Valdenses

Pedro de Vaux o Valdo o Valdez era un mercader de Lyon, nacido en el Delfinado, que del estudio de la Sagrada Escritura pasó a vivir una vida más perfecta según el ideal evangélico. Deseoso de hacer conocer la Biblia al pueblo, con la ayuda de dos sacerdotes amigos suyos, inició una traducción en lengua vulgar; pero en el año 1170, habiendo muerto improvisadamente uno de los dos sacerdotes, creyó ver en este hecho una llamada del Señor y, después de haber distribuido todo lo que tenía entre los pobres y haber abandonado a su mujer, se puso a predicar la pobreza y la penitencia por las plazas de Lyon y sus contornos, atacando también lo que llamaba las excesivas riquezas de la Iglesia y la mala conducta del clero. Alrededor de él se fueron formando grupos que se dieron el nombre de “pobres de Lyon” y que el pueblo llamó Valdenses.

La predicación de Pedro y de otros laicos arrimados a él y que sin preparación alguna pretendían explicar las escrituras, preocupó al arzobispo de Lyon, el cual les prohibió predicar. Pedro, entonces, apeló a Roma y el Papa Alejandro III, aun aprobando el modo de vivir de los seguidores de Valdo, mandó que, en cuanto a la predicación se sometiera a la autoridad episcopal del lugar. Pedro no quiso someterse y siguió predicando sin autorización de ninguna clase, de modo que el arzobispo se vio en la obligación de condenarlo. El Papa Lucio III aprobó, en el año 1184, la sentencia del prelado lionés; entonces fue cuando Pedro con todos los suyos se pasó a la herejía: negó el sacerdocio de la Iglesia, afirmó que el hombre se salva solo sin necesidad de pertenecer a ninguna Iglesia y que cada fiel es depositario del Espíritu Santo; después de esto negó la presencia real eucarística, se atribuyó el derecho de conferir los sacramentos en calidad de simple laico, no admitió otras oraciones que la del Pater Noster, mantuvo que el juramento era una blasfemia y negó a la sociedad el derecho de imponer penas y a la Iglesia el derecho de poseer bienes. El movimiento valdense se organizó en secta, con jefes propios que vivían de limosna y en perfecta castidad; se difundió y extendió por el Delfinado, la Provenza, el Languedoc, Alemania, España, Bohemia, Polonia y se asentó sólidamente en algunos valles de los Alpes Pisamonteses donde pronto Pinerolo y torre Pellice formaron el centro preferido de los Valdenses.

El año 1533, en el sínodo de Cianforan, los valdenses se adhirieron a la doctrina calvinista; por eso hoy se les considera a todos ellos como una secta protestante. Actualmente su número no supera los 50.000, de los cuales 30.000 habitan en Italia.

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