Señor, en el silencio de este día que comienza, vengo a pedirte la paz, la prudencia, la humildad, la fuerza. Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor, ser paciente, comprensivo, dulce y prudente. Ver por encima de las apariencias a tus hijos como Tú mismo los ves y así no ver más que el bien en cada uno de ellos. Cierra mis ojos a toda calumnia, guarda mi lengua de toda maldad, que sólo los pensamientos caritativos permanezcan en mi espíritu, que sea benévolo y alegre, que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia. Revísteme de Ti, Señor, y que a lo largo de este día yo te irradie. Así sea.
Dejemos un ratito en nuestro ajetreada vida para reflexionar y desconectar de las preocupaciones y problemas del día, y prepararnos en este Adviento a la gran llegada del Señor, que se hace Niño para habitar entre nosotros.
Te invitamos desde Amistad en Cristo a este retiro que tendrá lugar el próximo sábado 10 de diciembre de 10 h. a 14 h. y a media mañana tendremos un café con pastas para estar todos juntos.
Qué alegría cuando me dijeron… Nuestro encuentro SEMANAL alrededor del Altar, no olvidemos nunca que la unión hace la fuerza y más cuando esta UNIÓN es desde el corazón de DIOS, qué maravilla!! ¿Lo vivimos y nos damos cuenta de cuanto Amor derrama nuestro Jesús amado?Abramos nuestros corazones de par en par y pidamos gracias de CONVERSIÓN y FIDELIDAD para ser valientes y humildes como fue San Juan Bautista, revivamos hoy también nuestro BAUTISMO. Ven Espíritu Santo y derrama el Fuego de Tu Amor.
El compartir el pan eucarístico con los hermanos de la comunidad eclesial nos impulsa a convertir “con prontitud” el amor de Cristo en generoso servicio a los hermanos. Benedicto XVI (Mensaje, 27 de enero).
Concha Puig
Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,1-12):
Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.» Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»» Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán. Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»