Una pequeña meditación sobre el Adviento

Mis queridos amigos, amigas en Cristo:

Una pequeña meditación sobre el Adviento. Vamos a prepararnos ya, para vivirlo con ese amor como María vivió esa espera Sagrada, Ella el primer Sagrario que nos regala a su HIJO AMADO. Preparemos nuestro pobre corazón para recibirlo con todo el amor que podamos y así llevarlo a los que están a nuestro lado, ese será nuestro regalo silencioso que desde el alma daremos a nuestros esposo@, hijos, nietos, nueras, yernos, hermanos, hermanas, etc… Desde esta familia que es Amistad en Cristo con María, nos unimos con la fuerza de la oración para preparar nuestra personal cesta de Navidad, hecha con alegría, esperanza, humildad y mucho AMOR.

María, la Llena de Gracia, se alegra porque Dios la prepara para la Maternidad Divina. La gracia es fuente de alegría y la verdadera alegría viene de Dios, como la vivió la Virgen y muchos santos, sin olvidar a San José Custodio de la Sagrada Familia. María no tiene ningún titulo humano, nada, es más, es de Nazaret, aldea que no tenia muy buena fama como dice Natanael en el Evangelio de San Juan: “DE NAZARET PUEDE SALIR ALGO BUENO?” Dios va al corazón, no a los títulos y sabios, no lo olvidemos… El título de María como dice Lumen Gentium: ”Estaba enriquecida desde el primer instante de su concepción con una resplandeciente santidad del todo singular”.

La mujer vestida de Sol estaba preparada para ser la Madre del Hijo de Dios Hecho Hombre. En María brilla su belleza espiritual y su íntima participación en la obra de la Redención. María fue concebida sin pecado, como dice S. Juan Pablo II: la mancha que mejor se quita es la que no cala, pues para ser madre de un Hijo completamente santo exigía una pureza total y una santidad extraordinaria.”

Dice San Agustín: “Jesús hace de María, un anuncio de la Misericordia de Dios que se extiende a todos los hombres. Es la sonrisa de Dios”. La grandeza de la Madre del Señor es un don del AMOR DE DIOS A TODOS NOSOTROS, qué maravilla, llevemos esa sonrisa a nuestros hermanos, ¡contagiemos la grandeza de la Navidad! Hay que destacar algo muy importante y repetirlo, meditarlo para imitarlo: SU HUMILDAD, SU ACEPTACIÓN Y ABANDONO A LA VOLUNTAD DEL PADRE. La figura de María nos recuerda a la mujeres de hoy, el valor de la MATERNIDAD tan en desuso y atacado en algunos sectores. Vivamos este tiempo de Adviento, sembrando en nuestra alma, rumiando el gran acontecimiento de quien viene a unirse a todos los hombres, derramando abundantes gracias. Que la NAVIDAD, sea un tiempo para ir muriendo a nosotros mismos, a nuestros apegos desordenados, egoístas, vicios, miserias humanas, comodidades exageradas, que nos impiden crecer espiritualmente y así nacer con Jesús y ser hombres nuevos. Jesús, María y José, nuestros corazones, nuestros hogares están abiertos de par en par para recibirte con TODO NUESTRO AMOR, ESPERANZA, HUMILDAD Y ALEGRÍA! ¡VEN, SEÑOR JESÚS, VEN!

Os deseo de todo corazón ¡FELIZ NAVIDAD y un próspero AÑO NUEVO!

Concha Puig Eyre

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