El relativismo, veneno de nuestra sociedad

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

Hay preguntas existenciales que están en el corazón de todos; a lo largo de la historia el hombre se pregunta acerca de los grandes temas que ocupan una preocupación en nuestro corazón: el sentido de la vida, la belleza, la felicidad, el bien, la muerte, el amor, la búsqueda de la verdad… Y cómo las respuestas a todas estas preguntas están en Dios porque Él es la Verdad.

Con frases que estaremos muy acostumbrados a escuchar, del estilo: “es que es mi verdad, no la tuya”, “es que yo lo veo así”, “es que es mi realidad”, podemos tener grandes dudas sobre si verdaderamente el hombre actual está en esa búsqueda de la verdad o ha decidido retirarse de la lucha. Por no hablar de la cantidad de “fake-news” que nos llegan… nos podemos preguntar seriamente si en el siglo XXI hay alguien que busque la Verdad. O que reconozca por lo menos que la verdad existe y que es posible conocer su belleza.

El problema de base es creer que no existe una única realidad fuera de nosotros, sino que hay más de una y es nuestro pensamiento el que la crea. Ponemos por delante nuestro pensamiento, como si este fuera previo a la realidad y el que la configura. Cuando es al revés: la realidad está ahí fuera y somos nosotros quienes la pensamos. Si fuera al contrario, nos crearíamos una realidad ficticia en la que todo podría ser posible: yo pienso la realidad y por la tanto “la configuro”, la modifico según mi interés. La consecuencia de esto son las miradas parciales, y así desaparece la verdad.

No reconozco que la realidad es un Don, es un regalo que Alguien ha puesto a mi disposición para que sea ahí donde busque la verdad, donde busque a su Creador.

Jesucristo, “luz de los pueblos”, ilumina el rostro de su Iglesia.

MC 16, 15 

Porque es en la realidad donde se da nuestro encuentro con Dios, en los sacramentos y en el amor al prójimo.

Aceptar que hay una sola realidad es el primer paso para buscar esa verdad. ¿O acaso no sería contradictorio que hubiese muchas verdades en una única realidad? Por poner un ejemplo, la ley de la gravedad es verdad y se aplica a todo.

“Mi verdad”, “tu verdad”, son síntomas de una sociedad enferma, junto al escepticismo de pensar que no existe ninguna verdad, y que todo se reduce a meras opiniones. Y entonces, nos preguntamos qué es la verdad (confío en que hay mucha más gente en esta búsqueda de lo que parece), y si es posible conocerla.

La verdad es asequible; y, en última instancia, la verdad no es algo, es alguien, y ese alguien es Jesús el Cristo.

VERITATIS SPLENDOR. CFR. JN 14, 6

La verdad tiene un nombre y es Jesús de Nazaret.

¿Reducimos nosotros la Verdad a opiniones por miedo a qué nos dirán? El creyente tiene que ir contracorriente, su corazón se lo pide. Sin caer en fariseísmos, siempre con misericordia, sabiendo que una forma de darla a conocer también es con el ejemplo y la entrega a los demás.

El esplendor de la verdad brilla en todas las obras del Creador y, de modo particular, en el hombre, creado a imagen y semejanza de Dios.

VERITATIS SPLENDOR. CFR. GN 1, 26

San Juan Pablo II en su carta encíclica llamada Veritatis Splendor, nos dice que el hombre es tentado continuamente a apartar su mirada del Dios vivo y verdadero y dirigirla a los ídolos, cambiando “la verdad de Dios por la mentira”; de esta manera, su capacidad para conocer la verdad queda ofuscada y debilitada su voluntad para someterse a ella. Y así, abandonándose al relativismo y al escepticismo, busca una libertad ilusoria fuera de la verdad misma. 

El relativismo actual de “toda da igual”, “mientras a mí me vaya bien no me importa”, nos aleja mucho de la verdad, de la belleza, de nuestra condición de hombres. Nos lleva al individualismo, al egoísmo y a ponernos a nosotros en primer lugar. Cuando para alcanzar la felicidad lo primero de todo es poner a Dios.

Lo primordial es estar siempre dirigido o apuntado hacia algo o alguien distinto de uno mismo.

VIKTOR FRANKL 

Si se lo pedimos, Jesús iluminará con su Gracia nuestra inteligencia y voluntad para llegar a conocer la verdad, para vivir en ella. Caminar junto a Él es el camino para vivir en la verdad.

Debemos aumentar siempre nuestra cercanía con Jesús, no tenemos que caer en una postura de conformismo cristiano, pensar que tenemos la verdad y que nosotros estamos fuera de esta mentalidad relativista.

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Las Bienaventuranzas, promesa de esperanza

Jesús, desde una colina situada cerca del Mar de Galilea (lugar que se pasará a llamar el Monte de las Bienaventuranzas), nos hizo una de las mayores declaraciones de esperanza y de actitud que debemos tomar en la Tierra para llegar a la felicidad anhelada por todos.

Las Bienaventuranzas son una serie de enseñanzas; con ellas nos revela el camino a la felicidad, es decir, Su camino. Y esto es seguir el modelo de vida de Jesús, que nos asegurará una felicidad en la Tierra. Porque lo que Él quiere es que seamos felices aquí, estemos en la situación que estemos, teniendo nuestros problemas, nuestros miedos… Dios nos mira desde arriba y quiere nuestra felicidad, quiere que disfrutemos nuestro paso por la vida.

Las Bienaventuranzas iluminan las acciones de la vida cristiana y revelan que la presencia de Dios en nosotros nos hace verdaderamente felices.

PAPA FRANCISCO, AUDIENCIA GENERAL 29 DE ENERO

 

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La conversión, ser un hombre nuevo

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

¿Qué es la conversión? ¿Nos podemos volver a convertir?

La palabra “convertir” viene del latín convertere, que significa “volver completamente”, “girar”, “cambiar”. Es un “volver” hacia algo o hacia alguien. Por lo tanto, la conversión cristiana supone volver hacia aquello de lo que nos habíamos alejado: de Dios; o en muchos casos, conocer y reconocer a Dios por primera vez.

Conversión es el paso de la ignorancia a la fe, de la ley de Moisés a la ley de Cristo, del pecado a la gracia.

CLAUDIO BASEVI. INTRODUCCIÓN A LOS ESCRITOS DE SAN PABLO

En el siglo I d. C. Saulo, un judío perseguidor de cristianos, que también se manchó las manos de sangre en el martirio de San Esteban, fue tocado por Cristo.

Mientras se dirigía a Damasco, pues le habían ordenado perseguir a los cristianos de ahí, un resplandor del cielo le hizo caer del caballo dejándolo ciego, mientras que él y los que cabalgaban con él oían una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9, 1-20). Tras esta fuerte vivencia, Ananías, un sumo sacerdote judío, le impuso las manos en nombre de Cristo, lo que le devolvió la vista.

Saulo, quien será tras su conversión San Pablo, tuvo que quedarse ciego para ver. Aquel hombre violento, frío, pecador, fue transformado por la belleza de Cristo. Quedarse ciego le hizo renovarse por completo.

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Invitación a reparar las ofensas a nuestro Dios y Señor

Soy un hombre de la calle, como abogado veo de todo en la vida, gente muy buena y otros muy malos. La época que nos ha tocado vivir induce a la confusión. Quieren erradicar a Dios de la vida pública y mezclan el bien con el mal de tal forma que al final todo esté confuso, y vale todo.

En este marasmo creo que hay que invitar a todo el mundo que camina por la calle, intentando distraer su atención, que cuando pasen por un templo se paren, miren la puerta y si está abierto entren, sin miedo. Invitarles desde aquí a que se arrodillen, o se sienten, y dejen que sus pulsaciones tranquilamente bajen de velocidad. Paren el tiempo y disfruten del silencio. Y cuando lo hayan conseguido miren al rostro de Jesús y le digan: “Soy todo oídos, dime qué debo hacer”. Y escuchen tranquilos y confiados, porque Dios desde su interior, en el silencio y en la quietud de su casa, les va a decir lo que tienen que hacer. Si entran muy mal verán con toda nitidez que Jesús nos comprende y no nos deja solos.

La crisis del mundo, como la de la Iglesia, es una crisis de santos. Así lo entienden Concha Puig y el P. José Antonio Iniesta (Presidenta y Sacerdote de Amistad en Cristo). Cualquiera que se atreva a entrar un primer jueves de mes en la Cripta de la Catedral de la Almudena a las 17.30h, no necesitará de palabras para convertirse y ver la Luz de Dios. Solo tiene que dejarse llevar, y en la solemnidad y belleza de la liturgia adorar a Dios, orar desde lo más profundo y celebrar la Santa Misa.

Porque en tiempos donde hasta la Misa se está vulgarizando, cuando en la Cripta oramos con la dirección del P. Iniesta, cuando asistimos a la Consagración y tenemos la posibilidad de recibir la Sagrada Eucaristía de rodillas, cuando rezamos por la reparación y contestamos repetidamente PERDÓN, SEÑOR, PERDÓN, al salir tenemos la sensación de que hemos estado en el cielo, de que amamos a Dios y a todo el mundo. Incluso a los que han profanado las iglesias, porque también hemos rezado por ellos.

En Amistad en Cristo, frente a quienes propugnan la celebración del día mundial de la blasfemia, defendemos los días de la reparación, desde la mansedumbre del amor cristiano, pero desde su fortaleza e insumisión, porque como el propio Jesús dijo: “Si estos callan, gritarán las piedras”.

Pedro Cerracín.

Abogado.

Miembro de Amistad en Cristo.

Al menos tú, ámame

Por Guadalupe Belmonte, publicado en Cathopic.com

Si quieres aprender a amar, hay dos cosas que te debes tomar muy en serio: reparación y alabanza.

Cuando pienso en tantísimos defectos que tengo y el mal que le hago al Señor, me asombra que me siga queriendo. Realmente debería aborrecerme y sin embargo siento que no cesará nunca de desperdiciar su misericordia en mí.
¿Cómo puede ser que me pague con amor todo lo que hago? Es imposible permanecer indiferente a esta realidad, no quiero dejar solo al Amor que no es amado, su misericordia es la belleza más grande que conozco.

Tienes demasiado temor y eso es lo que le disgusta, Él quiere de ti una confianza amorosa.

SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Sé que no soy perfecta, pero tengo un gran convencimiento de que entregándome a su Corazón no me equivocaré nunca, solo recibiré amor. Antes de tener que decidir yo misma qué hacer y equivocarme, me acojo a Él, para que haga conmigo lo que quiera, por que si hago su voluntad sé que recibiré mucho amor.

¿Te habías imaginado alguna vez que Dios tiene ganas de descansar en tu corazón? Te busca el Corazón que creó el mundo, que separó la luz de las tinieblas, que creó todas las bellezas, que nació en un portal de Belén, ese Corazón de Jesús que tiene un amor infinito por ti y por cada uno de los hombres. El amor es la respuesta al mal, tus debilidades y pecados los carga el Señor en la cruz por amor, para que puedas salvarte y estar a su lado toda la eternidad. Dios se encarnó y murió en la cruz para reparar los corazones de cada uno de nosotros. ¿Eres capaz de pedirle al Señor que te deje conocer todo lo que Él sufre y ayudarle a soportar todo aquello que hace por amor?

He aquí el Corazón que tanto ha amado a los hombre y que no ha ahorrado nada hasta el extremo de agotarse y consumirse para testimoniarles su amor. Y, en compensación, solo recibe, de la mayoría de ellos, ingratitudes por medio de sus irreverencias y sacrilegios, así como por las frialdades y menosprecios que tienen para conmigo en este Sacramento de amor. Pero lo que más me duele es que se porten así los corazones que se me han consagrado.

SAGRADO CORAZÓN A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

La característica de la misericordia, como explica santo Tomás de Aquino, es que uno considere los sufrimientos del otro como si fueran los suyos. Si entiendes esto, querrás corresponder a su amor. Querrás, a pesar de ser consciente de tus limitaciones, amar a Dios con locura y hacer que sea amado muchísimo. A mí me gustaría ser un soldado al pie de la Cruz, para protegerle de los daños, para que descanse de sus fatigas, para que nadie más le hiera.

Ser parte de su Guardia personal, para llevar por todo el mundo su amor y luchar porque más gente sienta su misericordia. Él ha abierto su Corazón por mí, no tiene puertas, está abierto hasta la eternidad y nos pide que acojamos su amor.

Uno de los soldados le atravesó el costado con una lanza y al instante salió sangre y agua.JN 19, 34

La relación con el Señor es mucho más íntima si entendemos que dejarnos amar y que rezar haciendo reparación es lo que más nos une con la Divinidad. Para basar nuestra vida espiritual en algo que entusiasme y atraiga a todos los hombres y mujeres solo hay que dejarse amar por Dios. Permanecer junto a Él para consolarle por los daños que recibe y alabarle por todo cuanto es.

Estate siempre pronta y dispuesta a recibirme, porque quiero en adelante hacer en ti mi morada, para conversar y permanecer contigo.

SAGRADO CORAZÓN A SANTA MARGARITA MARÍA DE ALACOQUE

Jesús hizo promesas poderosas a Santa Margarita María, descubriendo lo que quiere entregar a quienes escuchen los deseos de su Sagrado Corazón.

Dios nos quiere dar muchísimos privilegios por adorarle debidamente, y extender su amor infinito por todo el mundo. La belleza del mensaje de amor de Dios atraerá a más almas a su Corazón, y las que están ya allí serán más fervorosas y podrán reparar y alabar mejor.

Como los Santos, transformar desde el corazón

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

 

Tenemos muchas cosas y asuntos en nuestro día a día de los que ocuparnos y cumplir: el trabajo, el estudio, la familia, los amigos, los problemas y un largo etcétera. Pero, a pesar de todas esas obligaciones, tenemos y debemos incorporar otra más: cambiar, transformar nuestro entorno, la sociedad. ¡No es fácil pero sí es posible! Sigue leyendo

La tibieza de los corazones dormidos

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

 

“Tibio: aquel que se comporta con indiferencia y se muestra poco afectuoso. Sinónimos de tibio: indiferente, insensible, desapasionado”.

En la vida elegimos, tomamos decisiones, que quizá hacen que nos equivoquemos o que triunfemos, pero siempre levantándonos e intentándolo.

Pero, ¿qué pasa con aquellos que no actúan, que tienen una actitud pasiva en la vida? Que ni actúan ni se dejan hacer por Dios, incluso que no hacen uso del don que nos ha sido regalado: la libertad. Sigue leyendo

Atrévete a vivir

 

¿Qué pasaría si miráramos el mundo con los ojos de un enamorado? De alguien que acaba de descubrir el secreto de la vida, de la felicidad… Qué pasaría si mirásemos el mundo como si de repente encontramos una flor en el asfalto… ¿Qué pasaría si mirásemos la vida como si acabáramos de llegar? Todo nos asombraría, todo tocaría nuestra alma inquieta. Y nos preguntaríamos, y buscaríamos. Porque, qué es la vida sin buscar, sin cuestionarse. ¿Por qué no miramos la vida con los ojos de un enamorado? Hay un canción de un grupo de música que me gusta bastante, y en una frase dice: aquel verano en el que estuve enamorado, hasta las gaviotas me parecían fascinantes.

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Cuando no encontramos sentido al sufrimiento

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

Hoy en día, en el mundo de la tecnología y de la rapidez estamos acostumbrados a que todas las respuestas y los resultados sean inmediatos. Pero la vida real no es así, hay unos tiempos y procesos.

Al igual que estamos en la sociedad de lo inmediato, también en una sociedad secularizada, en la que cada vez se tiene menos a Cristo en nuestro día a día.

Un tema que ha estado vigente a lo largo de toda la historia es el sufrimiento, la injusticia. Podemos mirar a nuestro alrededor, en nuestras casas, salir a la calle, ver el telediario… y parece que tanto el sufrimiento como la injusticia se han apoderado del mundo. Tantos niños inocentes que sufren, familias rotas, jóvenes que no encuentran su camino… ¿y todo esto por qué?

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Hemos venido a adorarlo

Queridos todos, feliz año nuevo! Os envío una pequeña reflexión! Afectísimo en Cristo, P. Pedro Barrajon, lc.

Hemos venido a adorarlo

La fiesta de la Epifanía del Señor es celebrada en algunos países como la fiesta en que se dan regalos a los niños, recordando los regalos, oro, incienso y mirra, que los magos de oriente trajeron al Niño Jesús. El Evangelio de San Mateo nos dice que cuando llegaron a Belén, a la casa donde estaba el Niño con su Madre, “postrándose le adoraron” (Mt 2, 11). Los magos de Oriente nos recuerdan un elemento esencial de la oración que para nosotros, hombres acostumbrados a una vida ajetreada, nos es particularmente difícil: la adoración. El Catecismo de la Iglesia Católica define la adoración como “la primera actitud del hombre que se reconoce criatura ante su Creador” (n. 2628). Entrar en verdadera oración es adorar, es verse creatura, mendigo del amor de Dios. Es una acción de verdad, de reconocer lo que se es ante quien es omnipotente. Hemos perdido la costumbre de adorar. Nuestras oraciones a veces son largas listas de peticiones a Dios. Y no es que esto esté mal, pero tiene que ir unido a esa actitud de los magos de oriente, de postrar el espíritu para reconocer la grandeza divina de frente a nuestra pequeñez.

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Para adorar hay que saber guardar silencio, hay que saber contemplar y hay que saber ofrecer dones como hicieron los magos. El Evangelio de San Mateo no nos reporta palabras de estos misteriosos personajes, sino sólo el acto de postrarse ante el Niño recién nacido. Ellos pudieron descubrir la estrella que los guio hasta Jesús gracias a esa capacidad de silencio y de contemplación que les permitió descubrir la voluntad de Dios que los conduciría hasta Belén. Quien sabe adorar se convierte en hombre contemplativo. ¡Qué gran necesidad tenemos todos de favorecer la vida de contemplación en nuestra vida! ¡Cómo se echa de menos esa capacidad que permite sintonizar con el Señor y captar los latidos de su Corazón con naturalidad y facilidad!

“¡Contempladlo y quedaréis radiantes! (Sal 34, 6). El mundo de hoy necesita de rostros radiantes, de hombres y de mujeres que han contemplado a Dios, que lo han adorado y que se han ofrecido a Él en holocausto. Necesitamos nosotros mismos ser esos hombres y mujeres contemplativos para poder afrontar tantos problemas de la vida diaria que no requieren sólo de soluciones técnicas sino de esa sabiduría del corazón que da la contemplación.

Como los magos también nosotros podemos ofrecer en nuestra oración algún pequeño regalo: el oro de la caridad, el incienso de la esperanza y la mirra de la fe. Son dones que en realidad son precedentemente regalos de Dios a nosotros. Damos a Él lo que antes Él nos ha dado. Él nos ha dado la capacidad de amar: amémoslo con todo nuestro corazón, con toda nuestra alma, con todo nuestro ser. Eso es ser verdaderos contemplativos. Eso es adorar.