierto carácter grotesco. Sería como decir de Napoleón que murió en tiempos de Fouché. Incluso decir que murió en tiempos del Emperador Tiberio hubiera resultado extraño, porque la situación histórica de Cristo es incomparablemente más relevante que la cronología de los emperadores romanos. Pero ¡colocar la referencia en Poncio Pilato…!

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Nuestro Señor le dio a Sor María de Saint-Pierre una oración especial llamada FLECHA DORADA en reparación por las blasfemias

Es evidente que nunca se trató en esta alusión a Pilato de una referencia temporal, y mucho menos al otorgarle ahora este carácter a los dos mil años de aquellos hechos. Se trata más bien de sustituir por esa localización histórica otra cosa. Y de hacer esa sustitución por algún motivo. ¿Qué cosa y qué motivo? He aquí la cuestión.Ante todo, ¿por qué se menciona en el Credo a Poncio Pilato y no a aquellas otras figuras más directamente interesadas en la muerte de Cristo? ¿Por qué se ha condenado a ser mencionado en la muerte de Cristo durante siglos y siglos a un hombre que únicamente se mostró débil y atemorizado, que procuró, hasta cierto punto, evitar el desenlace?Hay una primera respuesta, que quizá pudiera ser suficiente: porque en Pilato residió el poder —y el libre albedrío— para decidir la muerte y suplicio de Cristo. Los judíos no hubieran tenido ese poder si Pilato no hubiera accedido. El César estaba muy lejos y no se enteró siquiera de lo que sucedía y de lo que en su nombre se decidió en Jerusalén.

Significaría esta explicación la responsabilidad personal que incumbe a cada hombre en sus grandes decisiones, y la responsabilidad muy especial del gobernante que no ejerce una mera función moderadora y dialogante, sino un ministerio sagrado de justicia. Pilato no quería la muerte de Cristo, pero fue el único que pudo evitarla, y el que no la evitó, antes bien, la sancionó con su inhibición y su venia. Esta extraña mención de aquel oscuro gobernador de provincia sería así como una proclamación, en el Símbolo de nuestra fe, de la realidad del libre albedrío humano, de la responsabilidad personal, y del sagrado ministerio del gobernante o del juez.

Pero cabe otra interpretación (entre otras muchas, dado que la Palabra inspirada es insondable):

¿Qué sabemos nosotros de Poncio Pilato? Según el Evangelio de San Juan, cuando Cristo se declara ante él testimonio de la verdad y afirma que cuantos son de la verdad escuchan su voz, Pilato pregunta: ¿qué es la verdad? (quid est veritas?) No pregunta ¿qué verdad es ésa? o ¿de qué verdad hablas?, sino ¿qué es la verdad? A lo que Cristo no respondió.

Pilato, como tantos romanos decadentes y escépticos, no creía en la verdad ni servía a ninguna verdad. Creería en la verdad de cada uno, en la verdad relativa al hombre, a cada hombre, verdad subjetiva, en evolución. Si hubiera hablado el lenguaje de hoy habría contestado: “¡La verdad! ¿Es que eres un ultra? Querrás decir tu verdad, tu opinión, no más valiosa que cualquier otra opinión”.

Pilato no profesaba el liberalismo como doctrina pública porque tal teoría no existía en su tiempo: sólo se daba entonces el escepticismo personal y el relativismo de la verdad. Él pertenecía a un pueblo religioso —el romano— que sacralizaba el poder y hasta a la misma figura del Emperador. Tampoco los judíos eran liberales, antes bien se gobernaban por una teocracia. Sólo Pilato era allí un precursor a título individual de la teoría que niega la verdad (y el bien) objetivos, por referencia a los cuales ha de juzgarse y gobernar. Como liberal subjetivo acudió para resolver la cuestión a la única fuente que queda a quien no cree en una verdad y un orden subjetivos: a la opinión de la multitud. Gobernar en tal caso es responder a los deseos de la mayoría, “oír al pueblo”, facilitar la paz y la convivencia, dado que la sociedad no es más que convivencia y nadie puede arrogarse el monopolio de la verdad, porque, ¿qué es la verdad? En consecuencia, se lavó las manos en el asunto para que no se alborotara el pueblo: una solución “democrática”. Además, al César, como a todo hombre, no gustarían las complicaciones, y tampoco escudriñaría demasiado la justicia de aquel remoto proceso que sólo tendría una víctima…

Cabría pensar entonces que al decirse en el Credo “padeció bajo el poder de Poncio Pilato” (al otorgar tal relevancia a este nombre) se significa —viendo en Pilato un símbolo— algo así como que “Cristo murió bajo el poder del liberalismo y la democracia”. (No como régimen jurídico o político válido, sino como disposición subjetiva en la mente y en el corazón de un hombre). Si sólo supiéramos de Pilato que autorizó la muerte de Cristo por debilidad o por miedo, tal alusión única permanecería misteriosa, pero esa pregunta previa ¿qué es la verdad? posee a esta distancia un gran valor aclaratorio.

Lo que, en consecuencia, intenta encubrir la iglesia posconciliar en las traducciones actuales con esa absurda localización cronológica en Poncio Pilato, es la referencia a su poder, a la índole de su poder y al liberalismo de su corazón. Y el motivo es que el espíritu que anima a esta Iglesia actual (en tanto que actual) está sumamente cerca del espíritu de Pilato: lo comprende y comparte cordialmente. Ella también crucificaría (o permitiría la crucifixión) de quien afirme una verdad y el deber de pertenecer a esa verdad y sólo a ella.

En los albores de nuestro siglo, San Pío X —el único pontífice santo de la modernidad— hubo de enfrentarse (y de juzgar) a una doctrina —y una actitud— que él llamó “modernismo”. Se trataba, en rigor, del liberalismo dentro de la propia Iglesia.

El modernismo afirmaba que el conjunto de verdades o dogmas de los que la Iglesia se supone depositaria son, en realidad, patrimonio de la humanidad entera, y que la religión —que debe ser dinámica y no estática— se identifica con la razón humana en su desarrollo, es decir, con el progreso de la ciencia. Todas las religiones —según esta teoría— poseen una parte de verdad, y su evolución las acerca en convergencia hacia una religión del futuro, racional y humana por entero. Las verdades absolutas o dogmáticas no existen: la religión, como las otras manifestaciones culturales, debe responder a la mentalidad y las necesidades del hombre en cada época. El evolucionismo (vitalista o dialéctico), el liberalismo, la democracia y aún el socialismo no se oponen en absoluto al cristianismo ni a esa futura religión planetaria, sino que han de verse como creaciones cripto-cristianas, es decir, cristianas aún sin saberlo. Su oposición al cristianismo es —según el modernismo— fruto sólo del enquistamiento o de la inmovilización dogmatista de la fe. Esta teoría, expuesta y condenada por San Pío X en su encíclica “Pascendi”, es lo que hoy nos aparece como doctrina extendida en toda la Iglesia posconciliar con el nombre de progresismo o “humanismo” cristiano.

¿Cómo juzgó el santo pontífice a esta doctrina? Simplemente: como “movimiento de apostasía general” y como “germen y compendio de todas las herejías”. Y no se limitó a condenarla, sino que estableció para todas las ordenaciones, consagraciones episcopales y tomas de posesión de cátedras eclesiásticas el previo “juramento antimodernístico” (suprimido bajo el pontificado de Juan Pablo II) por el que clérigos y obispos se comprometían a luchar hasta el fin contra tales doctrinas: tal era la extrema peligrosidad para la fe que en ella reconocía.

Los hechos se me antojan así parejos en su significación y simétricos: en los orígenes de la Iglesia, al redactar en Nicea el Símbolo de la fe, se destaca con mención especial y única a Poncio Pilato, que profesa un liberalismo y un democratismo personales o subjetivos (al desconocer la verdad y recurrir a la multitud), por encima de quienes por traición o malevolencia procuraron la muerte de Cristo. Pasan los siglos, casi dos milenios: el liberalismo se ha convertido en teoría, primero política, después religiosa, y ha pasado de la teoría a la vigencia como forma de gobierno. En nuestro siglo un Papa santo la destaca sobre todas las herejías y cismas, ve en ella la fuente de todos los males para la fe, y trata de preservar de ella a la Iglesia mediante un juramento insólito y solemne que habrían de prestar todos los eclesiásticos y todas las jerarquías de la Iglesia.

La razón, por lo demás, es obvia: si una herejía niega una o varias verdades de la fe, por ejemplo, la Trinidad o la Virginidad de María, no por eso deja Dios de ser Uno y Trino ni María Virgen. Pero si una herejía pone en duda —con una quiebra de su propia identidad— el Sacramento de la Eucaristía y reduce la Misa a una asamblea o a un “memorial de la Pasión”, puede lograr que deje de producirse el hecho de la Transubstanciación sobre la tierra. Es decir, que se rompa definitivamente el lazo principal entre el Cielo y los hombres, el efecto vivo de la Redención.

Rafael Gambra Ciudad

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 EL PAPA FRANCISCO

“A Dios se le encuentra andando”Hace unos días el Espíritu Santo nos ha vuelto a sorprender con la elección de nuestro nuevo Padre Espiritual. Nada más y nada menos que un argentino del que nadie sabía nada: Jorge Mario Bergoglio que eligió el nombre de Francisco.Jesuita y con espíritu franciscano por su entrega a los demás, sobre todo, a los más pobres y necesitados. ¿Con quienes estuvo más Jesucristo si no con éstos? Y, por ello, pide a los sacerdotes que salgan de sí mismos, que sean pastores en medio de sus ovejas, en medio de los pobres. Y, no sólo de los que no tengan bienes materiales sino también de los pobres de espíritu y de los que no conocen el Evangelio o a Cristo o pasan de Él. Nos dice que no nos cansemos de caminar ni para buscar a Dios ni para dejarnos buscar por Él.Nos repite que los miembros de la Iglesia no se acomoden, que vayan al encuentro pues, ellos también tienen que abrir sus puertas, no sólo las de Cristo sino las de sus despachos; esas puertas que acogen, que tocan, que abrazan a los demás. Y con alegría porque el cristianismo es alegría, es esperanza. Esperemos que nuestro Papa sea capaz de agitar y mover los corazones de todos y de que sepa enfrentarse a las leyes injustas como lo hizo Cristo. Y, todo ello, con la norma del amor a Dios y al prójimo.Francisco no ha sido el primer Papa en romper moldes. Ya Juan Pablo II nos transmitió esperanza con aquel gesto que nos llegó al alma de bajando de su trono para besar el suelo de los países que visitaba por primera vez. Y, también, encontrándose con todos y cada uno de nosotros. Aún resuena su voz gritándonos: “¡No tengáis miedo: abrid las puertas a Cristo!”. Luego llegó Benedicto XVI que nos legó dos herramientas necesarias, aparte de la humildad, para llegar a Cristo: la fe y la oración. Y, ahora para completar, nos regala el Espíritu Santo a Francisco con su nuevo carisma: caridad y misericordia. Todos ellos con el hilo conductor de nuestra Madre la Virgen María, sin olvidar a nuestro custodio S. José y, con ellos, la Adoración y Amor al Santísimo Sacramento, centro de toda la Iglesia.Quiero destacar una cita que el Papa incluye en su libro “Sobre el cielo y la tierra” escrito cuando era obispo en Argentina: “…..a Dios se le busca para encontrarlo y porque se le encuentra se le busca…”

Me arriesgaré a citar algunos rasgos de su personalidad que son importantes para la ejecución de su mandato: su humildad, la experiencia de ser hijo de emigrantes, el abandono de cualquier tipo de ostentación, sus discrepancias y manifestaciones públicas en contra de las injusticias. Esperemos, con todo ello, que tenga la capacidad, como Jesucristo, de agitar los corazones y despertar a las almas dormidas.

Finalizaré con algunas opiniones:

Afirma un taxista: “dí la espalda a la Iglesia pero este Papa ha encendido algo dentro de mí”.

Comenta una joven: “nunca me había planteado la devoción a S. José pero, leyendo la homilía de la misa de inauguración del Papa, ha aumentado mi devoción a él: custodio de María, de Jesús y de la Iglesia; por tanto, custodio nuestro y ejemplo de fe y de humildad.”

Un señor afirma: “tengo esperanzas de que este nuevo Papa quite las telarañas y ponga más en práctica la doctrina social de la Iglesia”.

Termino pidiendo una oración a todos por el nuevo sucesor de Pedro.

Conchita Jaraiz Puig

3 pensamientos en “Artículos

  1. Te felicito Conchita, precioso articulo sobre nuestro querido Papa Francisco.
    “A Dios se le busca para encontrarlo, y porque se le encuentra se le busca”.
    Cuanto mas conoces a Jesus, Amigo que nunca falla, mas necesidad tienes de EL.
    Esta Asociacion, me parece necesaria en estos tiempos difíciles para todos,
    especialmente para los jóvenes, me han hablado del grupo que tu llevas.
    A seguir caminando con la fuerza y el cariño de Nuestra Madre, la Santísima Virgen.
    Os llamare.

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  2. Qué pasa con nuestra sociedad??
    Al robo se le llama:” saber aprovechar la situación”; al aborto, “interrupción”; al mentir, ” el derecho a mi opinión”; a la charlatanería, “elocuencia”; a la arrogancia, ” saber imponer criterios”; a la cobardía, ” prudencia”; a la vagancia se le llama “descanso”; al adulterio, “tener muchas amistades”. Y por qué tanta violencia, divorcio, depresión, suicidio, enfermedades mentales, caos. Todo esto lo resumo en que hemos EXCLUIDO a DIOS de nuestro ambiente, de nuestras vidas porque supone un “cortapisa” a nuestros deseos. No se pregunten por qué nuestros hijos no tienen conciencia, no distinguen entre el bien y el mal y por qué no tienen valores.

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  3. Nirmala, te felicito por tu comentario valiente. A si es exactamente lo que esta pasando en nuestra sociedad, vamos en un barco a la deriva que se hundirá en lo mas profundo de la nada, como no sea CRISTO, quien lleve y dirija el barco.
    EL es nuestra única salvación.
    El Rosario, el puente entre la tierra y el Corazón dearia Santísima. C. P.

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