La conversión, ser un hombre nuevo

Por Beatriz Azañedo, publicado en Cathopic.com

¿Qué es la conversión? ¿Nos podemos volver a convertir?

La palabra “convertir” viene del latín convertere, que significa “volver completamente”, “girar”, “cambiar”. Es un “volver” hacia algo o hacia alguien. Por lo tanto, la conversión cristiana supone volver hacia aquello de lo que nos habíamos alejado: de Dios; o en muchos casos, conocer y reconocer a Dios por primera vez.

Conversión es el paso de la ignorancia a la fe, de la ley de Moisés a la ley de Cristo, del pecado a la gracia.

CLAUDIO BASEVI. INTRODUCCIÓN A LOS ESCRITOS DE SAN PABLO

En el siglo I d. C. Saulo, un judío perseguidor de cristianos, que también se manchó las manos de sangre en el martirio de San Esteban, fue tocado por Cristo.

Mientras se dirigía a Damasco, pues le habían ordenado perseguir a los cristianos de ahí, un resplandor del cielo le hizo caer del caballo dejándolo ciego, mientras que él y los que cabalgaban con él oían una voz que decía: “Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues?” (Hechos 9, 1-20). Tras esta fuerte vivencia, Ananías, un sumo sacerdote judío, le impuso las manos en nombre de Cristo, lo que le devolvió la vista.

Saulo, quien será tras su conversión San Pablo, tuvo que quedarse ciego para ver. Aquel hombre violento, frío, pecador, fue transformado por la belleza de Cristo. Quedarse ciego le hizo renovarse por completo.

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