Reflexión al Evangelio del Domingo 11 de diciembre

Buenos días mis hermanos en Cristo. Que alegría cuando me dijeron vamos a nuestro encuentro semanal alrededor del Altar pidiendo los unos por los otros, ya sabéis la unión…
Te damos gracias Padre nuestro por el don de nuestra FE que nos lleva a buscarte humildemente en la oración íntima cuando nos dejamos amar por Ti ¡que bien se está contigo Señor!, danos un corazón abierto a las inspiraciones de tu Santo Espíritu, haznos sencillos y humildes de corazón pues asi nos quieres Tu Jesús amado para ser todos Tuyos y cumplir con amor nuestros deberes de cada dia.

Enseñanos a confiar en la Providencia cada día, poniendo en Tus manos todo es la forma de tener paz y nunca perder la esperanza y la alegría santa.

Por nuestra Iglesia que jamás se desvíe…. Con nuestra Madre, S. José y nuestron Angel Custodio. Gracias y perdón

Concha Puig

EVANGELIO
(San Mateo 11, 2-11)
“En aquel tiempo, Juan, que había oído en la cárcel las obras del Mesías, le mandó a preguntar por medio de sus discípulos: «¿Eres tú el que ha de venir o tenemos que esperar a otro?»
Jesús les respondió: «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los inválidos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y a los pobres se les anuncia el Evangelio. ¡Y dichoso el que no se escandalice de mí!»
Al irse ellos, Jesús se puso a hablar a la gente sobre Juan: «¿Qué salisteis a contemplar en el desierto, una caña sacudida por el viento? ¿O qué fuisteis a ver, un hombre vestido con lujo? Los que visten con lujo habitan en los palacios. Entonces, ¿a qué salisteis?, ¿a ver a un profeta? Sí, os digo, y más que profeta; él es de quien está escrito: «Yo envío mi mensajero delante de ti, para que prepare el camino ante ti.» Os aseguro que no ha nacido de mujer uno más grande que Juan, el Bautista; aunque el más pequeño en el reino de los cielos es más grande que él.»

Reflexión para el día de la Inmaculada Concepción

«Si el enemigo maligno los tienta y les impide invocar a Dios y a María, no se preocupen y no dejen de alabarlos y rezar, pero con más fervor invoquen a María, saluden a María, piensen en María, nombren a María, honren a María, inclínese ante María, recomiéndese a María.

Permanezcan en casa con María; guarden silencio con María, disfruten con María; sufran con María, trabajen con María; velen con María, oren con María; caminen con María; busquen a Jesús con María, estrechen entre sus brazos a Jesús con María, estén junto a la Cruz de Jesús con María, lloren con María; anhelen vivir con Jesús y con María». La Imitación a María, Thomas de Kempis

En este cuadro de la Inmaculada, del pintor Zurbarán, aparecen alrededor de la Virgen imágenes de las letanías: Espejo de justicia, Torre de Marfil y unas escaleras como el símbolo de Puerta del Cielo. El sol simboliza a Dios y la luna que hay a sus pies, a la Virgen, ya que la luna siempre gira entorno al sol.

Que en este día de la Virgen, como nos dice Thomas de Kempis, hagamos todo con María y giremos entorno a nuestro Padre, como hace la Virgen, buscando siempre la luz que desprende.

Oración de la mañana

Oración de la mañana.

Señor, en el silencio de este día que comienza, vengo a pedirte la paz, la prudencia, la humildad, la fuerza.
Hoy quiero mirar al mundo con ojos llenos de amor, ser paciente, comprensivo, dulce y prudente.
Ver por encima de las apariencias a tus hijos como Tú mismo los ves y así no ver más que el bien en cada uno de ellos.
Cierra mis ojos a toda calumnia, guarda mi lengua de toda maldad, que sólo los pensamientos caritativos permanezcan en mi espíritu, que sea benévolo y alegre, que todos los que se acerquen a mí sientan tu presencia.
Revísteme de Ti, Señor, y que a lo largo de este día yo te irradie.
Así sea.

Retiro de Adviento el próximo sábado 10 de diciembre

Dejemos un ratito en nuestro ajetreada vida para reflexionar y desconectar de las preocupaciones y problemas del día, y prepararnos en este Adviento a la gran llegada del Señor, que se hace Niño para habitar entre nosotros.

Te invitamos desde Amistad en Cristo a este retiro que tendrá lugar el próximo sábado 10 de diciembre de 10 h. a 14 h. y a media mañana tendremos un café con pastas para estar todos juntos.

¡¡Te esperamos!!

Reflexión al Evangelio del Domingo 4 de diciembre

Qué alegría cuando me dijeron…
Nuestro encuentro SEMANAL alrededor del Altar, no olvidemos nunca que la unión hace la fuerza y más cuando esta UNIÓN es desde el corazón de DIOS, qué maravilla!! ¿Lo vivimos y nos damos cuenta de cuanto Amor derrama nuestro Jesús amado?Abramos nuestros corazones de par en par y pidamos gracias de CONVERSIÓN y FIDELIDAD para ser valientes y humildes como fue San Juan Bautista, revivamos hoy también nuestro BAUTISMO. Ven Espíritu Santo y derrama el Fuego de Tu Amor.

El compartir el pan eucarístico con los hermanos de la comunidad eclesial nos impulsa a convertir “con prontitud” el amor de Cristo en generoso servicio a los hermanos. Benedicto XVI (Mensaje, 27 de enero).

Concha Puig

Lectura del santo evangelio según san Mateo (3,1-12):

Por aquel tiempo, Juan Bautista se presentó en el desierto de Judea, predicando: «Convertíos, porque está cerca el reino de los cielos.»
Éste es el que anunció el profeta Isaías, diciendo: «Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor, allanad sus senderos.»»
Juan llevaba un vestido de piel de camello, con una correa de cuero a la cintura, y se alimentaba de saltamontes y miel silvestre. Y acudía a él toda la gente de Jerusalén, de Judea y del valle del Jordán; confesaban sus pecados; y él los bautizaba en el Jordán.
Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo: «¡Camada de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión. Y no os hagáis ilusiones, pensando: «Abrahán es nuestro padre», pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras. Ya toca el hacha la base de los árboles, y el árbol que no da buen fruto será talado y echado al fuego. Yo os bautizo con agua para que os convirtáis; pero el que viene detrás de mí puede más que yo, y no merezco ni llevarle las sandalias. Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego. Él tiene el bieldo en la mano: aventará su parva, reunirá su trigo en el granero y quemará la paja en una hoguera que no se apaga.»

Reflexión del Evangelio del Domingo 27 de diciembre

Que alegría cuando me dijeron, vamos hoy nuestra cita semanal alrededor del Altar, uniendo nuestros corazones …. Empezamos este precioso tiempo de Adviento, décimos nuevamente «hágase»… Decir hágase, como María, es decir si al Espíritu Santo… dejarle que «conciba» a Jesús en nosotros… abandonarnos a su acción en nosotros… ¿Acaso no es lo mismo el hecho de quedarse en nosotros en la Eucaristía… ? Unirse tan íntimamente con nosotros al comulgar y que esto nos vaya configurando con ÉL y en El, en un mismo Cuerpo, en un mismo Espíritu? decimos desde lo más profundo de nuestro ser: Proclama mi alma la grandeza de Dios, se alegra mi espíritu en Dios mi Salvador…? No es María la que abre para nosotros un Cielo nuevo y una tierra nueva…? No es la Justicia y la Misericordia el «mana» que nos alimenta, que realiza el crecimiento de Jesús en nosotros…? Y no vemos como Dios hace obras grandes en mí, en mi Iglesia, No tengamos miedo hermanos, porque nos asiste la Gracia del Espíritu… Porque qué otra cosa es «hallar Gracia delante del Señor, sino ser humildes y ofrecernos para que Dios haga obras grandes en mi en ti en nosotros y así «Proclamar continuamente, con cada latido de nuestro corazón, la Grandeza de Dios… MARANATHA, Ven Señor Jesús…!!!

Concha Puig

Lectura del santo evangelio según san Juan (20,2-8):

El primer día de la semana, María Magdalena echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien tanto quería Jesús, y les dijo: «Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto.»
Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo; pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó.

Con los pies de barro

Una de las lecturas que la liturgia propone es un pasaje del Libro de Daniel. El rey había tenido un sueño que le había producido una extremada inquietud, sin que luego recordara su contenido. Daniel, con la ayuda divina, conoce el sueño, lo relata al rey y lo interpreta: Tú mirabas -le dice el Profeta a Nabucodonosor- y, estabas viendo una gran estatua. Era muy grande y de un brillo extraordinario… La cabeza de la estatua era de oro puro; su pecho y sus brazos, de plata; su vientre y sus caderas, de bronce; sus piernas, de hierro, y sus pies, parte de barro y parte de bronce. Entonces, una piedra, no lanzada por mano de hombre, se desprendió y dio sobre los pies de la estatua, y quedó destrozada. Todo se vino abajo: el oro, la plata, el bronce, el hierro y el barro se desmenuzaron juntamente y fueron como tamo de las eras en verano; se los llevó el viento… Nada quedó de la estatua.

Tenemos los pies de barro, como esa estatua de la que habla el Profeta Daniel, y, además, la experiencia del pecado, de la debilidad, de las propias flaquezas, está patente en la historia del mundo y en la vida personal de todos los hombres. «Nadie se ve enteramente libre de su debilidad y de su servidumbre, sino que todos tienen necesidad de Cristo, modelo, maestro, salvador y vivificador». Cada cristiano es como una vasija de barro11, que contiene tesoros de valor inapreciable, pero por su misma naturaleza puede romperse con facilidad. La experiencia nos enseña que debemos quitar toda ocasión de pecado. Es esta una muestra de sabiduría, porque «puestos en ellas, no hay que fiar donde tantos enemigos nos combaten y tantas flaquezas hay en nosotros para defendernos».

El Señor, en su misericordia infinita, ha querido que esta fragilidad propia sea para nuestro bien. «Dios quiere que tu miseria sea el trono de su misericordia, y tu impotencia la sede de todo su poder». En nuestra debilidad resplandece el poder divino, y es un medio, quizá insustituible, para unirnos más al Señor, que nunca nos deja solos. Enseña a mirar con comprensión a nuestros hermanos que quizá estén pasando una mala época, pues –como enseña San Agustín– no hay falta o pecado que nosotros no podamos cometer. Y si aún no lo hemos cometido se debe a la misericordia divina, que nos ha preservado de ese mal.

Acudamos a Jesús, llenos de confianza: «Señor, que no nos inquieten nuestras pasadas miserias ya perdonadas, ni tampoco la posibilidad de miserias futuras; que nos abandonemos en tus manos misericordiosas; que te hagamos presentes nuestros deseos de santidad y apostolado, que laten como rescoldos bajo las cenizas de una aparente frialdad…

»—Señor, sé que nos escuchas. Díselo tú también»

Francisco Fernández Carvajal, Hablar con Dios

La riqueza de los más pobres

Celebrando el «Día de los Pobres»… ¡¡Los Pobres!!! ¿¿Quién sabe algo de los pobres, sino aquellos que son pobres…?? Y qué sabemos la mayoría de nosotros de los pobres porque sólo vemos su pobreza, no vemos la persona, el corazón que habita en su pecho…, en cómo se siente ante nuestra mirada, nuestra presencia, -los que un día salimos de ahí, o los que nunca han conocido el hambre, la suciedad, el cielo por techo…- y la mirada puesta en aquello que anhela, que le atrae más allá de la barrera de su cuerpo… sometido al capricho del tiempo, de la suerte… ¿de la suerte?… El pobre normalmente nada posee, por eso está disponible, alerta… Su alma busca lo que con el cuerpo no puede obtener… así que muy pronto sabe que «tiene alma», y que su alma no es visible a los ojos curiosos de nadie, ni siquiera a los propios… Pero su alma percibe mensajes, sentimientos, luces… que sólo él sabe descifrar… será por llenar su pequeño espacio de eso que no encuentra para su cuerpo… Y poco a poco, escuchando su alma, o el latir de su cerrazón -no sabe muy bien-, va anotando todo de los acontecimientos, acumulando así una especie de sabiduría con la que va creciendo… para, poco a poco, VER SU ROSTRO… el Rostro que le sigue y le guía, el Rostro que le agarra fuerte para que siga sus huellas que le hablan de Bondad y Belleza… ¿será esa Bondad y Belleza la imagen de su alma…?. Deben ser, porque ya no se apartan de él hasta descubrir en ellas la figura de otro POBRE, éste de verdad… también sus pies llenos de polvo, de heridas… así que se ató a su túnica, tomó su mano y en adelante supo agradecer que su «pobreza» le ayudara a descubrir su propia alma…, y en su alma encontrará otra mano «suplicante» como la suya… la mano abierta siempre de quién puso su Mirada en Él y que fue en su compañía todo el tiempo, aún sin que él lo supiera… «Cuida de mí Señor!!!! Que soy pobre y no tengo nada… cada mañana, como a las aves, como a los lirios, cuida de mí…!!!»


Rosario Aguilar, de Amistad en Cristo

Reflexión sobre el Padre Nuestro de una niña de 10 años

«Padre Nuestro que estás en el Cielo y en la tierra, Señor te siento cuando hago acciones buenas, en la comunión y el vino y el pan de la Iglesia. Y en muchas cosas más te puedo encontrar, pero si las escribo serán infinitas. Nos ayudas, nos perdonas, nos guías al buen camino. Gracias a ti he superado obstáculos, curvas y me has enseñado a no rendirme, a tener fe, esperanza, corazón, sentido y me has alegrado la vida y yo sé que cada día me la alegrarás más… Yo confío en ti».

Stisy, 10 años. Alumna de Conchita Jaraiz, de Amistad en Cristo

Reflexión al Evangelio del Domingo 20 de Noviembre

Que alegría cuando me dijeron… nuestra cita semanal alrededor del Altar, Adorando a nuestro único Rey y Señor del Universo, unidos nuestros corazones entrelazados amándonos desde el corazón de nuestro AMOR de los Amores. Que maravilla Dios mío, no tengo palabras, mi alma, nuestra alma está sedienta de Ti, calma nuestra sed con Tu Palabra, con Tu Amor, con Tu Verdad…como serenaste la angustia y el sufrimiento del ladrón Dimas que al instante que te imploró perdonaste sus pecados y le abriste las puertas del Cielo. La Cruz es tu trono Jesús amado, de espinas Tu corona y un palo Tu palio, el silencio Tu grito de amor, de humildad, de misericordia, reparando por nosotros pobres pecadores. Solo podemos decirte Señor mío y Dios mío, Rey de Reyes Adorado.
Jesucristo Rey del Universo Señor del Cielo y de la tierra, de la Iglesia y de nuestras almas.

Donde está la cruz, no hay lugar para los signos de la fuerza. Cristo es Rey. Pero no tiene armas su reino no es de este mundo hermanos mío….
Venga a nosotros Tu Reino Señor, nuestro pobre corazón es tu trono.

Concha Puig

Lectura del Santo Evangelio según san Lucas (23,35-43):

En aquel tiempo, los magistrados hacían muecas a Jesús diciendo:

«A otros ha salvado; que se salve a sí mismo, si él es el Mesías de Dios, el Elegido».

Se burlaban de él también los soldados, que se acercaban y le ofrecían vinagre, diciendo:

«Si eres tú el rey de los judíos, sálvate a ti mismo».

Había también por encima de él un letrero:

«Este es el rey de los judíos».

Uno de los malhechores crucificados lo insultaba diciendo:

«¿No eres tú el Mesías? Sálvate a ti mismo y a nosotros».

Pero el otro, respondiéndole e increpándolo, le decía:

«¿Ni siquiera temes tú a Dios, estando en la misma condena? Nosotros, en verdad, lo estamos justamente, porque recibimos el justo pago de lo que hicimos; en cambio, éste no ha hecho nada malo».

Y decía:

«Jesús, acuérdate de mí cuando llegues a tu reino».

Jesús le dijo:

«En verdad te digo: hoy estarás conmigo en el paraíso».