El Sagrado Corazón de Jesús: un Corazón de Amigo

Artículo original, por Beatriz Azañedo.

Hace un par de meses estuve en una conferencia en la que me hablaron del Corazón de Jesús. Santo Tomás de Aquino decía que Jesús tenía (y tiene) un corazón humano, un corazón de carne, con todas las virtudes y pasiones ordenadas, y eso me dio mucho que pensar.

Tener un corazón humano implica sensibilidad, sufrimiento, amor… en resumen: ser hombre y todo lo que conlleva. ¿Y Dios, el Creador, nuestro Padre, fue hombre? Pensarlo me conmociona. Sigue leyendo

Las vidrieras del alma

Artículo original, por Beatriz Azañedo

No sé si alguna vez habréis tenido la oportunidad de entrar en una catedral, si no es así, os lo recomiendo.

Estos días pasados he tenido la suerte de ir a Toledo, y de conocer su grandiosa catedral gótica. Al entrar, uno no sabe dónde fijar su mirada, ya que todo resulta fascinante y admirable. Los colores, los altos pilares, la luz…Todo provocaba en mí una sensación pocas veces experimentada. Parecía que el mundo se paraba y que entrabas en una realidad paralela, de aquí que a las catedrales se las considere un microuniverso, un espacio diferenciado de la realidad. Esto es lo que provoca el arte: a través de la belleza que percibimos por los sentidos, elevar todo nuestro ser hacia lo eterno, lo sobrenatural. Sigue leyendo

El arzobispo de Toledo preside una misa de desagravio por la profanación en Ocaña

Ya hay fecha para la misa de reparación por la profanación de la que ha sido víctima la parroquia de Santa María de la Asunción de Ocaña. Será este viernes a las 20.00 y será presidida por el arzobispo de Toledo, don Braulio Rodríguez en la misma iglesia profanada.

El párroco ya habló de la necesidad de un acto desagravio desde el mismo momento en el que descubrió cómo un grupo de personas aún sin identificar entro en el templo parroquial provocando destrozos, robando distintos ornamentos y sobre todo profanasen el Sagrario llevándose Sagradas Formas consagradas.

Concretamente, los asaltantes se llevaron un copón del que previamente arrojaron al suelo las hostias consagradas mientras que por otro lado sustrajeron un virial y una pequeña custodia que también estaban en el Sagrario y que sí tenían formas grandes igualmente consagradas.

Se espera una asistencia masiva a esta misa de reparación pues este suceso ha causado gran conmoción en esta localidad toledana en la que existe una gran religiosidad.

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Al menos tú, ámame

Avai_AFCIAA5vqfUno de los mensajes más importantes de la devoción al Sagrado Corazón de Jesús es el de la reparación de las ofensas infligidas a Su amor por nuestros pecados y por los pecados del mundo entero. Nuestra cultura se ha alejado de esta noción de reparación porque ha perdido el sentido del pecado y hemos perdido sensibilidad ante la noción de reparación. Se repara algo que se ha destruido: se repara una casa en ruinas, un aparato que no funciona, una relación humana que se ha deteriorado. Quien repara quiere reconstruir aquello que se ha dañado.

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¡Venga tu Reino!

Cristo Rey - 003bQueridos en Cristo, les envío una reflexión: santa y feliz fiesta de Cristo Rey. Afectísimo en Cristo, P. Pedro Barrajon, lc.

¡Venga tu Reino!

En el Evangelio de San Lucas se nos relata que los fariseos le preguntaron al Señor cuándo habría de llegar el Reino de Dios (Lc 17, 20). En la época de Jesús había una gran inquietud entre los judíos religiosos sobre el tiempo de la manifestación del Reino de Dios y de la llegada del Mesías. Por eso Jesús comienza su predicación proclamando: “El Reino de los cielos está ya cercano. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15). La respuesta de Jesús a los fariseos es un poco enigmática. Les dice: “El Reino de Dios no vendrá con una manifestación aparatosa. Y podrán decir: ‘aquí está’ o ‘está allá’, porque el Reino de los cielos está entre vosotros” (Lc 17, 20-21). Esta respuesta de Jesús a la inquietud de los fariseos sobre cuándo y cómo llega el Reino de Dios, nos ayuda también a comprender cómo el Señor se nos manifiesta tanto en la Iglesia como a nuestro corazón en la oración.

También quisiéramos nosotros que hubiera una manifestación visible, aparatosa, emocional del Señor a nuestra alma en la oración o al mundo a través de grandes signos. Vamos buscando a veces eventos internos o externos llamativos, extraordinarios. Y sin embargo normalmente Dios no se manifiesta a las almas con esos signos, como no se manifestó a Elías en el monte Horeb ni en el fuego, ni en el terremoto ni en el viento impetuoso, sino en la brisa ligera de la tarde (1 Re 17, 12). En la oración, a veces árida, de todos los días, en las luchas cotidianas por ser fieles, por estar unidos al Señor por la gracia y vivir en caridad con nuestros hermanos ahí se manifiesta el Señor.

Jesús dice que el Reino de Dios está entre nosotros. Seguramente era una clara referencia a su propia persona en la que se manifiesta el Reino en todo su poder y esplendor. También hay otra traducción posible: “El Reino de Dios está dentro de vosotros”. San Agustín hablaba de un Maestro interior que enseña las grandes verdades dentro del alma y que en el interior del corazón habita la verdad. La oración es encontrar dentro a Cristo de nosotros, a Él que se presenta como Rey de nuestro corazón, como Aquél que profundamente anhela nuestro ser porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida. Él mora dentro del corazón del hombre por la gracia y por el Espíritu Santo que nos ha sido dado. Él está ahí esperándonos en el tabernáculo de nuestra conciencia para revelarnos las verdades del Reino, para decirnos quién es Él, cuán grande es el amor que nos tiene y para decirnos también quiénes somos nosotros, cuál nuestra vocación y nuestro destino.

Cada vez que en el Padre Nuestro rezamos la invocación: “¡Venga tu Reino!” estamos pidiendo que este Reino de amor, de paz, de gracia y de verdad venga al mundo. Y cuánta necesidad tiene el mundo de este Reino. “Ven Señor al mundo, Tú que eres el Rey del universo. Ven, Señor, a mi corazón, tú que eres también su Rey y su dueño. Ejerce tu señorío de amor y bondad sobre mí para que yo pueda ser como Tú, para que pueda yo, con mi pobre vida y oración hacer que tu Reino se extienda en el mundo, en el corazón, en la sociedad, en las familias”.

El Reino de Dios está dentro de nosotros. El Señor, a través del Espíritu Santo, mora en nosotros. Y nosotros somos su templo. En el diálogo de cada día con el Señor en la oración nos vamos haciendo cada vez más semejantes a Él, nos vamos cristificando; nuestro corazón va siendo manso y humilde como el suyo, nuestra alma más pura, nuestro espíritu más pacífico y fuerte. Sin grandes manifestaciones su presencia nos transforma, nos llena del dinamismo del Espíritu Santo y nos transforma en apóstoles convencidos y valientes de Su Reino: “¡Cristo Rey nuestro! ¡Venga tu Reino!”.

¿Cómo rezar el Rosario?

Queridos en Cristo, os paso una reflexión sobre la oración del Rosario. Bendiciones. P. Pedro B. lc.

20151013121719¿Cómo rezar el Rosario?

Octubre no sólo es el mes de las misiones, es también el mes del Rosario. El día 7 de octubre se celebra la fiesta de Nuestra Señora del Rosario en conmemoración de la victoria de las tropas cristianas en 1571 en Lepanto contra el ejército turco. El Papa dominico Pío V, en agradecimiento a la intercesión de María, instituyó la fiesta de Nuestra Señora de las Victorias, que su sucesor, Gregorio XIII, cambió en Nuestra Señora del Rosario. Muchos cristianos, desde Santo Domingo, el beato Alán de Rupe y otros muchos santos y Papas, rezan con frecuencia esta oración devocional a la Virgen María. Pero también muchos se preguntan cuál es el mejor modo de rezar esta oración en la que se usan las palabras del saludo angélico a la Virgen María: “Dios te salve, María, llena eres de gracia, el Señor es contigo”, las palabras de Isabel en el encuentro con María: “Bendita tú entre todas las mujeres y bendito el fruto de tu vientre”, y se la invoca como Madre de Dios, -reconociendo así la divinidad de su Hijo- y se le pide ayuda para el preciso momento del rezo de la oración (“ahora”) y para la hora de la muerte, recordando además la condición de fragilidad y de necesidad radical de ayuda del orante (“ruega por nosotros, pecadores”).

¿He de concentrarme en cada palabra que recito, sea del Ave María, del Padre Nuestro o del Gloria? ¿He de meditar los misterios o pensar en las personas por las que rezo o en las intenciones que llevo en el corazón? No hay una única respuesta porque cada persona puede y debe encontrar el método que más le ayude a unirse a Dios a través de María.

Más que señalar un único método, San Juan Pablo II ha recordado que el Rosario es “una oración contemplativa” (Rosarium Virginis Mariae, 12), que exige un ritmo tranquilo para favorecer la meditación orante de los misterios. Podemos decir que ya el disponerse a rezar el Rosario nos ayuda a encontrar paz y calma en el corazón, en medio de tantas agitaciones de la vida cotidiana. Rezar el Rosario nos cambia el ritmo, tantas veces frenético, con que vivimos nuestra vida y nos sumerge en un ritmo diverso, en el que la misma repetición de las Aves Marías, nos va poco a poco haciendo penetrar en ese otro mundo de Dios en el que reina la serenidad, la confianza, la gratuidad y la esperanza. Y todo esto se hace junto a María, orando con Ella y a través de su Corazón. Podemos decir que el Rosario nos ayuda a contemplar a Dios y las necesidades del mundo a través del Corazón Inmaculado de María y, a través de Ella, a identificarse más profundamente el Corazón de Cristo, cuyos misterios se meditan y se recuerdan.

A mucha gente que no reza el Rosario le parece que es muy aburrido, por la repetición de la misma oración, que provocará además distracciones de la mente y el irrumpir confuso de otros pensamientos. Pero el Rosario, como toda experiencia verdaderamente espiritual, hay que experimentarlo, hay que comenzarlo a rezar para irlo saboreando cada más y más. El que lo experimenta no sólo podrá ir encontrando el propio método para rezarlo, sino que irá poniendo en su vida un toque mariano que le hará más sencilla, más profunda, más atrayente, más sabrosa su oración. San Juan Pablo II decía que el Rosario era su oración preferida. Cada uno de nosotros podrá tener la suya, pero no cabe duda de que el Rosario es una fuente incalculable de gracias para la Iglesia y para quienes lo recitan.

Estando en este tiempo de gracia que es el Sínodo de Obispos que reflexiona sobre la familia cristiana, es bueno recordar que el Rosario es una oración de la familia y para la familia. El Rosario debería ser el arma secreta de victoria contras las insidias que acechan a la familia cristiana; debería ser también el canal de paz y de esperanza que, de las familias, se vierta en la Iglesia y en el mundo; debería crear cenáculos familiares que favorezcan en los hogares la experiencia de Pentecostés, donde estaba los discípulos del Señor, reunidos como familia, bajo la fuerza materna y espiritual de María. Todas éstas son válidas razones para seguir rezando con fervor el Rosario y, si podemos, en familia.