Amor infinito

Viernes Santo 2019. Una capilla. Él, en el Tabernáculo, en un Copón. Una, en el último banco.

De repente, a oscuras. Cuchicheos tras el altar. Tres hombres de clergyman por el pasillo central hacia la puerta de salida.

Dentro de mi cabeza una frase de unos ejercicios espirituales, en una preciosa larga Adoración Eucarística: “Él, nunca sólo”.

Ahora yo sola con Él. Todo para mí. ¡Un placer sublime!

A mi lado, en el banco, una hoja de cantos para el Vía Crucis.

Primera canción, dulce, muy suave, sólo para Él.

Solos Él y yo. Yo toda suya, Él mi gran compañía.

Dos canciones, tres… cada vez con más amor, cada vez más unidos. Plenitud suprema. Increíble y cierto.

Una señora, otras más. Silencio.

Un sentimiento profundo e inmenso: AMOR.

Propiedad del número infinito

infinito : cualquier número distinto de cero = infinito

Los sacerdotes de nuevo en la iglesia.

¿El tiempo, las horas? Un minuto, dos horas, cinco horas… Inexistente para mí aquel día.

La proximidad de un oficio. Mucha gente.

Primero, tristeza en mi corazón. Compartir el AMOR.

Luego, gran júbilo: ¡la propiedad del número infinito! ¡El Amor Infinito del Omnipotente para todos y cada uno de nosotros!

No a la inteligencia, a la razón; sí al corazón, a la fe, a la confianza en el abandono total a la voluntad del Buen Dios, del amor inconmensurable para todos y cada uno de nosotros.

Elena Gómez Rebollo
De Amistad en Cristo con María

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