Orar con santa Teresa de Jesús

“Nada te turbestateresa
Nada te espante,
Todo se pasa,
Dios no se muda.
La paciencia
Todo lo alcanza;
Quien a Dios tiene
Nada le falta:
Sólo Dios basta”


“Hacer oración es tratar muchas veces, con AQUEL que sabemos nos AMA”

“Orar es tratar de amistad con Dios” ( oración-amistad-diálogo)

Por Conchita Jaraíz

Te invito a algo tan sencillo como vivir la amistad con Jesús y cultivarla en el silencio, en el encuentro personal… en la oración.

Orar es acogerle. Él va siempre delante, buscando, llamando, pidiendo. A esa compañía  nos invita Teresa de Jesús. A buscar el encuentro. Pero ese encuentro no puede ser Efectivo si no es Afectivo. Dios no es Alguien para ser pensado, sino para ser AMADO. Orar es dejarse amar por Dios y dejarse regalar por Él. Confiar en Él: “Fíe de la bondad de Dios, que es mayor que todos los males que podemos hacer”.  La oración es abrirle la puerta de nuestra alma: “Mira que estoy a la puerta de tu corazón y te llamo…”

Como toda amistad, necesita algunas condiciones para que dure, que se haga más fuerte. Para llegar a ser orante necesitas cuidar:

  • Tus relaciones con los demás: respeto, amor, solidaridad, perdón…
  • Tu relación contigo.
  • Tu relación con Jesús.

Y algo más: “determinada determinación”. Sólo si comienzas con decisión y entusiasmo, sin importarte las dificultades (que llegarán), con constancia, encontrarás los frutos duraderos de la amistad con Jesús.

Dios desciende para encontrarse con nosotros, Él nos busca. “Somos buscadores de un Dios que nos busca”.

El centro de nuestra oración es la persona de Jesús. No importa cómo hayas entrado, la clave está en permanecer a su lado, dejarte mirar, escucharle, acoger su luz para conocerle a Él, penetrar en su misterio desde tu propio corazón y dejarte envolver por su presencia.

Estate allí, acallado el entendimiento, mira que te mira, acompáñale y habla y pide y regálate con Él. Pídele que aciertes a contentarle siempre, porque de Él te ha venido todo bien”

Es tiempo de recibir el don de Dios, de dejarle a Él la iniciativa para obrar, momento también de responder: una palabra, un gesto, un sentimiento, una petición. Sobre todo, tiempo de reconocer y agradecer -¡su amor hace obras grandes!-, tiempo de pedir conocer su voluntad, cómo te sueña Dios en tu vida concreta.

Mírale y pregúntale: “Señor, ¿Qué quieres de mi?”

Con frecuencia, la oración será tiempo de paz, de alegría interior, de luz… pero no siempre. Tu momento personal, tu situación, el cuestionamiento que encuentras en la oración… hacen que los sentimientos  que nacen en la oración sean siempre distintos.

No evalúes por esto tu oración. Lo importante es que se produzca el encuentro, que tu actitud sea de atención amorosa y escucha. Recoge las luces que hayas recibido, agradece la presencia del Señor y su amor, la sientas o no. La oración es cuestión de fe, de tiempo, de constancia… y de compromiso.

Mira hacia fuera, ¿acaso no empiezas a verlo todo de otra manera? Los demás, la vida de cada día, lo que sucede en el mundo tiene ya otros colores, colores de esperanza y de amor.

La oración deja huella en nuestro interior, “deja dejos”. No se trata de tener muy buenos deseos, ni de hacer eso que llaman “buenos propósitos”. La oración, como la amistad, es sobretodo un DON, un regalo que, acogido desde el corazón, va haciendo crecer  algo nuevo, nos cambia. Y eso se nota por fuera, son esos “dejos confirmados con obras”.

Todos los sentimientos que puedan surgir en la oración tienen una importancia relativa. Lo fundamental es que esa obra de Jesús en ti, unida a tu respuesta, se va reflejando en otro modo de estar y actuar en la vida con otros valores, otros criterios, otros sentimientos profundos. Él nos ama sin medida ni condiciones. Amarle no es cosa de palabras bonitas, “sino servir con justicia y fortaleza y humildad”.

Con tan buen amigo presente, Jesús, con tan buen capitán, todo se puede sufrir y conseguir. Él ayuda y da esfuerzo, nunca falta, es AMIGO verdadero.

Para hacer oración es necesario: la sinceridad, la paciencia, la sencillez, la humildad.

La humildad es propia de las almas fuertes y un alma fuerte es dulce y misericordiosa.

 

Mira a Cristo, en una cruz, en el Sagrario y AMALE Y DÉJATE AMAR POR ÉL.

Acompáñale, te espera….

 

Y también como dice nuestra Santa Teresa de Jesús : “La oración es un impulso del corazón, una sencilla mirada al cielo, un grito de agradecimiento y de amor tanto en las penas como en las alegrías.”

Conchita Jaraíz (Encuentro de jóvenes de Amistad en Cristo. 16-10-2015)

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