Al final, ¿por qué los paisanos de Jesús no lo reconocen y no creen en Él? ¿Por qué? ¿Cuál es el motivo? Podemos decir, en pocas palabras, que no aceptan el escándalo de la Encarnación .y sienten que es escandaloso que la inmensidad de Dios se revele en la pequeñez de nuestra carne, que el Hijo de Dios sea el hijo del carpintero, que la divinidad se esconda en la humanidad, que Dios habite en el rostro, en las palabras, en los gestos de un simple hombre. He aquí el escándalo: la encarnación de Dios, su concreción, su “cotidianidad”. Y Dios se ha hecho concreto en un hombre, Jesús de Nazaret, se ha hecho compañero de camino, se ha hecho uno de nosotros. “Tú eres uno de nosotros”: decirlo a Jesús, ¡es una bonita oración! Y porque es uno de nosotros nos entiende, nos acompaña, nos perdona, nos ama mucho. En realidad, es más cómodo un dios abstracto, distante, que no se entromete en las situaciones y que acepta una fe lejana de la vida, de los problemas, de la sociedad. O nos gusta creer en un dios “de efectos especiales”, que hace solo cosas excepcionales y da siempre grandes emociones. Sin embargo, queridos hermanos y hermanas, Dios se ha encarnado: Dios es humilde, Dios es tierno, Dios está escondido, se hace cercano a nosotros habitando la normalidad de nuestra vida cotidiana. Y entonces, a nosotros nos sucede como a los paisanos de Jesús, corremos el riesgo de que, cuando pase, no lo reconozcamos.
Evangelio según San Mateo 14, 22-36 Después que la gente se hubo saciado, Jesús apremió a sus discípulos a que subieran a la barca y se le adelantaran a la otra orilla, mientras él despedía a la gente. Y, después de despedir a la gente, subió al monte a solas para orar. Por la noche, estaba allí solo. Mientras tanto, la barca iba ya muy lejos de tierra, sacudida por las olas, porque el viento era contrario. De madrugada se les acercó Jesús, andando sobre el agua. Los discípulos, viéndole andar sobre el agua, se asustaron y gritaron de miedo, pensando que era un fantasma. Jesús les dijo en seguida: ¡Ánimo, soy yo, no tengáis miedo! Pedro le contestó: «Señor, si eres tú, mándame ir hacia ti andando sobre el agua.» Él le dijo: Ven. Pedro bajó de la barca y echó a andar sobre el agua, acercándose a Jesús; pero, al sentir la fuerza del viento, le entró miedo, empezó a hundirse y gritó: «Señor, sálvame.» En seguida Jesús extendió la mano, lo agarró y le dijo: ¡Qué poca fe! ¿Por qué has dudado?» En cuanto subieron a la barca, amainó el viento. Los de la barca se postraron ante él, diciendo: Realmente eres Hijo de Dios. Terminada la travesía, llegaron a tierra en Genesaret. Y los hombres de aquel lugar, apenas lo reconocieron, pregonaron la noticia por toda aquella comarca y trajeron donde él a todos los enfermos. Le pedían tocar siquiera la orla de su manto, y cuantos la tocaron quedaron curados.
PALABRAS DEL SANTO PADRE:
Esta historia es una invitación a abandonarnos con confianza en Dios en todo momento de nuestra vida, especialmente en el momento de la prueba y la turbación. Cuando sentimos fuerte la duda y el miedo parece que nos hundimos, en los momentos difíciles de la vida, donde todo se vuelve oscuro, no tenemos que avergonzarnos de gritar, como Pedro: «¡Señor, sálvame!» ( v. 30). Llamar al corazón de Dios, al corazón de Jesús: «¡Señor, sálvame!». ¡Es una bonita oración! Podemos repetirla muchas veces: «¡Señor, sálvame!». Y el gesto de Jesús, que enseguida tiende su mano y agarra la de su amigo, debe ser contemplado durante mucho tiempo: Jesús es esto, Jesús hace esto, Jesús es la mano del Padre que nunca nos abandona; la mano fuerte y fiel del Padre, que quiere siempre y solo nuestro bien.
Este primer jueves de mes no tendremos acto en la Cripta de la Catedral, debido a varias actividades que tendrán lugar para los jóvenes que pasan por Madrid para ir a la JMJ de Lisboa.
Seguimos como siempre en las Carboneras, en Gómez Ulla y en Pozuelo, para más información no dudes en contactarnos.
La misa es el mismo y el único Sacrificio de Cristo, revivido y celebrado constantemente en la iglesia, por orden y mandato del mismo Cristo, “hasta que Él venga ” (1 Cor 11,26). Cada vez que celebramos la Santa Misa, hacemos presente hoy el triunfo de Cristo en la Cruz al resucitar. Lo esencial de la misa consiste en la conversión del pan y del vino en el Cuerpo y en la Sangre de Cristo. ¿Cuál es su importancia? Su importancia radica en que en ella recibimos el pan de vida, primero en su palabra que conduce a la vida eterna, sobre todo a los que creen en ella, y segundo que recibimos el Cuerpo y la Sangre de Cristo dado como comida y bebida. En la Santa Misa se celebra el Misterio Pascual, que nos recuerda la Pasión, Muerte en la Cruz y Resurrección de Nuestro Señor Jesucristo.
Tiene 4 fines:
Latréutico : Para dar a Dios el culto supremo de adoración.
Eucarístico : Para agradecer todos sus inmensos beneficios..
Propiciatorio : Para satisfacción por todos nuestros pecados y ofrecerle sufragio por las almas del purgatorio.
Impetratorio : Para alcanzar las gracias que nos son necesarias.
Se divide en 4 momentos:
Ritos Iniciales
Liturgia de la Palabra
Liturgia Eucarística
Ritos Finales o de Despedida
Nuestra Iglesia es rica en símbolos, gestos, posturas y signos, y en cada momento de la Santa Misa los ponemos en práctica, por lo que también se subdividen en partes, cada una de las cuales tiene su significado.
La parábola utiliza la imagen del grano de mostaza. Si bien es el más pequeño de todas las semillas está lleno de vida y crece hasta volverse ‘más grande que todas las plantas de huerto’. Así es el reino de Dios: una realidad humanamente pequeña y aparentemente irrelevante. Para entrar a ser parte es necesario ser pobres en el corazón; no confiarse en las propias capacidades sino en la potencia del amor de Dios; no actuar para ser importantes a los ojos de mundo, sino preciosos a los ojos de Dios, que tiene predilección por simples y los humildes. Cuando vivimos así, a través de nosotros irrumpe la fuerza de Cristo y transforma lo que es pequeño y modesto en una realidad que hace fermentar a toda la masa del mundo y de la historia.
Una niña y cuánta sabiduría santa… Como cuesta a veces soportar nuestras imperfecciones. HUMILLARSE ayúdame ayúdanos!!!
“Si, basta con humillarse, con soportar serenamente las propias imperfecciones. ¡He ahí la verdadera santidad!” Santa Teresita del Niño Jesús (carta nº 243 a sor Genoveva, 7 de junio de 1897)
Que alegría cuando me dijeron… vamos a nuestro encuentro semanal alrededor del Altar, para el Espíritu no hay distancias, Dios nos une en su AMOR y desde su Corazón nos amamos más…crecemos en Caridad y humildad, por y para el hermano…
Debemos aprender de los felices caminantes de Emaús. Una de las dificultades de la oración ante el Sagrario, es no acabar de darnos cuenta de que Jesús está allí, vivo y personalmente. ¡Se repite tanto en el sagrario la escena de Emaús, de estar con Jesús sin darnos cuenta de que Él está con nosotros! ¡Cuánto debemos aprender de los felices caminantes de Emaús, para llegar a sentir arder el corazón oyéndolo y reconocer a nuestro huésped Jesús al partir el pan!
San Manuel González Qué hace y qué dice el Corazón de Jesús en el sagrario
Oh buen Jesús, dame la sensibilidad de los discípulos de Emaús para sentirte, para arder, para aprender de ti, para sentirme plenamente realizado y sea capaz de levantarme y ponerme en marcha. Gracias, Jesús, gracias eternamente. CUANTO ME AMAS, NOS AMAS
Evangelio:
En aquel tiempo, dijo Jesús a la gente: «El reino de los cielos se parece a un tesoro escondido en el campo: el que lo encuentra lo vuelve a esconder y, lleno de alegría, va a vender todo lo que tiene y compra el campo. El reino de los cielos se parece también a un comerciante en perlas finas que, al encontrar una de gran valor, se va a vender todo lo que tiene y la compra. El reino de los cielos se parece también a la red que echan en el mar y recoge toda clase de peces: cuando está llena, la arrastran a la orilla, se sientan, y reúnen los buenos en cestos y los malos los tiran. Lo mismo sucederá al final del tiempo: saldrán los ángeles, separarán a los malos de los buenos y los echarán al horno encendido. Allí será el llanto y el rechinar de dientes. ¿Entendéis bien todo esto?» Ellos le contestaron: «Sí.» Él les dijo: «Ya veis, un escriba que entiende del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando del arca lo nuevo y lo antiguo.»
Señor mío y Dios mío, concédeme la gracia de encontrar el tesoro de tu Palabra para hacer crecer tu Reino en mi corazón. Vengo ante ti para mostrarte mi pobreza y para pedirte que concedas lo que más necesito para serte fiel, para amarte más y para llevarte a los demás. Concédeme una fe inquebrantable y una confianza que me haga esperarlo todo de ti, mi único Bien. Jesus manso y humilde de Corazón, haz mi corazón semejante al tuyo.
Deseamos llevarnos lo único que podemos tener después de la muerte: nuestras buenas obras y el amor con que hemos vivido y que hemos transmitido a los demás.
Al final del día haz un breve balance para ver en qué cosas ha buscado a Dios y en cuáles te has buscado a mí mismo.
Puedes rezar hoy con esta oración: “Oh sacratísimo Corazón de Jesús que estás inflamado de amor por mí, concédeme abrirte mi corazón para que lo enciendas de amor por ti. Ayúdame, Señor, a valorar mi vida de cara a la eternidad, para que así no pueda menos que trabajar por tu gloria y buscar las cosas del cielo, donde me tienes un lugar que me has ganado por tu pasión, muerte y resurrección. Quiero encontrarte, Señor, sé Tú mi tesoro por el cual venda todo mi pecado a cambio de tu gracia. Quiero poseerte, se Tú mi piedra preciosa, mi pesca milagrosa y el puerto seguro al que me lleve tu mano amorosa para gozar de ti por toda la eternidad.” Amen
Que alegría cuando me dijeron vamos a nuestra cita semanal alrededor del Altar.. estamos cansados, tenemos calor, bendito seas Señor¡ como decía mi madre: a partir de una edad como no te duela algo, ya no estás en este mundo …. cada uno te decimos: Mi Jesús amado presente en la Eucaristía, me conmueve profundamente Tu humildad, vengo a Adorarte con toda la fuerza y el Amor de mi pobre corazón quiero estar muy unido a Ti en este instante tan importante de la Sta. Misa. Deja que te acompañe en este momento y por toda mi existencia, quiero descansar en Ti, en tu misericordia en Tú Amor. Eres mi fuerza, mi paz y mi todo. Que mi mirada sea como la tuya, llena de ternura, de amor, comprensión y misericordia para que siempre lleve Tu paz, Tu amor, Tu serenidad y Tu alegría a todos amen. Con nuestra Madre, S. José y nuestro Ángel Custodio. Gracias y perdón.
Concha Puig
Evangelio según San Mateo 11, 25-30 En aquel tiempo, exclamó Jesús: «Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a la gente sencilla. Sí, Padre, así te ha parecido mejor. Todo me lo ha entregado mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis vuestro descanso. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.» GLORIA A TI SEÑOR
Evangelio según San Mateo 8, 23-27 En aquel tiempo, subió Jesús a la barca, y sus discípulos lo siguieron. De pronto, se levantó un temporal tan fuerte que la barca desaparecía entre las olas; él dormía. Se acercaron los discípulos y lo despertaron, gritándole: «¡Señor, sálvanos, que nos hundimos!» Él les dijo: ¡Cobardes! ¡Qué poca fe! Se puso en pie, increpó a los vientos y al lago, y vino una gran calma. Ellos se preguntaban admirados: «¿Quién es éste? ¡Hasta el viento y el agua le obedecen!» Gloria a Ti Señor 🙏🏻
La situación que se da sobre el barco es el miedo. Cuando hay una gran agitación en el mar, el barco se cubría por las olas. “¡Sálvanos, Señor, que estamos perdidos!” (Mt 8, 25), dicen. ¡El miedo! Incluso aquella es una tentación del diablo: tener miedo de avanzar en el camino del Señor. Hay una tentación que dice que es mejor quedarse aquí, donde estoy seguro. Pero esto es el Egipto de la esclavitud. Tengo miedo de seguir adelante, tengo miedo de ir hacia donde me llevará el Señor. El temor, sin embargo, no es un buen consejero. Jesús muchas veces, ha dicho: ¡No tengáis miedo! El miedo no nos ayuda. Como decía San Josemaria traduciendo una frase de San Juan: «quid autem timet, non est perfectus in Caritate»: Quien tiene miedo, no sabe amar. (Cfr. Forja 260). Cristo nos acompaña y su sola presencia y nuestra oración nos darán la fuerza para llegar a ser felices.
Jesús, desde hoy quiero vivir viendo más allá de lo que veo. Sé qué dificultades siempre he de tener y que me enfrentaré con tormentas y con baches en el camino. Pero Tú vas a mi lado.
2. En el episodio de la tempestad calmada (Cf., Mt 8, 23-27), ante el peligro inminente de un naufragio, los discípulos desesperados despertaron a Jesús que dormía en la barca y le dijeron: “¡Señor, sálvanos, que perecemos!” (Mt 8, 25); Jesús les dice: “¿Por qué tenéis miedo, hombres de poca fe? Entonces se levantó, increpó a los vientos y al mar, y sobrevino una gran calma” (Mt 8, 26). En el Sermón de la Montaña, Jesús nos invita a confiar en la providencia divina, nos exhorta a no andar preocupados o angustiados, pues si Dios viste a los lirios del campo y alimenta a las aves del cielo, con mayor razón proveerá lo necesario para nosotros (Cf., Mt 6, 25-34): “si la hierba del campo, que hoy es y mañana se echa al horno, Dios así la viste, ¿no lo hará mucho más con vosotros, hombres de poca fe” (Mt 6, 30). Jesús nos dice que “Todo es posible para el que cree” (Jn 9, 23). Para el Evangelio de Juan lo que decide el destino final del hombre (salvación o condenación) es la fe o la incredulidad. El que no cree se auto juzga y auto condena. El pecado de los hombres es la incredulidad y el desamor, lo primero conlleva a lo segundo. El evangelista Juan destaca que “Dios no ha enviado a su Hijo al mundo para juzgar al mundo, sino para que el mundo se salve por Él. El que cree en Él, no será juzgado; pero el que no cree, ya está juzgado, porque no ha creído en el Nombre del Hijo único de Dios” (Jn 3, 17-18). Nuestra confianza debe estar siempre puesta en el Señor, Él es nuestro verdadero refugio y fortaleza, con Él todo lo podemos, como bien dice el apóstol Pablo: “Todo lo puedo en Aquél que me conforta” (Flp 4, 13). De ahí que, cuando sintamos que nuestra fe tambalea, como los discípulos dirijamos nuestra súplica diciéndole: “Señor, auméntanos la fe” (Lc 17, 5).
Dame, Señor, la fe necesaria y la voluntad para resistir en el barco aunque éste se tambalee de aquí a allá.
Señor mío y Dios mío… Te presento todo mi ser…Todo eso que bulle en mí por Tú causa… porque Tú causa es la única causa de mi movimiento interior, ya solo me muevo a impulsos de acercarme a Ti… Todo lo que no seas Tú solo tiene valor en relación contigo… Señor mío y Dios mío, creo en Ti y te amo… Señor mío y Dios mío, todo lo tuyo me lleva a Ti… Señor mío y Dios mío, mete mi mano en la realidad concreta que Tú me concedes para encontrarte…. Haz que te vea y te ame en esta realidad concreta que Tú me concedes para encontrarte, en la Tú quieres que esté yo presente. Hazme amar esa Cruz de amar cada día aquello que yo no amo y que Tú quieres que amé como se ama Tú Voluntad. Envía sobre mí Tú Espíritu y hazme morir a aquello que te impide habitar en mi y manifestar que estás vivo… Concédeme amar Tú Voluntad, estar ante Ti, callar y esperar, postrarme ante Ti y que todo mi ser esté presente en Amor y Adoración plena…!!!! Rosario Aguilar