Hay momentos que preferimos vivir en silencio, no como un modo de desconfianza, sino como un temor de expresar aquello que tememos, y se convierta en «realidad», como si por expresarlo, pudiéramos precipitar que ocurra…
Por eso solo podemos contemplar y permanecer, ser cómplices respetuosos, y no romper el hilo del silencio que nos habla con tanta fuerza como la palabra… El silencio es un lenguaje como otro cualquiera, que hasta los sordos pueden oír…
Espíritu Santo, eres el alma de mi alma. Te adoro humildemente.
Ilumíname, fortifícame, guíame, consuélame. Y en cuanto corresponde al plan del eterno Padre Dios revélame tus deseos. Dame a conocer lo que el Amor eterno desea de mí. Dame a conocer lo que debo realizar, dame a conocer lo que debo sufrir, dame a conocer lo que, silencioso, con modestia y en oración, debo aceptar, cargar y soportar.
Espíritu Santo, dame a conocer tu voluntad y la voluntad del Padre. Pues toda mi vida no quiere ser otra cosa, que un continuado y perpetuo Sí a los deseos y al querer del eterno Padre Dios.
San Juan 14, 21-26 En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos: «El que acepta mis mandamientos y los guarda, ese me ama; y el que me ama será amado por mi Padre, y yo también lo amaré y me manifestaré a él». Le dijo Judas, no el Iscariote: «Señor, ¿qué ha sucedido para que te reveles a nosotros y no al mundo?». Respondió Jesús y le dijo: «El que me ama guardará mi palabra, y mi Padre lo amará, y vendremos a él y haremos morada en él. El que no me ama no guarda mis palabras. Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió. Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho».
1. “Y la palabra que estáis oyendo no es mía, sino del Padre que me envió”. Cristo es el Verbo, la Palabra hecha carne, que se revela por medio de su vida, sus milagros, su predicación. Esa Palabra la recogen después los Evangelista, y nosotros la veneramos por lo que es: Palabra de Dios. La Sagrada Escritura es la Palabra de Dios, en cuanto escrita por inspiración del Espíritu Santo, cuando la encontramos nos produce un efecto análogo al que experimentaron los discípulos de Emaús. Las Escrituras hablan de Cristo, y atender a lo que dicen es atender a Cristo. Por eso, algunas palabras de la Escritura nos han herido para siempre con una herida de amor, como espada que llega hasta el corazón. El misterio que proclaman las Escrituras es el de una Persona viva, Cristo. Para compartir su vida hay que tratarle en la Palabra y en el Pan, como se trata a un amigo, a un ser real y vivo como Cristo lo es, porque ha resucitado . “Las palabras que os he hablado son espíritu y son vida” (Jn 6, 63), dice el Señor. No nos comunica algo que simplemente debemos entender, quiere convertir nuestro corazón, para que podamos compartir su vida. Y con ese fin nos dirige su palabra: para levantar la miseria del hombre y disponerlo a un coloquio de iluminación y de amor, a la confianza absoluta ante las tareas aparentemente imposibles o difíciles, a las que no llega la fuerza de la criatura. Unirnos al Señor es posible si acudimos a la Eucaristía y a la Escritura. Pan y Palabra: Amor. El Verbo revela el Amor de Dios que quiere reunimos a todos, para que seamos uno con Él y en Él. La relación personal que quiere entablar con nosotros nace de su Amor. Por eso, hace falta amar, tener la humildad de reconocer nuestra necesidad de ser salvados, y decir con Pedro: “Señor, ¿a quién iremos? Tú guardas palabras de vida eterna. Y nosotros hemos creído y conocido que tú eres el Cristo, el Hijo de Dios” (Jn 6, 69-70).
Si somos humildes y no ponemos obstáculos, el Espíritu Santo nos transformará, porque la Palabra de Dios es viva y eficaz; ¡qué hermoso querer escucharle, saber buscar su voz! El Señor no suele imponerse, y su palabra llega a nosotros sin aparato ni complicaciones; se presenta normalmente en movimientos del alma, en intuiciones e inspiraciones que invitan a aprovechar una ocasión u otra para dejarse querer y devolver amor por Amor. Con frecuencia, Dios no se nos manifiesta en el viento fortísimo que parte las rocas, ni en el fuego que todo lo consume, sino en la brisa suave, perceptible para quien está atento. Evitemos la tendencia a rodearnos siempre de ruido, como si fuese necesario poner música nada más entrar en un coche, o durante las comidas o el trabajo. Esto podría ocasionar una falta de recogimiento; lo que no facilitaría la vida contemplativa y, en algunos casos, llegaría quizá a denotar cierta carencia de peso interior, de altura humana y sobrenatural. Cristo nos enseña a amar a Dios Padre y a los demás. Vivir con este afán lleva a estar en condiciones de alcanzar la bienaventuranza eterna. Por eso, si aceptamos su llamada, comprobaremos que sus palabras son verdaderas: palabras de vida eterna. Nos llevan a mirar a los demás, a encargarnos de que, en todas las circunstancias de lugares y de épocas, arraigue, germine y dé fruto la palabra de Dios. El mensaje de Dios es fecundo: suscita en muchas almas afanes de entrega y fidelidad. La vida de los que sirven a Dios ha cambiado la historia, e incluso muchos de los que no conocen al Señor se mueven -sin saberlo quizá- por ideales nacidos del cristianismo. De ahí que sea importante saber reconocer lo que supone para cada uno la Palabra de Dios.
El lugar singular de la Palabra en nuestras vidas, y su centralidad objetiva en la Revelación se manifiesta de modo particular en la liturgia; no en vano la Iglesia “desea ardientemente que se lleve a todos los fieles a aquella participación plena, consciente y activa en las celebraciones litúrgicas que exige la naturaleza de la Liturgia misma” (Vaticano II, Constitución. Sacrosanctum Concilium. n. 14) ¿Cómo podemos fomentar ese tipo de participación en la Liturgia de la Palabra? La conciencia de lo que es verdaderamente la Palabra de Dios, y de lo que supone recibida, nos moverá a escuchada con respeto, y a proclamada en la Santa Misa con la solemnidad debida. Obra de Cristo, acción de la Iglesia, la Liturgia de la Palabra nutre la fe de los participantes. El leccionario y el evangeliario son signos de la Palabra de Dios. Por esto son venerados con solemnidad: procesión, incienso, luz, especial lugar del anuncio. Se cuida la lectura, para que sea audible e inteligible. Al estar en pie para escuchar el Evangelio, nos unimos a la victoria de Cristo resucitado y mostramos nuestro respeto hacia la Palabra de Dios; es mucho más que oír una noticia importante, pues esta Palabra nos eleva hacia lo alto y exige el valor de seguirla, de hacerla penetrar en nuestra vida. Benedicto XVI enseña que “la celebratio es oración y coloquio con Dios, de Dios con nosotros y de nosotros con Dios. Por tanto, la primera exigencia para una buena celebración es que el sacerdote entable realmente este coloquio (…). Es oyente de la Palabra y anunciador de la Palabra, en el sentido de que se hace instrumento del Señor y trata de comprender esta palabra de Dios, que luego debe transmitir al pueblo. Está en coloquio con Dios, porque los textos de la santa Misa (…) son plegarias, gracias a las cuales, juntamente con la asamblea, hablamos con Dios». «La gente -continúa el Santo Padre, refiriéndose al modo adecuado de celebrar- percibe si realmente nosotros estamos en coloquio con Dios, con ellos (…); o si, por el contrario, sólo hacemos algo exterior. El elemento fundamental de la verdadera ars celebrandi es, por tanto, esta consonancia, la concordia entre lo que decimos con los labios y lo que pensamos con el corazón». Esta concordia entre lo que se dice y lo que se piensa, se plasma en la adecuada proclamación de las palabras. «Cuando yo era profesor en mi patria -es un recuerdo que Benedicto XVI rememora con un fin pedagógico-, a veces los muchachos leían la sagrada Escritura, y la leían como se lee texto de un poeta que no se ha comprendido». Para hacerlo correctamente, los lectores deben saber cómo han de anunciar, y para ello «es preciso haber entendido el texto en su dramatismo, en su presente” (Respuesta del Papa a los sacerdote. Castelgandolfo, 26 de septiembre de 2006). Todos los Evangelios, en efecto, nos llevan a vivir de nuevo la Pasión de Jesús, nos introducen en el Calvario, nos hacen entrar en el drama del pecado y, por la misericordia divina, en la gloria de la resurrección. La liturgia nos enseña de un modo vivo el sentido de la lectura de la Sagrada Escritura y la respuesta que debe suscitar su escucha: esas palabras fueron escritas para que correspondamos al amor de Dios, manifestado en Cristo, y reconocido por nosotros, en acción de gracias y para alabanza de su gloria, porque es Dios quien triunfa en los corazones de quienes responden a su llamada.
La paz de Dios, que supera todo lo que podemos pensar, custodie sus corazones y sus pensamientos, en el conocimiento y en el amor de Dios y de su Hijo, nuestro Señor Jesucristo. Y la bendición de Dios todopoderoso, del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, descienda sobre vosotros y permanezca para siempre.
Este próximo jueves dia 4 de Mayo Mes de la Virgen María, vamos a decirle: gracias Madre¡ por amarnos y cuidarnos tanto que crezca cada día más ese sentimiento de pobres hijos tuyos que tanto te necesitan. Vamos a llevar escritas nuestras intenciones y las pondremos a los pies del Altar,
☀️- Dia: Jueves 4 de Mayo ⛪ -Lugar: Cripta de la Almudena. 🕠 -Hora : 17,30h : 🌹Exposición del Santísimo, 🌹Rezo Sto. Rosario, 🌹Consagración al Sdo Corazón de Jesús, y 🌹Peticiones de REPARACIÓN. ⛪ -18,30: Santa Misa ⚡ Celebran Padre José Antonio Iniesta y Padre Carlos Melero
🎼 Nos compañará la CORAL ALBORADA 🎼
Invita a familiares y amigos. Guardamos todos los protocolos Covid.
San Juan nos sitúa la escena inmediatamente después de la Multiplicación de los panes y los peces. Todos quieren seguir a Cristo pero Él les dice en verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros (Jn 6,26). Eso nos pregunta hoy el Señor, ¿Por qué busco a Jesús? ¿Por qué sigo a Jesús? ¿Es el nuestro un amor transaccional de si me concedes tal cosa te quiero Señor, tengo este apuro y si me lo solucionas voy a rezar más? ¿O es un Amor desinteresado? Hoy ante el Sagrario podemos meditar esta preciosa declaración de Amor en forma de poesía:
No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido, / ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte. / Tú me mueves, Señor, muéveme el verte / clavado en una cruz y escarnecido, / muéveme ver tu cuerpo tan herido, / muévenme tus afrentas y tu muerte. / Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, / que aunque no hubiera cielo, yo te amara, / y aunque no hubiera infierno, te temiera. / No me tienes que dar porque te quiera, / pues aunque lo que espero no esperara, / lo mismo que te quiero te quisiera.
“Queremos ser verónicas y cirineos; con alegría, esperanza y mucho amor”
“Queremos amar a Dios con el latir de todos los corazones que aún no lo aman”: este es el sentido profundo de esta Asociación de Reparadores que hace suyas las palabras de Jesucristo: “A quien te abofetee en una mejilla, preséntale también la otra”.
¿Cómo surge la Asociación “Amistad en Cristo”? ¿Qué necesidades pretende cubrir?
Tendría que remontarme a lo que vivimos un sábado del mes de junio de 2004. Ese día, después de celebrar la eucaristía, unas amigas me comentaron que en el Teatro Bellas Artes de Madrid se estaba representando una obra de teatro blasfema: «Me cago en D…”. Me costaba creerlo; así que al llegar a casa quise comprobarlo. Abrí el periódico y, efectivamente, allí estaba anunciada la obra blasfema de la que me habían hablado. Mi corazón empezó a palpitar con tal fuerza que no podía controlarlo. Pensé: «Me muero». Eran las 12 del mediodía, llamé a varias personas, respondieron bien y pude reunir un grupo. Quedamos enfrente del Bellas Artes (que en ese momento se convertía en basura para mí) a las 5 de la tarde.
Empezamos a rezar el Rosario, una lo dirigía y los demás respondían. Así, uno tras otro, como acto de reparación. Nadie nos molestó, al contrario, algunas personas se unían y rezaban un misterio, avemarías, lo que buenamente podían…; incluso se unieron jóvenes. A las 9 de la noche un sacerdote jesuita se unió a nuestra oración hasta que concluimos, se llamaba Antonio Honduvilla (ya fallecido). Él, con gran alegría, nos comunicó que estaba recogiendo firmas en contra de esta blasfemia. Se reunieron muchísimas. Más tarde las llevamos a un abogado y este las presentó a las Cortes. Así surgió “Amistad en Cristo Nuevo Amanecer”, este es el nombre original, después le añadimos “con María”.
Durante el tiempo en que estuvimos recogiendo firmas casi todo el mundo respondió muy bien. Voy a contar un detalle que me animó: Una persona me dijo: «Yo soy atea, pero firmaré porque no se debe ofender a nadie; hay que respetar las creencias de cada uno». Otro detalle: En ese tiempo, en una inauguración me encontré con el Sr. Álvarez del Manzano (exalcalde de Madrid) y, hablando con él, le comenté sobre la obra blasfema. Él ya lo sabía y estaba muy disgustado. Me dijo que lo habían invitado a un acto en dicho teatro y que no asistiría. Creo que esto dice mucho del Sr. Álvarez del Manzano.
Puede ser que alguien blasfeme porque no conoce al Padre… La falta de amor del hombre hacia Dios Padre, ¿podría tener su raíz en un desconocimiento profundo de la verdadera esencia de Dios, que no es otra que el amor? El hijo pródigo abandona a su padre porque, en realidad, no le ha llegado a conocer… La esencia de Dios es la misericordia, el amor sin límites…
El hijo pródigo vive inmerso en sus caprichos, está instalado en su ego, en sus placeres, en su yo; quiere buscar fuera lo que no da la felicidad. Quiere más y por eso se marcha, para satisfacer sus anhelos y deseos exclusivamente materiales. Es lo que le sucede —en parte— al hombre de hoy que se busca a sí mismo, sin pensar siquiera en el amor inmenso que Dios nos tiene; el “trepa” está sordo a Dios Padre, que tiene un corazón de carne y nos ama con una paciencia infinita… Decía S. Agustín: «Buscaba fuera lo que estaba dentro de mí”. Eso le pasa al hombre de hoy.
el misterio de la Redención de Cristo
Dios Padre, en cuanto tal, no “necesita” de nuestra “Reparación”… Que yo peque, que yo blasfeme o lo injurie no le quita al Padre ni un ápice de su dignidad, ni de su amor hacia mí. Vuestra “Reparación” por los pecados del hombre, ¿no irá ligada al miedo al castigo de Dios…?
Ni mucho menos. Va ligada al amor. Queremos amar a Dios con el latir de todos los corazones que aún no lo aman. Pedimos perdón por nosotros y por los pecados del mundo entero. Vivimos la “Reparación” como una prolongación de la de Cristo, que desde la cruz murió por todos nosotros —pobres pecadores— siendo inocente. Él y su madre, María, fueron los primeros reparadores. Nosotros continuamos lo que ellos empezaron…
Queremos ser verónicas y cirineos, pero con alegría, esperanza y mucho amor. El pecado, la blasfemia, los sacrilegios, etc. sí afectan a Dios, le roban la gloria externa que debemos darle como criaturas y como hijos suyos; al igual que a Jesucristo le afectaron nuestros pecados y sufrió por nuestros delitos y los de todos los hombres. De lo contrario, haríamos insensible a Dios, como si fuera indiferente a todo, y eso no es verdad; aunque no lo disminuimos como Dios, sin embargo, le afecta de otra manera. Es nuestro Padre y sufre… de lo contrario, pierde valor todo, y se echa por tierra el misterio de la Redención de Cristo.
La oración ante Jesucristo-Hostia, las eucaristías reparadoras buscan amar por el que no ama, darse por el que no se da, interceder, mediar por el que ahora está enfangado en la muerte del pecado… De alguna manera se trata de “llevar sobre los hombros el pecado del otro”. Llevar su carga…
Sí. Reparamos por el amor que tenemos a Dios. Se trata del santo temor de Dios porque el pecado es un mal para el que lo comete y para los demás, y lleva consigo el castigo eterno, el infierno, si no hay arrepentimiento.
¿Podría comentar la experiencia íntima de una persona orante ante Cristo Eucaristía? ¿Cómo es ese encuentro con el Señor, presente en el Sagrario?
Hay diversas clases de experiencias con Cristo Eucaristía; depende de la actitud o situación concreta en que vive la persona. Hablo de una experiencia personal: Si se está en una situación de sufrimiento o soledad, entonces la persona se limita a mirar la Cruz o a Jesús Eucaristía en silencio, sin palabras, solo mirándolo en ofrecimiento y abandono total. Y hay otras veces en las que se desborda la alegría, con cantos y alabanzas, o incluso también se da esta alegría en medio del sufrimiento… También puedo decir que ha habido algunas curaciones en “Amistad en Cristo”; el Señor ama mucho la espiritualidad de la “Reparación” y derrama abundantes gracias. Voy a mencionar la primera de ellas: le sucedió a Juanita, asociada nuestra. Ella ingresó en el hospital con grandes hemorragias y, cuando le dijeron que tenían que operarla, se colocó una estampa nuestra de la “Reparación” y se le cortó la hemorragia; no tuvieron que intervenirla, gracias a Dios.
la llave al corazón de Dios
¿Cómo cambia la vida de la persona que reconoce la dignidad de Jesucristo en Espíritu y en Verdad?
Cuando una persona reconoce a Jesucristo como Dios y como Hombre, y se entrega a Él, cambia toda su vida. En Él tiene a su mayor amigo y Señor, experimenta la plena confianza en Él, porque sabe que siempre lo ayudará y nunca le fallará.
¿Cómo llevar a las personas a Dios? ¿Cómo llevar al hombre a ese encuentro íntimo con el Dios de la Vida? ¿Cómo llevar a los católicos ante Dios… el Dios vivo… el Dios amante… el Dios del Sagrario?
Primero has de entrar tú en la Palabra, con ratos de oración largos, viviendo tu vocación como Dios te pide; luego buscas al hermano para llevarlo al Padre. Sin muchas palabras, con tu ejemplo, con fe, esperanza y amor, siendo tú sagrario vivo para que Él viva en ti y haga el milagro de la vida, porque la vida verdadera es Dios.
También el sufrimiento acompañado de la oración, con mansedumbre, sin rebelarte, unida a la cruz de Cristo, ayuda a llevar almas a Dios, devolviendo bien por mal. Dice la primera Carta de S. Pedro (3,17): «Mejor es sufrir por hacer el bien, que por hacer el mal, si Dios así lo dispone»
¿Necesitamos los creyentes la oración intensa ante el Señor Jesús, presente en la Sagrada Forma, para vivir el día a día con plenitud?
Por supuesto, es la mejor arma que tenemos. Jesucristo en la Eucaristía está vivo, y toda su vida —que pasó haciendo el bien— se nos comunica a nosotros para que la imitemos a través del Evangelio; debemos empaparnos de Él.
¿De qué cosas es capaz la contemplación del Misterio de Cristo Eucaristía? Benedicto XVI nos dejó dicho: “En la Iglesia, contemplación y acción deben integrarse”…
Es imposible el apostolado sin la oración contemplativa, debemos dejarnos amar por el Amado. La contemplación de Jesus Eucaristía da luz para ver también las necesidades del prójimo, y da fuerza para ayudar hasta el final sin desanimarnos. No olvidemos que la cruz es vertical y horizontal. Hacia Dios y hacia los hombres.
¿Hay algo de lo que quiera hablar, que no le haya preguntado?
Si, quisiera hacer referencia a las continuas comparaciones que se están haciendo entre los Papas anteriores y Su Santidad el Papa Francisco… Yo diría que en lugar de criticar tanto, como solemos hacer, entremos en nuestro interior con sinceridad y hagamos cada día examen de conciencia y confesión frecuente, para ser cada vez mejores, ya que todos somos Iglesia. Así contribuiremos a mejorar nuestro entorno, la Iglesia y el mundo entero. Termino con estas palabras de Jesucristo: «Al que me defienda aquí en la tierra, yo lo defenderé, delante de Mi Padre, que está en los Cielos». Y no olvidemos que Dios vomita a los tibios… Los santos tenían horror a la tibieza.
“Él, la tarde de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice: Vosotros sois testigos de todo esto. Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos a Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado a ellos para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo. Podemos preguntarnos: pero, ¿quién es el testigo? El testigo es uno que ha visto, que recuerda y cuenta. Ver, recordar y contar son los tres verbos que describen la identidad y la misión. El testigo es uno que ha visto, con ojo objetivo, ha visto una realidad, pero no con ojo indiferente; ha visto y se ha dejado involucrar por el acontecimiento. Por eso recuerda, no solo porque sabe reconstruir en modo preciso los hechos sucedidos, sino también porque aquellos hechos le han hablado y él ha captado el sentido profundo. Entonces el testigo cuenta, no de manera fría y distante sino como uno que se ha dejado poner en cuestión, y desde aquel día ha cambiado de vida. El testigo es uno que ha cambiado de vida. El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continúa conversión en la Penitencia.” (Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).
ALELUYA!! ALELUYA!! ALELUYA!! Mis hermanos en Cristo. Que alegría🎼🎼 con un canto de Alabanza te damos gracias Señor🎼🎼 nos has abierto las puertas del Cielo para que ninguno nos perdamos por los caminos de este mundo y un día vayamos todos al AMOR DE LOS AMORES. Allí nos esperas junto a Tu Madre S. José y la TRINIDAD SANTÍSIMA con todos los Santos y Ángeles.
Reina del cielo ¡alégrate, Aleluya! Porque el Señor a quien has merecido llevar , aleluya, ¡Ha resucitado!
Cristo Vive , El Amor ha triunfado
Que El Señor resucite en nuestros corazones Que la esperanza y la alegría envuelva nuestras vidas y así contagiar a los demás. Feliz Domingo de Resurrección hermanos y Sacerdotes todos
Nuestro pobre corazón late con fuerza porque el Amor es más fuerte que la muerte. La resurrección de Cristo es autentica esperanza para una vida en la que podremos amar y ser amados. GRACIAS, GRACIAS GRACIAS¡ DIOS DE MISERICORDIA. GRACIAS Y PERDON ❤🔥
Concha Puig
Evangelio según San Juan 20, 1-9 El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces, entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que El había de resucitar de entre los muertos.
¡Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del Cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación! Con estas palabras inicia el maravilloso Pregón pascual que el diácono canta, emocionado, la noche solemne de la Vigilia de la resurrección de Cristo. Y todos los hijos de la Iglesia, diseminados por el mundo, explotan en júbilo incontenible para celebrar el triunfo de su Redentor. Por fin ha llegado la victoria tan anhelada ! En una de las últimas escenas de la película de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, tras la muerte de Jesús en el Calvario, aparece allá abajo, en el abismo, la figura que en todo el filme personifica al demonio, con gritos estentóreos, los ojos desencajados de rabia y con todo el cuerpo crispado por el odio y la desesperación. Ha sido definitivamente vencido por la muerte de Cristo! En este sentido es verdad –como proclamaba Nietzsche- «que Dios ha muerto». Pero ha entregado libre y voluntariamente su vida para redimirnos, y con su muerte nos ha abierto las puertas de una vida nueva y eterna.
Es muy sugerente el modo como Franco Zeffirelli presenta la escena de la resurrección en su película «Jesús de Nazaret». Los apóstoles Pedro y Juan vienen corriendo al sepulcro, muy de madrugada, y no encuentran el cuerpo del Señor. Luego llegan también dos miembros del Sanedrín para cerciorarse de los hechos, y sólo hallan los lienzos y el sudario, y el sepulcro vacío. Y comenta fríamente uno de ellos: Éste es el inicio!». Sí. El verdadero inicio del cristianismo y de la Iglesia. De aquí arrancará la propagación de la fe al mundo entero. Porque la Vida ha vuelto a la vida. Cristo resucitado es la clave de todas nuestras certezas. Como diría Pablo más tarde: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados… Pero no. Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen(I Cor 15, 14.17.20). En Él toda nuestra vida adquiere un nuevo sentido, un nuevo rumbo, una nueva dimensión: LA ETERNA
Estoy en silencio… un silencio en el que algo pasa… se oye el silencio, se siente el silencio… Cuando Tú me llevas al silencio, algo de mí se pierde en Ti… y quedo menos yo, y quedas más Tú… Es un silencio cálido que todo lo envuelve… «Desconectar los hilos de mi voluntad: pertenecerte… Desconectar los hilos de mi mente: pertenecerte… Desconectar los hilos de mis ídolos, mis afectos, pertenecerte… Estar ahí, junto a Tú Corazón… alimentarme de Tú Palabra, de Tú Voluntad… Pasar contigo por los caminos que me conducen a Ti… En Ti Jesús está todo… Descúbreme los velos que me separan de Ti… y condúceme a la muerte necesaria para vivir en Ti… Que en mi camino, que es el Tuyo, arrastre a cuántos encuentre en él.