Letanías de Humildad del Cardenal Merry del Val y el sacerdote Fabio Rosini

Jesús manso y humilde de Corazón, -Óyeme.

(Después de cada frase decir: Líbrame Jesús)

Del deseo de ser valorado,

Del deseo de ser alabado,

Del deseo de ser exaltado,

Del deseo de ser buscado, 

Del deseo de ser amado, 

Del deseo de ser honrado.

Del deseo de ser preferido a los demás, 

Del deseo de ser consultado,

Del deseo de ser aceptado,

De todo odio y de toda envidia,

De todo resentimiento y rencor, 

De toda venganza, 

De todo prejuicio, 

De toda forma de egoísmo, 

De toda tendencia a juzgar y condenar, 

De la murmuración y la crítica, 

De todo juicio precipitado y toda calumnia, 

Del orgullo y la ostentación,

De toda susceptibilidad e impaciencia, 

De la tendencia a apartarme, 

De la sospecha y desconfianza, 

De toda mala disposición, 

De toda forma de indiferencia, 

De toda prepotencia, 

De toda descortesía, 

De toda sugestión del diablo, 

De toda ofuscación de las pasiones, 

Del miedo a ser humillado,

Del miedo a ser despreciado,

Del miedo a ser rechazado,  

Del miedo a ser calumniado,

Del miedo a ser olvidado,

Del miedo a ser ofendido, 

Del miedo a ser injuriado,

Del miedo a ser abandonado. 

(Después de cada frase decir: Jesús dame la gracia de desearlo)

Que los demás sean amados por el mundo más que yo. 

Que los demás sean estimados por el mundo más que yo. 

Que los demás puedan crecer en la opinión del mundo y que yo pueda disminuir.

Que los demás puedan ser preferidos del mundo y yo sea marginado. 

Que los demás puedan ser alabados por el mundo y yo olvidado. 

Que los demás puedan ser Santos más que yo, para que yo me convierta en lo que tú quieres. 

Haz que mi corazón sea parecido al Tuyo. 

(Después de cada frase decir: Ruega por nosotros)

Jesús, que viniste al mundo para salvar a los hombres, 

Jesús, que amaste a los pobres,

Jesús, que consolaste a los que sufren,

Jesús, que sufriste por los pecadores, 

Jesús, que hablaste dulcemente a los que te abofeteaban y traicionaban, 

Jesús, que alabaste al buen samaritano, 

Jesús, que moriste en la Cruz, 

Jesús, que sigues renovando tu sacrifico de amor por nosotros. 

Santa María, Virgen pequeña y humilde. 

San José protector de los humildes, 

San Miguel Arcángel que fuiste el primero en abatir el orgullo. 

Oración:

Oh Jesús que, siendo Dios, te humillaste hasta la muerte, y muerte de cruz, para ser ejemplo perenne que confunda nuestro orgullo y amor propio. Concédenos la gracia de aprender y practicar tu ejemplo, para que humillándonos como corresponde a nuestra miseria aquí en la tierra, podamos ser ensalzados hasta gozar eternamente de ti en el cielo.

¿Hay un ejemplo de humildad más grande que el mismo Dios orando?

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