Primer Domingo de San José

Primer dolor: Estando desposada su madre María con José, antes de vivir juntos se halló que había concebido en su seno por obra del Espíritu Santo (Mt 1,18).

Primer gozo: El ángel del Señor se le apareció en sueños y le dijo: José, hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, pues lo concebido en ella es del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús (Mt 1, 20-21).

CUANDO JESÚS, durante su ministerio público por Galilea, llegó a predicar en la sinagoga de su propia ciudad, todos «se quedaban admirados» (Mt 13,54). La actitud de sus paisanos nos habla de la impresión que causaba aquel a quien habían visto crecer entre sus plazas y calles: «¿De dónde le viene a éste esa sabiduría y esos poderes? ¿No es éste el hijo del artesano? ¿No se llama su madre María y sus hermanos Santiago, José, Simón y Judas? Y sus hermanas ¿no viven todas entre nosotros? ¿Pues de dónde le viene todo esto?» (Mt 13, 55-56).

Uniéndose a esa curiosidad santa por saber más acerca del entorno familiar de Cristo, la tradición de la Iglesia ha identificado en la Sagrada Escritura siete momentos cruciales en la vida de san José; son siete vivencias suyas en las que, como es normal también en nosotros, se mezclan el gozo y el dolor, la alegría y el sufrimiento. Por eso en muchos lugares se dedican los siete domingos previos a su fiesta a meditar estos pasajes. Un día, en una tierra con especial devoción a san José, alguien preguntó a san Josemaría cómo acercarse más a Jesús: «Piensa en aquel hombre maravilloso, escogido por Dios para hacerle de padre en la tierra; piensa en sus dolores y en sus gozos. ¿Haces los siete domingos? Si no, te aconsejo que los hagas»[1].

La devoción al santo patriarca siempre ha estado presente en el arte y en la piedad popular a lo largo de la historia de la Iglesia. En el siglo XVII, el Papa Gregorio XV instituyó por primera vez una fiesta litúrgica en su nombre. Posteriormente, en 1870, el santo Papa Pío IX nombró a san José patrono universal de la Iglesia. A partir de entonces, Leon XIII dedicó una encíclica al santo patriarca y en el centenario de este documento san Juan Pablo II escribió la exhortación apostólica Redemptoris custos. Ya en el tercer milenio, el papa Francisco publicó también una carta sobre san José bajo el título Patris cordeCon corazón de Padre. Este reiterado interés de la Iglesia, de manera especial en los últimos tiempos, puede renovar en nosotros una actitud de agradecimiento, admiración y puede llevar a que nos preguntemos: ¿qué lugar ocupa san José en mi corazón?


«JOSÉ, HIJO DE DAVID, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). De esta manera, tan sencilla, el ángel disipa las dudas y temores de José. No sabemos con certeza qué es lo que pasaba por su corazón y su mente. Con seguridad no dudó de la inocencia de su esposa, por lo que el ángel le confirma lo que quizá ya intuía en su alma: allí había algo de Dios. En efecto, a través del ángel, Dios mismo le confía cuáles son sus planes y cómo cuenta con él para llevarlos adelante. José está llamado a ser padre de Jesús; esa va a ser su vocación, su misión.

«¡Qué grandeza adquiere la figura silenciosa y oculta de san José –decía san Juan XXIII– por el espíritu con que cumplió la misión que le fue confiada por Dios. Pues la verdadera dignidad del hombre no se mide por el oropel de los resultados llamativos, sino por las disposiciones interiores de orden y de buena voluntad»[2]. El santo patriarca, a pesar de ser consciente de la importante y nobilísima tarea que el Señor le encomendó, ha llegado a nosotros como un ejemplo de humildad y discreción. Es en el silencio de aquel «ocultarse y desaparecer» en donde los planes divinos dan sus mayores frutos.

También ahora, Dios continúa confiando en José para que cuide de su familia, de la Iglesia y de cada uno de sus hijos, con la misma dedicación y ternura que lo haría con el Señor. Un antiguo aforismo judío dice que un verdadero padre es aquel que enseña la Torá –la ley de Dios– a su hijo, porque es entonces cuando le engendra de verdad. San José cuidó del Hijo de Dios y, en cuanto a hombre, le introdujo en la esperanza del pueblo de Israel. Y eso mismo hace con nosotros: con su poderosa intercesión nos lleva hacia Jesús. San Josemaría, cuya devoción a san José fue creciendo a lo largo de su vida, decía que «san José es realmente Padre y Señor, que protege y acompaña en su camino terreno a quienes le veneran, como protegió y acompañó a Jesús mientras crecía y se hacía hombre»[3].


«LA IGLESIA entera reconoce en san José a su protector y patrono. A lo largo de los siglos –señala san Josemaría– se ha hablado de él, subrayando diversos aspectos de su vida, continuamente fiel a la misión que Dios le había confiado. Por eso, desde hace muchos años, me gusta invocarle con un título entrañable: Nuestro Padre y Señor»[4]. Este título es un honor y una responsabilidad. Junto con María, José alimenta, cuida y protege a la familia. Y la Iglesia, al ser la familia de Jesús, tiene a san José como patrono y protector: «La Iglesia, después de la Virgen Santa, su esposa, tuvo siempre en gran honor y colmó de alabanzas al bienaventurado José, y a él recurrió sin cesar en las angustias»[5].

El Concilio Vaticano II habla de «escrutar a fondo los signos de la época e interpretarlos a la luz del Evangelio, de forma que, acomodándose a cada generación, pueda la Iglesia responder a los perennes interrogantes de la humanidad sobre el sentido de la vida»[6]. Por eso, como familia, nos preguntamos constantemente qué es lo que el Señor quiere que aprendamos de cada situación y en cada encrucijada. La intercesión de los santos es una ayuda del cielo para descubrir a Dios en todos los acontecimientos y hacer presente su poder. San José guía y custodia a la Iglesia en este caminar.

Y también san José es patrono de esta familia que es la Obra. En los primeros años, san Josemaría acudió especialmente a él para poder hacer presente a Jesús Sacramentado en uno de los primeros centros del Opus Dei. Por su intercesión, en marzo de 1935 fue posible tener al Señor reservado en el oratorio de la Academia-Residencia DYA, de la calle Ferraz, en Madrid. Desde entonces, el fundador de la Obra quiso que la llave de los sagrarios de los centros del Opus Dei tuvieran una pequeña medalla de san José con la inscripción Ite ad Ioseph; el motivo es recordar que, de modo similar a como el José del Antiguo Testamento lo hace con su pueblo, el santo patriarca nos había facilitado el alimento más preciado: la Eucaristía.

Pidamos a José que nos siga ayudando a acercarnos a Jesús Sacramentado, que es el alimento del que se nutre la Iglesia. Así lo hizo junto a María, en Nazaret, y así lo hará también con ella en nuestros hogares.

Reflexión del Evangelio Domingo 5 de febrero

Buenos días mis hermanos en Cristo. Qué alegría cuando me dijeron vamos a la Casa del Señor. Nuestro encuentro SEMANAL alrededor del Altar unidos todos en el Corazón de nuestro Dios y Señor.
Vivamos bien la Santa Misa, en una actitud de oración.
«Queridos amigos, sólo celebramos y vivimos bien la liturgia si permanecemos en actitud orante, no si queremos «hacer algo», hacernos ver o actuar, sino si orientamos nuestro corazón a Dios y estamos en actitud de oración uniéndonos al misterio de Cristo y a su coloquio de Hijo con el Padre. Dios mismo nos enseña a rezar, afirma san Pablo (cf. Rm 8, 26). Él mismo nos ha dado las palabras adecuadas para dirigirnos a él, palabras que encontramos en el Salterio, en las grandes oraciones de la sagrada liturgia y en la misma celebración eucarística».
SS. Benedicto XVI
Con nuestra Madre, S. José y nuestro Ángel Custodio. Gracias y perdón

¡Feliz Domingo a todos!

Concha Puig

Evangelio: San Mateo 5, 13-16
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente.
Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Brille así vuestra luz ante los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en los cielos».

Cuentan que un día, san Francisco de Asís le pidió a uno de sus primeros frailes que se preparara para salir a predicar con él. Salieron y estuvieron caminando y dando vueltas por todo Asís, durante una hora y media. En un cierto momento, el fraile que lo acompañaba le preguntó a San Francisco: Padre Francisco, usted me dijo que saldríamos a predicar. Hasta ahora, sólo hemos caminado y recorrido todo el pueblo. San Francisco le respondió: Hermano, llevamos una hora y media de predicación. No hay mejor predicación que la sonrisa y el testimonio de una vida auténticamente cristiana.

Ojalá que también nosotros prediquemos el mensaje de la esperanza, de la sonrisa humilde y llena de paz, del AMOR. Que seamos sal y luz para nuestros familiares y amigos y todos los que se cruzan en nuestro camino. Quien verdaderamente se ha encontrado con Jesús no puede callar, no puede encerrarse en sí mismo, debemos ser reflejo de nuestro Jesús amado.

Conversión, oración y mortificación los tres pilares de la fe

CONVIÉRTETE
Revisa tu vida.

San José de Cupertino, conocido como el santo volador, por las numerosas levitaciones en que se le presenció estando en oración, fue un sacerdote italiano y religioso franciscano muy humilde, que a pesar de tener muy lento aprendizaje, Dios obró grandes prodigios en él.

Como patrono de los estudiantes, se le conocen innumerables ayudas, en especial a aquellos estudiantes a los que como a él se les dificulta el estudio: le gusta mucho ayudarles.

San José de Cupertino es un claro ejemplo de cómo Dios suple cualquier falta de talento a quien se le abandona con humildad.

Dice Jesús a la beata Conchita Cabrera de Armida: (l yo la he leido y es una maravilla su vida de santidad)

«La humildad es el cimiento, el fundamento de todas las virtudes, la sal y la vida de ellas […]”.
«Sin humildad no puede haber obediencia… pobreza… ni pureza que no caiga. No acostumbro dar a ninguna alma estas joyas, sin el sólido fundamento de la humildad, madre de todas ellas”.
«María, más que nadie, recibió los frutos inapreciables de la humildad”.

La contraparte de la humildad es la soberbia.

Dice Jesús a Conchita:
“La Soberbia es […] madre general de todos los vicios: a todos ellos los engendra y lleva en su seno”.
«Ella enerva los actos del espíritu y es la principal destructora de toda virtud y de toda santidad”.
«Casi en la mayor parte de los actos de la vida se le encuentra, si con esta luz del Espíritu Santo se le busca… Se amolda, diré, con todos los estados, caracteres y puestos. De una manera se presenta con los grandes y de otra con los pequeños; con los pobres y con los ricos, con los malos y con los buenos, con los espirituales y con los mundanos”.

Aprendamos a ser humildes como María y como San José de Cupertino.

VIVE EN PLENITUD TU CONSAGRACIÓN
“La arrogancia acarrea deshonra; la sabiduría está con los humildes.”
Pr 11,2 (Proverbios).

ORA
El Santo Rosario.

  • Incluye en tus intenciones a los estudiantes a los que se les dificulta el estudio y niños.

MORTIFÍCATE
Hoy trata de ser humilde para con todos; de hacerte pequeño. Evita las presunciones, las respuestas arrogantes, el querer ser el primero, los aplausos, la vanagloria o cualquier otro acto de soberbia, que lejos de darte grandeza, te la quita.

Revisa con detenimiento en qué actos principalmente tienes más acentuada la soberbia y pide perdón a Dios, haciendo un sincero compromiso de ser más humilde.

Ofrécelo
🌹 En Reparación por tus pecados de soberbia y los de tu familia.
🌹Atendiendo el mensaje de Sor Lucía al Cardenal Carlo Caffarra, Reparemos y pidamos protección a la Iglesia doméstica bajo la presencia protectora de la Sagrada Familia de Nazaret

La reparación, una sensibilidad especial por la gloria de Dios

Leo en un libro sobre la Reparación :


A través de la Historia ha surgido en la Iglesia, personas, movimientos, acciones y devociones todas ellas encaminadas a promover la honra y Reparación del honor de Dios ofendido. Sobre todo se han dirigido especialmente al Corazón de Jesús. Todos los santos en general se han distinguido siempre por una exquisita sensibilidad en lo referente al honor de Dios. Las personas de fe, de amor y afán por Dios y las cosas santas, tienen una especial sensibilidad por la gloria de Dios. El pecado es todo lo contrario a esa gloria a ese honor externo para el Creador. Cuando S. Ignacio de Loyola fundó la Compañía de Jesús, no se anduvo por las Ramos. Reza su lema Para la mayor Gloria de Dios y así todos los santos. Otras veces ha sido la Divina Providencia quien ha suscitado en la Iglesia a personas con una vocación definida hacia la Reparación. Así tenemos a S. Juan Eudes En el siglo XVII, a Sta. Margarita María de Alacoque, a finales de XVII, y al Beato Bernardo de Hoyos, jesuita más reciente.
En las apariciones Marianas, las dos más características en cuanto al sentido Reparador son las de Lourdes y Fátima. ( yo añado Prado Nuevo). Todas con un sentido de Reparación del honor de Dios ofendido.
No haría falta la Reparación, si la gloria y el honor de Dios no hubieran sido de antemano rotos o atropellados. La creación salió pura de la mente y la voluntad Divina, pero llegó el momento en que fue concebida la idea de la Reparación por el daño.
Y Dios prometió ya en el Paraíso enviar a su propio Hijo, nacido de una Mujer, nacido bajo la ley, para rescatar a los que estaban sujetos al desorden del pecado. El Señor tuvo misericordia del hombre y quiso establecer el orden mediante la Reparación
Vamos todos los que amamos esta espiritualidad a Reparar con nuestra voz, con nuestras manos, con nuestras obras, con nuestro corazón, con nuestra vida santa
Cuantas gracias derramas Señor!!!
Gracias y perdón

Te invitamos al acto de Reparación este jueves 2 de febrero

Este próximo jueves día 2 de Febrero día de la Candelaria y aniversario del P. Antonio, fundador de Amistad en Cristo. Estoy segura de cuánto va a interceder por todos.

Ante este día especial de la Candelaria, llevo velas para cada uno que el P. Iniesta bendecirá para que prendan en la Hoguera del Amor de Dios y en el silencio de nuestro corazones vamos a decirle gracias por amarnos tanto. ¡Que nuestro amor por Ti Señor, crezca cada día más!

– Dia: Jueves 2 de Febrero
-Lugar: Cripta de la Almudena.
-Hora : 17,30h :
-Exposición del Santísimo
-Rezo Sto. Rosario
-Consagración al Sagrado Corazón de Jesús y
-Peticiones de REPARACIÓN.
-18,30: Santa Misa
-Celebran Padre José Antonio Iniesta y Padre Carlos Melero

Invita a familiares y amigos.
Guardamos todos los protocolos Covid.

¡Te esperamos!

Concha Puig