Señor, desde que te conozco…

«Como bajan la lluvia y la nieve desde el cielo, y no vuelven allá sino después de empapar la tierra, de fecundado y hacerla germinar, para que de semilla al sembrador  y pan al que come, así será mi Palabra que sale de mi boca: no volverá a mí vacía, sino que cumplirá mi deseo y llevará a cabo mi encargo» Isaías 55,10-11

     SEÑOR, desde que te conozco, me has hecho comprender desde tu Luz:

-Mi pequeñez, mi miseria…

-Tu grandeza, tu amor, tu salvación

-Mi pecado, mi ceguera, mi ingratitud, mi incomprensión…

-Tu ternura, tu delicadeza, tu Misericordia, tu paciencia…

-Mi egoísmo, mi agresividad…

-Tu morada, tu Madre, el Amor Trinitario, el Amor a los hermanos

-Te has hecho presente, Señor, curando mis llagas, mis heridas, y mostrándome con ello cómo debo amar: curando Señor las llagas de los otros, en lugar de descubrirlas cruelmente…

-Te has hecho presente mostrándome a mis hermanos como un regalo tuyo y como tal gozarme en ellos y recibirlos y amarlos…

-Me has hecho comprender que todo lo eterno es Gracia y que es lo único que tiene realmente importancia…

-Me has hecho ver y gustar que la vida no la quiero ni me pertenece si no es mirándote a Ti, viviendo en Ti por medio de tu Espíritu…

-Que tu Espíritu nos mueve, nos purifica, habita en nosotros, nos recrea de nuevo, nos llena de tu Amor y tu Presencia, nos hace contemplar tu Gloria y desearte solo a Ti…, desear tu Presencia, desear conocer y realizar únicamente Tu Voluntad… buscarte solo a Ti y gozarnos solo en Ti….

-Tu Amor, Señor,  tu Presencia, nos libra fundamentalmente del pecado, del demonio… Tú Señor no permites que la tentación traspase nuestras murallas, nos haces tuyos, ovejas de tu rebaño y nos rodeas con tu brazo y nos alimentas con tu Cuerpo, con tu Sangre, con tu Espíritu y nos conduces a tú Corazón y nos muestras el Amor Trinitario, la inhabitacion de las Tres Personas y cómo nosotros somos imágen de la Trinidad…

-Y nos llevas hacia María, tu Madre, que nos conduce más y más a Ti, porque todo hijo recién nacido necesita la protección de su madre, y nos haces sentir su presencia para que nos sintamos seguros…

-Señor, Tú nos vas mostrando nuestro interior, todo lo que hay en él para enviarnos tu Espíritu sanador y purificador, y nos haces vernos a nosotros mismos sin tapujos pero sin amargura… nos haces saber que tu Misericordia es infinitamente más fuerte y poderosa que todos nuestros pecados y miserias y nos muestras tu Amor constante y hasta el final, hasta la Humillación, el dolor, el sufrimiento y hasta ganar para nosotros tu Espíritu, porque nos conoces y sabes que sin Él quedaríamos encerrados en nuestra propia limitación, en nuestra propia carne…

-Tú Señor, con el poder de tu Espíritu nos vas vaciando de todo para poder habitar en nosotros, y en este vaciarnos nuestra voluntad se va asemejando a la tuya, de reducir todo a la Voluntad del Padre…

-Nos entregas tu Palabra para ser alimento de nuestra alma y para indicarnos tu Voluntad, y nos recreas en ella y por ella nos das la Paz y el Gozo…

-Y nos muestras tu Paz, no como la da el.mundo, y esa Paz nos la haces sentir hasta dentro, en nuestras propias entrañas, como si quisieras que formará parte de nuestro ser…

-Y nos muestras también cómo Tú eres el Camino cómo insertados en ti somos Camino con el Camino, y cómo «perdemos el ganado que antes seguíamos»…

-Tú Señor, nos haces sentir el gozo de pertenecerte sólo a Ti y de darnos a los demás, amarlos desde ti, y este gozo nos quiere dar a entender lo que será el gozo eterno de contemplarte y cantar y proclamar tu Gloria… y nos permites gozarnos en tu Santidad, y Adorarte y no desear otra cosa sino esta contemplación de tu Santidad y en Adoracion constante y permanente…

-Y nos muestras que la Fé es como el cordel para el alpinista  en el cual se apoya para subir más y más a tu Presencia… pero el cordel Tú también nos lo das…

-Y que la Esperanza es la visión de futuro como tiempo presente, en el gozo de que «todo se ha cumplido»…

-Y nos muestras la Unidad, cómo somos uno en tu Cuerpo, y cómo el dolor es compartido, y cómo podemos vivir en Comunión con los otros, y cómo duele no sólo nuestro pecado, sino también el de los otros, porque somos uno en Ti y sentimos en nosotros tus padecimientos por todos y cada uno; y también nos podemos gozar en el.Amor y el reflejo tuyo y tus dones en los otros y cómo podemos participar de ellos en Tu Santo Espíritu y alabarte uniendo nuestras voces y todo nuestro ser a todos los Santos y cuantos te conocen y te Aman…

-Y cómo Señor, ya no importa nada, cómo ya no nos miramos a nosotros mismos, ni siquiera a nuestros pecados, porque tenemos la mirada puesta en Ti y Tú eres el.unico que importa…

-Tú eres todo Señor, Tú eres Todo en todos… Tú eres el único, Tú eres el Cordero degollado ante quién me arrodilló y ante quién no soy digna de levantar la vista… Solo Tú mirada me purifica y Tú Cruz me anima a dejarme salvar por Ti y desear Resucitar contigo para Alabarte, Bendecirte y darte Gracias eternamente…!!!

Señor, Tú lo puedes todo, haz que mis obras sean fruto del Amor que has puesto en mi corazón, para que todo en mí pueda gritar a una con los que te Aman que tuya es toda la Gloria y el Poder y el Amor y que sólo en Ti está la Vida  la Verdad y el Gozo eterno AMÉN

De una Adoradora de Amistad en Cristo

Reflexión al Evangelio del Domingo 5 de marzo

Qué alegría cuando me dijeron vamos….a nuestra cita maravillosa alrededor del Altar contemplando, enamorándonos, empapándonos, viviendo todos… en el Corazón de nuestro Dios y Señor ¿Hay algo más grande? Pidiendo los unos por los otros para convertir nuestra vida en un fuego de Amor que enciende, transforma y nos hace nuevos, ya que ese fuego es Tu AMOR Jesús amado.

Concha Puig

“No es para quedarse en una ámbula de oro que Jesús desciende todos los días del cielo, sino para encontrar otro cielo, el de nuestra alma, donde encuentra sus delicias”.
Santa Teresita del Niño Jesús.

Evangelio de hoy: San Mateo 17, 1-9
En aquel tiempo, Jesús tomó consigo a Pedro, a Santiago y a su hermano Juan y se los llevó aparte a una montaña alta. Se transfiguró delante de ellos, y su rostro resplandecía como el sol, y sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Y se les aparecieron Moisés y Elías conversando con él.
Pedro, entonces, tomó la palabra y dijo a Jesús: Señor, ¡qué bien se está aquí! Sí quieres, haré tres tiendas: una para ti, otra para Moisés y otra para Elías.»
Todavía estaba hablando cuando una nube luminosa los cubrió con su sombra, y una voz desde la nube decía: Éste es mi Hijo, el amado, mi predilecto. Escuchadlo.Al oírlo, los discípulos cayeron de bruces, llenos de espanto.
Jesús se acercó y, tocándolos, les dijo: «Levantaos, no temáis.» Al alzar los ojos, no vieron a nadie más que a Jesús, solo.
Cuando bajaban de la montaña, Jesús les mandó: «No contéis a nadie la visión hasta que el Hijo del hombre resucite de entre los muertos.»

Señor, ¡qué bien se está contigo!
Despierta este deseo en todos tus pobres hijos de necesitarte Jesus Amado, de desear estar contigo Adorándote y Reparando….y dejándonos amar por Ti….
QUÉ BIEN SE ESTA CONTIGO🔥
Pronto te recibiremos. ¡¡Qué alegría!!

Reflexión al Evangelio:

La TRANSFIGURACIÓN es para todos… cuando Jesús dice a Pedro, Juan y Santiago «no contéis lo que habéis visto y oído, hasta que yo resucite de entre los muertos», porque quién puede creer en Jesús, Hijo de Dios, sino por la revelación del Espíritu Santo que tras su Resurrección nos enviaría a cada uno, a su Iglesia…

Tantas veces hemos leído, escuchado el relato de la Transfiguración, así, como un relato-testimonio, hasta que nos ha sido Revelado en nuestro corazón, por el Espíritu Santo que habita en nosotros por el Bautismo, sí, pero después por haber escuchado y abierto la llamada de Jesús a nuestra puerta y así ha ido inundando todo nuestro ser de su Amor, su Luz, su Fuerza. Y nos ha ido Transfigurando en Él a los que hemos quedado «Atrapados» en ese Amor que nos introduce en el Amor Trinitario, en su manifestación en el Mont, en la Eucaristía, en la Elevación de nuestro corazón en medio de cada humana circunstancia que Dios nos pone delante en cada momento. Misterio que sólo el Espíritu Santo nos da a conocer. Como dice Benedicto XVI en su referencia a la Transfiguración «contemplar al Señor es, al mismo tiempo, fascinante y tremendo…» Cada uno de nosotros, sabemos por qué.

Rosario Aguilar

¡Feliz y Santo Domingo a todos!

«Ven en mi ayuda»

VEN EN MI AYUDA, QUE ESTOY SOLA Y NO TENGO OTRO SOCORRO FUERA DE TI

“Todo ser humano procede de la mano de Dios, y todos sabemos algo del amor que Dios siente por nosotros. Sea cual sea nuestra religión, sabemos que si realmente deseamos amar hemos de aprender primero a perdonar, antes que cualquier otra cosa” (Santa Teresa de Calcuta)

Había un joven que iba a morir tras una larga enfermedad, pero no estaba en paz y luchaba contra la muerte. Una mujer le preguntó delicadamente si había algo que le retuviera, algo que ella pudiera intentar hacer para ayudarle, y él le dijo que quería ver a su padre. La mujer consiguió contactar con el padre, y cuando éste vino a verle, el padre abrazó a su hijo llorando:

  • ¡Hijo mío! ¡Mi querido hijo!
  • ¡Perdóname! ¡Perdóname!- le suplicó el hijo.
    Los dos se abrazaron con cariño. Unas horas más tarde el joven murió.

Cuando eres consciente de que estás necesitado de perdón, es más fácil perdonar, pero a su vez, debes sentirte perdonado para poder perdonar. El primero que perdona siempre es Dios, por grave que sea la falta. Lo único que tienes que hacer es pedirle perdón.

La confesión es un acto inmenso de amor. Es la humildad demostrada con hechos. El pecado te separa de Cristo con una brecha cada vez mayor. Cuando el amor está dividido, cualquier cosa puede llenar ese hueco. La confesión es el lugar donde permito que Jesús me vuelva a atraer hacia Él.

Padre Jesús Mateo


Libranos de la tibieza

ASÍ SERÁ MI PALABRA QUE SALE DE MI BOCA: NO VOLVERÁ A MÍ VACÍA (Isaías 55, 11)

La tibieza es una de las grandes losas que no nos dejan expandir la vida espiritual. Es la misma sensación de estar en una habitación muriéndonos de frío y no querer acercarnos al fuego que hay en la chimenea.

Cuanto más tienes, más debes al Señor. No puedes quedarte con un comportamiento frío de "no hacer": no mato, no robo, no hago mal; me comporto mejor que mucha gente, no falto a misa los domingos…". Bien… pero ¿y lo bueno que dejé de hacer?, ¿tengo presente a Dios en mi vida?, ¿me siento acompañado en todo momento por Jesús?

Debes tomar el rumbo de tu fe, con iniciativa, con creatividad. No llega al cielo el que no cometió mal, llega al cielo el que llenó de méritos el trono de nuestro Padre Dios. Tienes que empuñar esas armas poderosas que tienes: tus virtudes, para enfrentarte y salir victorioso. Frente a la tibieza: la fortaleza, la constancia, la perseverancia y la sabiduría. Siempre de la mano de María santísima y de tu ángel de la guarda.

Padre Jesús Mateos

Libranos Señor de la tibieza libranos!!

Acto de Reparación en la Cripta de la Almudena

Hoy jueves dia 2 de Marzo especialmente dedicado a nuestro S. José seguro que desde el Cielo impartirá una bendición especial para cada uno de nosotros.

☀️- Dia: Jueves 2 de Marzo
⛪ -Lugar: Cripta de la Almudena.
🕠 -Hora : 17,30h :
🌹Exposición del Santísimo,
🌹Rezo Sto. Rosario,
🌹Consagración al Sdo Corazón de Jesús, y
🌹Peticiones de REPARACIÓN.
⛪ -18,30: Santa Misa
⚡ Celebran Padre José Antonio Iniesta y Padre Carlos Melero

Invita a familiares y amigos.
Guardamos todos los protocolos Covid.

¡Te esperamos!

Indicaciones para meditar

Meditemos y despacio pues siempre será ayuda para crecer espiritualmente, Dios mío cuánto hay que mejorar para vivir en Tu Amor y para Tu Amor…
LA LEY DEL SEÑOR ES PERFECTA Y ES DESCANSO DEL ALMA (Salmo 18, 8).

Os dejamos unas indicaciones del Padre Jesús Mateos para hacer oración y meditar:

Es difícil hacer oración cuando no sabes, por eso debemos ayudarnos entre nosotros. Lo primero es ponerte delante de Dios en silencio, sin distracciones. Puede ser en tu cuarto, con la puerta cerrada, en la capilla, en el campo, o donde encuentres tranquilidad. Tienes que conseguir un silencio exterior, pero principalmente… un silencio interior. Así podrás unir tus pensamientos con los de Dios.

Puedes hablar con Dios Padre, Jesús o con el Espíritu Santo. Cada uno tiene algo que decirte. Cuando consigues vaciarte de ti mismo, permites que Dios ocupe ese lugar. Las almas de oración son almas de silencio. Con esta ausencia de ruido obtenemos una nueva perspectiva de las cosas. Lo fundamental no es lo que decimos, es lo que Dios nos dice. En ese silencio Él nos escucha y nos habla. Es ahí donde somos capaces de escuchar su voz. Una vez que has escuchado, estás preparado para hablar, con tranquilidad y calma, como hablarías con un amigo.

“Entonces el Señor pasó y un viento fortísimo conmovió la montaña y partió las rocas delante del Señor, pero el Señor no estaba en el viento. Detrás del viento, un terremoto, pero el Señor no estaba en el terremoto. Detrás del terremoto, un fuego, pero el Señor no estaba en el fuego. Detrás del fuego, un susurro de brisa suave” (1Re 19, 11-12) Ahí estaba Dios.

Señor, que no seamos, ni terremoto, ni vendaval, ni fuego abrasador. Que seamos esa brisa junto a Ti. Que sepamos escucharte en esa «brisa suave».

Padre Jesús Mateos


Reflexión miércoles de Ceniza

El gesto de cubrirse con ceniza tiene el sentido de reconocer nuestra propia fragilidad y mortalidad, que necesita ser redimida por la misericordia de Dios. La Cuaresma debe ser una VERDADERA PREPARACION para que con “las armas cuaresmales” (la oración, el ayuno y la limosna) emprendamos la reconciliación con Dios y con los hermanos. Nos recuerda el Martirologio Romano, he aquí que vienen días de penitencia para la remisión de los pecados, para la salvación de las almas (elog. del Mart. Rom.).

Evangelio de San Mateo 6, 1-6. 16-18
 «Cuidad de no practicar vuestra justicia delante de los hombres para ser vistos por ellos; de lo contrario no tenéis recompensa de vuestro Padre celestial.
Por tanto, cuando hagas limosna, no mandes tocar la trompeta ante ti, como hacen los hipócritas en las sinagogas y por las calles para ser honrados por la gente; en verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando hagas limosna, que no sepa tu mano izquierda lo que hace tu derecha; así tu limosna quedará en secreto y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.
Cuando oréis, no seáis como los hipócritas, a quienes les gusta orar de pie en las sinagogas y en las esquinas de las plazas, para que los vean los hombres. En verdad os digo que ya han recibido su recompensa.
Tú, en cambio, cuando ores, entra en tu cuarto, cierra la puerta y ora a tu Padre, que está en lo secreto, y tu Padre, que ve en lo secreto, te lo recompensará.
Cuando ayunéis, no pongáis cara triste, como los hipócritas que desfiguran sus rostros para hacer ver a los hombres que ayunan. En verdad os digo que ya han recibido su paga.
Tú, en cambio, cuando ayunes, perfúmate la cabeza y lávate la cara, para que tu ayuno lo note, no los hombres, sino tu Padre, que está en lo escondido; y tu Padre, que ve en lo escondido, te recompensará». Amen

Señor, hoy que inicia la Cuaresma te imploro me ayudes a vivirla animado por una fe más auténtica, más firme, con una mayor pureza de intención y, por la esperanza que la anima, busque crecer en el amor.
Que tu gracia me guíe para aprovechar todos los medios espirituales que me ofreces a través de nuestra Madre, la Iglesia. Señor, dame la gracia de convertirme a Ti con todo mi corazón, recordando que polvo soy.

Concha Puig


 

El sueño de Dios

El otro día leyendo a María Zambrano, una filósofa y pensadora del siglo XX, me sorprendió una frase que decía: “somos sombras del sueño de Dios”. 

Y no había caído en la cuenta de que sí, hemos sido soñados por Dios, y en nuestro interior está esa semillita del sueño, pero es una semilla pequeña, casi recién plantada. 

Y como quien cuida un jardín repleto de flores que son flores delicadas y de una gran elegancia, así hemos de cuidar esta semilla. Ya de esto hablaba Santa Teresa de Jesús, cuando comparaba el alma con un jardín.

De nosotros depende la transformación que tome esta semilla. De nosotros depende en qué se vaya a convertir. 

Cada uno es jardinero, de nuestra alma y del sueño que hay en nosotros. Hay jardineros algo despistados, que llenan su corazón de cosas que impiden que el sueño de Dios tenga espacio en ellos. Es como cuando llenamos un cajón de objetos para nosotros importantes pero que son innecesarios. Y entonces, tantos objetos asfixian este Sueño, le arrinconan en un espacio y no hay forma de que crezca y se expanda. 

Hay otros jardineros que funcionan de forma intermitente. De vez en cuando la cuidan y se convierte en una planta grande y bella pero otras veces, la distracción del mundo hace que la planta se vuelva pequeña y la semilla del amor a Dios que todos tenemos no crezca. 

Pero la grandeza de ser semilla es que siempre está la oportunidad de volver a nacer. Cada día. Y esa es la mayor belleza. La posibilidad cada día de acercarse a Dios. De empaparse de él a través de los sacramentos, de convertirse en esa planta fuerte y bella a la que estamos llamados a Ser a través de su Gracia. La posibilidad de volver a convertirse en ese sueño que Dios tiene para cada uno de nosotros. 

María Zambrano, sigue su explicación diciendo que “se puede desnacer al traicionarlo, y borrar de esta forma lo que Él quiso que fuera”. Yo esto lo entiendo como el pecado, que no es otra cosa que hacer daño a Cristo haciéndonos daño a nosotros mismos. Al “desnacer” como dice Zambrano, se refiere al no recomenzar, a no crecer interiormente, incluso a morir en el sentido espiritual. Puede que a Dios una de las cosas que más le duelen es ver cómo hemos abandonado la lucha, porque muchas veces lo es, por cultivar la semilla que plantó dulce y cuidadosamente en nuestra alma. 

Podemos ver que en la teoría es fácil entenderlo, pero en la práctica esto resulta muy complicado ¿Cómo saber qué cosas, personas, ambientes, incluso libros, películas… asfixian esta semilla? ¿Y cómo cuidarla y cultivarla?

Yo intentaré responder desde la experiencia, desde la experiencia más humana y cotidiana que me susurra Cristo y el Espíritu Santo.

Hace poco, hablando con un sacerdote me reveló una forma esencial para comprobar si verdaderamente el camino en el que estaba me hacía bien. Me citó un pasaje del Evangelio: “por sus frutos lo conoceréis” (Mt 7, 15-20).

Y realmente, basta con comprobar los frutos que algo deja en tu corazón para intuir si te hace bien o si por el contrario te hace mal. Si te ayuda a cultivar esa “sombra de sueño” de la que hablamos o si cada vez impide que te acerques a ella. El alma es sabia y nos advierte. Y si algo deja posos de tristeza en tu corazón, es motivo para que lo valores y lo hables en la oración con el Señor. Porque la luz de Cristo basta para identificar si algo no es bueno para nosotros.

Muchas veces Dios nos reta. Y quizá como a Pedro el Jueves Santo que le preguntaron tres veces si no era apóstol de Jesús y tres veces lo negó, nos da la libertad para elegirlo a Él o no, para seguir el bien o el mal. Son tentaciones que hay a nuestro alrededor, porque Cristo nos quiere fuertes en la fe, nos quiere convencidos y apasionados por Su amor. 

Esta renuncia, que son momentos decisivos donde decidimos elegir a Cristo antes que a otras cosas que nos alejan, es evidente que supone un gran esfuerzo. Pero consiste en llenarse de Gracia de Dios y ofrecer todo aquello que nos cuesta. De esta forma nos negamos a nosotros mismos, porque estamos negando al cuerpo algo que le satisface. Pero estamos afirmando a Cristo y dejando que entre en nosotros su Amor y su Belleza, de esta forma, nuestra alma podrá relucir de alegría. Decir a Cristo un “sí” libre nos colma de paz y de felicidad. 

Cuando estuve viviendo en Italia, una de mis amigas de la residencia me dijo: “te deseo un amor a Cristo tan grande que queme todo lo que hay a tu alrededor”. Al leer esta frase pienso que si vivimos verdaderamente el amor de Cristo amaremos como Él ama, miraremos, perdonaremos y venceremos al mal como Él lo hace. 

Para identificar si algo afecta negativamente a nuestro interior, es importante preguntarnos si aquello nos hace daño en tres niveles diferentes: queremos menos a los demás, estamos más ensimismados en nosotros y menos pendientes de nuestro entorno y sus necesidades; nos hace querernos menos o desordenadamente y lo más importante, estamos más alejados de Cristo. 

“Nacer es pretender hacer real el sueño”, continúa la filósofa. Y Cristo, en cada amanecer, nos anima a acercarnos a Él, a que se cumpla Su promesa en nuestra vida, a que nazcamos en cada Eucaristía, en cada sonrisa que dedicamos a los demás, en cada rato de calidad que dedicamos a los necesitados, a nuestros seres queridos… Que nuestra vida se llene de momentos que nos hagan nacer, no morir. 

A mí me ayuda rezar al Espíritu Santo y comenzar el día encomendada a Él, para que me inspire los caminos que me llevan a la verdadera Belleza. 

Beatriz Azañedo, joven de Amistad en Cristo.

Artículo publicado en: https://www.tolkian.com/

Cuarto Domingo de San José

Cuarto dolor: Simeón los bendijo, y dijo a María, su madre: Mira, éste ha sido puesto como signo de contradicción para que se descubran los pensamientos de muchos corazones (Lc 2, 34-35).

Cuarto gozo: Porque han visto mis ojos tu salvación, la que preparaste ante todos los pueblos; luz para iluminar a las naciones (Lc 2, 30-31).

DESPUÉS DE LA ANUNCIACIÓN del ángel a María, la tradición cristiana ha identificado una anunciación similar a José: «Hijo de David, no temas recibir a María, tu esposa, porque lo que en ella ha sido concebido es obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados» (Mt 1,20-21). El santo patriarca estuvo «siempre dispuesto a hacer la voluntad de Dios manifestada en su ley y a través de los cuatro sueños que tuvo»[1]. El hecho de que José haya escuchado los designios divinos mientras dormía, y los haya puesto rápidamente en práctica, nos habla de su sintonía permanente con Dios; es una manifestación de que la vida contemplativa nos lleva normalmente a descubrir los planes buenos del Padre y a querer asociarnos a ellos de manera magnánima. Este modo de proceder es el fundamento de la obediencia al Señor. De hecho, la palabra «obedecer» viene justamente de esa capacidad de escucha –ob audire–, de esa capacidad de oír de manera inteligente lo que otro tiene que decirme; en este caso, es Dios quien introduce a José en la grandeza de su obra misericordiosa de salvación.

Por eso, la obediencia está muy lejos del cumplimiento ciego. Un requisito para obedecer, en toda su riqueza, es saber escuchar, tener el espíritu abierto; solo el que piensa puede ser obediente. San Josemaría reflexionaba en estos términos durante una homilía del año 1963: «La fe de José no vacila, su obediencia es siempre estricta y rápida. Para comprender mejor esta lección que nos da aquí el Santo Patriarca, es bueno que consideremos que su fe es activa, y que su docilidad no presenta la actitud de la obediencia de quien se deja arrastrar por los acontecimientos. Porque la fe cristiana es lo más opuesto al conformismo, o a la falta de actividad y de energía interiores. José se abandonó sin reservas en las manos de Dios, pero nunca rehusó reflexionar sobre los acontecimientos, y así pudo alcanzar del Señor ese grado de inteligencia de las obras de Dios, que es la verdadera sabiduría»[2].

En las páginas del Antiguo Testamento encontramos varias veces que Dios habla en sueños; sucede, por ejemplo, con Adán, Jacob o Samuel. Son testimonios de personas que han querido estar en constante diálogo divino, han dejado que Dios les hablase en todas las circunstancias. Y esos sueños son también una muestra de que, a través de la auténtica obediencia, podremos captar nuevas dimensiones de la existencia, nuevos nombres, lugares y planes.


SABEMOS QUE DIOS nos habla; sabemos que está a nuestro lado y que nos convoca sin cesar para que nos unamos a su amor –con todo lo que somos– a través de situaciones muy concretas. El Señor se dirige a nosotros cada día, cada momento, a través de las personas que nos rodean y de los sucesos que atravesamos. En todo se esconde parte del plan divino que podemos personalmente descubrir y desarrollar. Una plegaria que Jesús repitió por lo menos dos veces al día, según las enseñanzas judías, era la oración Shemá Israel, que comienza así: «Escucha, Israel: el Señor es nuestro Dios» (Dt 6,4). Entonces y ahora, lo primero será percibir esa voz divina que nos llama. «San José, como ningún hombre antes o después de él, ha aprendido de Jesús a estar atento para reconocer las maravillas de Dios, a tener el alma y el corazón abiertos»[3].

Para oír la voz de Dios debemos aprender a hacer silencio, sobre todo interior. La Sagrada Escritura nos dice que el profeta Elías no escuchó a Yahvé en el viento poderoso, ni en terremoto, ni en el fuego, sino en «un susurro de brisa suave» (1R 19,12). La vida de oración requiere que acallemos las voces que nos distraen para poder escuchar a Dios y también a nuestra voz interior, para compartir allí nuestros deseos o capacidades. En esa intimidad descubrimos quiénes somos, aprendemos a entrar en diálogo con la voz de Dios y a identificarnos con ella.

Los evangelistas no nos han dejado constancia de ninguna de las palabras pronunciadas por san José, pero sí conocemos sus acciones, que son fruto de la obediencia a Dios, de aquella escucha inteligente y de ese diálogo en la intimidad de su alma. «El silencio de san José no manifiesta un vacío interior, sino, al contrario, la plenitud de fe que lleva en su corazón y que guía todos sus pensamientos y todos sus actos»[4]. Esta actitud del patriarca fue la que hizo posible que, a partir de aquellos cuatro sueños, Dios pudiera orientar el rumbo de su vida. El recogimiento y la sensibilidad de José para detectar los planes divinos hizo que pudiera custodiar a María y a Jesús de los peligros y conducirlos a lugares más seguros. También nosotros podemos fomentar esta actitud de silencio y escucha para acercar a nuestra vida la voz y los proyectos de Dios.


A SAN JOSEMARÍA le gustaba decir que en el Nuevo Testamento hay dos frases que, en muy pocas palabras, resumen lo que fue la vida de Jesús. Por un lado, san Pablo nos dice que Jesús fue «obediente hasta la muerte, y muerte de cruz» (Flp 2,8); por otro lado, el evangelio de san Lucas dice que Jesús «vino a Nazaret y les estaba sujeto» (Lc 2,51), refiriéndose a su crecimiento en el hogar de María y José. En ambos pasajes notamos que el Señor realizó su plan de salvación obedeciendo por amor a Dios Padre y a su familia terrena. San Juan Pablo II notaba que «esta obediencia nazarena de Jesús a María y a José ocupa casi todos los años que él vivió en la tierra, y constituye, por tanto, el período más largo de esa total e ininterrumpida obediencia (…). Pertenece así a la Sagrada Familia una parte importante de ese divino misterio, cuyo fruto es la redención del mundo»[5].

En el ambiente familiar, con las personas que convivimos cada día, es donde aprendemos a escuchar y a obedecer, dentro de los planes de amor de Dios. Allí todos están en sintonía porque cada uno busca sinceramente el bien del otro. En la familia se experimenta el servicio mutuo, aprendemos a escuchar, a descubrir lo que conviene a todos. La obediencia es fruto del amor. Podemos imaginar con qué delicadeza José daría indicaciones a Jesús. Y, al mismo tiempo, podemos pensar cómo el Verbo encarnado desearía comprender y llevar a cabo, grata y gustosamente, lo que decía su padre terreno. En realidad «los tres miembros de esta familia se ayudan mutuamente a descubrir el plan de Dios. Rezaban, trabajaban, se comunicaban»[6].

Jesús habrá visto tantas veces el modo de desenvolverse de José en los años de Nazaret: hombre obediente por la fe. El santo patriarca obedeció y, de esa manera, anticipó la obediencia de Jesús hasta la cruz. La Sagrada Familia es una escuela en la podemos aprender que escuchar a Dios y asociarnos a su misión son dos caras de una misma moneda. Así comprenderemos «la fe de san José: plena, confiada, íntegra, manifestada en una entrega eficaz a la voluntad de Dios, en una obediencia inteligente»[7].

«Eres Tú el que me levantas de mi propio barro»

Siempre he querido identificarme con el SAMARITANO que no pasa de largo (sin conseguirlo), que ve desde la distancia al hombre herido y se agacha para decirle al oído que le AMA… que le cura de sus heridas… y que se hace cargo de todos los gastos de su cuidado, que no lo deja sólo, hasta que El VUELVA…

Siempre he querido, he hecho esfuerzos, por verme en la persona del SAMARITANO, sin conseguirlo… Ahora me lo has dado a conocer, y es que yo soy el que está tendido en el suelo, herido, sin nada… Y eres Tú Jesús el que viéndome ahí y compareciente de mí pobreza, mi impotencia, mi nada, te arrodilla, te abejas para llegar a mi estado de invalidez, mi nada y me levantas del barro, del barro del camino y de mi propio barro… y me curas mis heridas, y me sanas de mi ceguera… y me entregas a tu familia, la Iglesia, y les encargas de mi cuidado hasta que «YO VUELVA».

Y aunque tarde Señor, «te doy las Gracias, porque Tú eres el Amor que habita en la Trinidad, porque Tú eres nuestra Luz… «Y la Luz brilla en las tinieblas, y a los que la recibieron les da el poder de ser Hijos de Dios, y por tanto Herederos de su Gloria Eterna…»!!


Rosario Aguilar