San Juan nos sitúa la escena inmediatamente después de la Multiplicación de los panes y los peces. Todos quieren seguir a Cristo pero Él les dice en verdad, en verdad os digo: me buscáis no porque habéis visto signos, sino porque comisteis pan hasta saciaros (Jn 6,26). Eso nos pregunta hoy el Señor, ¿Por qué busco a Jesús? ¿Por qué sigo a Jesús? ¿Es el nuestro un amor transaccional de si me concedes tal cosa te quiero Señor, tengo este apuro y si me lo solucionas voy a rezar más? ¿O es un Amor desinteresado? Hoy ante el Sagrario podemos meditar esta preciosa declaración de Amor en forma de poesía:
No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido, / ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte. / Tú me mueves, Señor, muéveme el verte / clavado en una cruz y escarnecido, / muéveme ver tu cuerpo tan herido, / muévenme tus afrentas y tu muerte. / Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera, / que aunque no hubiera cielo, yo te amara, / y aunque no hubiera infierno, te temiera. / No me tienes que dar porque te quiera, / pues aunque lo que espero no esperara, / lo mismo que te quiero te quisiera.
“Queremos ser verónicas y cirineos; con alegría, esperanza y mucho amor”
“Queremos amar a Dios con el latir de todos los corazones que aún no lo aman”: este es el sentido profundo de esta Asociación de Reparadores que hace suyas las palabras de Jesucristo: “A quien te abofetee en una mejilla, preséntale también la otra”.
¿Cómo surge la Asociación “Amistad en Cristo”? ¿Qué necesidades pretende cubrir?
Tendría que remontarme a lo que vivimos un sábado del mes de junio de 2004. Ese día, después de celebrar la eucaristía, unas amigas me comentaron que en el Teatro Bellas Artes de Madrid se estaba representando una obra de teatro blasfema: «Me cago en D…”. Me costaba creerlo; así que al llegar a casa quise comprobarlo. Abrí el periódico y, efectivamente, allí estaba anunciada la obra blasfema de la que me habían hablado. Mi corazón empezó a palpitar con tal fuerza que no podía controlarlo. Pensé: «Me muero». Eran las 12 del mediodía, llamé a varias personas, respondieron bien y pude reunir un grupo. Quedamos enfrente del Bellas Artes (que en ese momento se convertía en basura para mí) a las 5 de la tarde.
Empezamos a rezar el Rosario, una lo dirigía y los demás respondían. Así, uno tras otro, como acto de reparación. Nadie nos molestó, al contrario, algunas personas se unían y rezaban un misterio, avemarías, lo que buenamente podían…; incluso se unieron jóvenes. A las 9 de la noche un sacerdote jesuita se unió a nuestra oración hasta que concluimos, se llamaba Antonio Honduvilla (ya fallecido). Él, con gran alegría, nos comunicó que estaba recogiendo firmas en contra de esta blasfemia. Se reunieron muchísimas. Más tarde las llevamos a un abogado y este las presentó a las Cortes. Así surgió “Amistad en Cristo Nuevo Amanecer”, este es el nombre original, después le añadimos “con María”.
Durante el tiempo en que estuvimos recogiendo firmas casi todo el mundo respondió muy bien. Voy a contar un detalle que me animó: Una persona me dijo: «Yo soy atea, pero firmaré porque no se debe ofender a nadie; hay que respetar las creencias de cada uno». Otro detalle: En ese tiempo, en una inauguración me encontré con el Sr. Álvarez del Manzano (exalcalde de Madrid) y, hablando con él, le comenté sobre la obra blasfema. Él ya lo sabía y estaba muy disgustado. Me dijo que lo habían invitado a un acto en dicho teatro y que no asistiría. Creo que esto dice mucho del Sr. Álvarez del Manzano.
Puede ser que alguien blasfeme porque no conoce al Padre… La falta de amor del hombre hacia Dios Padre, ¿podría tener su raíz en un desconocimiento profundo de la verdadera esencia de Dios, que no es otra que el amor? El hijo pródigo abandona a su padre porque, en realidad, no le ha llegado a conocer… La esencia de Dios es la misericordia, el amor sin límites…
El hijo pródigo vive inmerso en sus caprichos, está instalado en su ego, en sus placeres, en su yo; quiere buscar fuera lo que no da la felicidad. Quiere más y por eso se marcha, para satisfacer sus anhelos y deseos exclusivamente materiales. Es lo que le sucede —en parte— al hombre de hoy que se busca a sí mismo, sin pensar siquiera en el amor inmenso que Dios nos tiene; el “trepa” está sordo a Dios Padre, que tiene un corazón de carne y nos ama con una paciencia infinita… Decía S. Agustín: «Buscaba fuera lo que estaba dentro de mí”. Eso le pasa al hombre de hoy.
el misterio de la Redención de Cristo
Dios Padre, en cuanto tal, no “necesita” de nuestra “Reparación”… Que yo peque, que yo blasfeme o lo injurie no le quita al Padre ni un ápice de su dignidad, ni de su amor hacia mí. Vuestra “Reparación” por los pecados del hombre, ¿no irá ligada al miedo al castigo de Dios…?
Ni mucho menos. Va ligada al amor. Queremos amar a Dios con el latir de todos los corazones que aún no lo aman. Pedimos perdón por nosotros y por los pecados del mundo entero. Vivimos la “Reparación” como una prolongación de la de Cristo, que desde la cruz murió por todos nosotros —pobres pecadores— siendo inocente. Él y su madre, María, fueron los primeros reparadores. Nosotros continuamos lo que ellos empezaron…
Queremos ser verónicas y cirineos, pero con alegría, esperanza y mucho amor. El pecado, la blasfemia, los sacrilegios, etc. sí afectan a Dios, le roban la gloria externa que debemos darle como criaturas y como hijos suyos; al igual que a Jesucristo le afectaron nuestros pecados y sufrió por nuestros delitos y los de todos los hombres. De lo contrario, haríamos insensible a Dios, como si fuera indiferente a todo, y eso no es verdad; aunque no lo disminuimos como Dios, sin embargo, le afecta de otra manera. Es nuestro Padre y sufre… de lo contrario, pierde valor todo, y se echa por tierra el misterio de la Redención de Cristo.
La oración ante Jesucristo-Hostia, las eucaristías reparadoras buscan amar por el que no ama, darse por el que no se da, interceder, mediar por el que ahora está enfangado en la muerte del pecado… De alguna manera se trata de “llevar sobre los hombros el pecado del otro”. Llevar su carga…
Sí. Reparamos por el amor que tenemos a Dios. Se trata del santo temor de Dios porque el pecado es un mal para el que lo comete y para los demás, y lleva consigo el castigo eterno, el infierno, si no hay arrepentimiento.
¿Podría comentar la experiencia íntima de una persona orante ante Cristo Eucaristía? ¿Cómo es ese encuentro con el Señor, presente en el Sagrario?
Hay diversas clases de experiencias con Cristo Eucaristía; depende de la actitud o situación concreta en que vive la persona. Hablo de una experiencia personal: Si se está en una situación de sufrimiento o soledad, entonces la persona se limita a mirar la Cruz o a Jesús Eucaristía en silencio, sin palabras, solo mirándolo en ofrecimiento y abandono total. Y hay otras veces en las que se desborda la alegría, con cantos y alabanzas, o incluso también se da esta alegría en medio del sufrimiento… También puedo decir que ha habido algunas curaciones en “Amistad en Cristo”; el Señor ama mucho la espiritualidad de la “Reparación” y derrama abundantes gracias. Voy a mencionar la primera de ellas: le sucedió a Juanita, asociada nuestra. Ella ingresó en el hospital con grandes hemorragias y, cuando le dijeron que tenían que operarla, se colocó una estampa nuestra de la “Reparación” y se le cortó la hemorragia; no tuvieron que intervenirla, gracias a Dios.
la llave al corazón de Dios
¿Cómo cambia la vida de la persona que reconoce la dignidad de Jesucristo en Espíritu y en Verdad?
Cuando una persona reconoce a Jesucristo como Dios y como Hombre, y se entrega a Él, cambia toda su vida. En Él tiene a su mayor amigo y Señor, experimenta la plena confianza en Él, porque sabe que siempre lo ayudará y nunca le fallará.
¿Cómo llevar a las personas a Dios? ¿Cómo llevar al hombre a ese encuentro íntimo con el Dios de la Vida? ¿Cómo llevar a los católicos ante Dios… el Dios vivo… el Dios amante… el Dios del Sagrario?
Primero has de entrar tú en la Palabra, con ratos de oración largos, viviendo tu vocación como Dios te pide; luego buscas al hermano para llevarlo al Padre. Sin muchas palabras, con tu ejemplo, con fe, esperanza y amor, siendo tú sagrario vivo para que Él viva en ti y haga el milagro de la vida, porque la vida verdadera es Dios.
También el sufrimiento acompañado de la oración, con mansedumbre, sin rebelarte, unida a la cruz de Cristo, ayuda a llevar almas a Dios, devolviendo bien por mal. Dice la primera Carta de S. Pedro (3,17): «Mejor es sufrir por hacer el bien, que por hacer el mal, si Dios así lo dispone»
¿Necesitamos los creyentes la oración intensa ante el Señor Jesús, presente en la Sagrada Forma, para vivir el día a día con plenitud?
Por supuesto, es la mejor arma que tenemos. Jesucristo en la Eucaristía está vivo, y toda su vida —que pasó haciendo el bien— se nos comunica a nosotros para que la imitemos a través del Evangelio; debemos empaparnos de Él.
¿De qué cosas es capaz la contemplación del Misterio de Cristo Eucaristía? Benedicto XVI nos dejó dicho: “En la Iglesia, contemplación y acción deben integrarse”…
Es imposible el apostolado sin la oración contemplativa, debemos dejarnos amar por el Amado. La contemplación de Jesus Eucaristía da luz para ver también las necesidades del prójimo, y da fuerza para ayudar hasta el final sin desanimarnos. No olvidemos que la cruz es vertical y horizontal. Hacia Dios y hacia los hombres.
¿Hay algo de lo que quiera hablar, que no le haya preguntado?
Si, quisiera hacer referencia a las continuas comparaciones que se están haciendo entre los Papas anteriores y Su Santidad el Papa Francisco… Yo diría que en lugar de criticar tanto, como solemos hacer, entremos en nuestro interior con sinceridad y hagamos cada día examen de conciencia y confesión frecuente, para ser cada vez mejores, ya que todos somos Iglesia. Así contribuiremos a mejorar nuestro entorno, la Iglesia y el mundo entero. Termino con estas palabras de Jesucristo: «Al que me defienda aquí en la tierra, yo lo defenderé, delante de Mi Padre, que está en los Cielos». Y no olvidemos que Dios vomita a los tibios… Los santos tenían horror a la tibieza.
“Él, la tarde de Pascua, abre la mente de los discípulos al misterio de su muerte y resurrección y les dice: Vosotros sois testigos de todo esto. Los Apóstoles, que vieron con los propios ojos a Cristo resucitado, no podían callar su extraordinaria experiencia. Él se había mostrado a ellos para que la verdad de su resurrección llegara a todos mediante su testimonio. Y la Iglesia tiene la tarea de prolongar en el tiempo esta misión; cada bautizado está llamado a dar testimonio, con las palabras y con la vida, que Jesús ha resucitado, que Jesús está vivo y presente en medio de nosotros. Todos nosotros estamos llamados a dar testimonio de que Jesús está vivo. Podemos preguntarnos: pero, ¿quién es el testigo? El testigo es uno que ha visto, que recuerda y cuenta. Ver, recordar y contar son los tres verbos que describen la identidad y la misión. El testigo es uno que ha visto, con ojo objetivo, ha visto una realidad, pero no con ojo indiferente; ha visto y se ha dejado involucrar por el acontecimiento. Por eso recuerda, no solo porque sabe reconstruir en modo preciso los hechos sucedidos, sino también porque aquellos hechos le han hablado y él ha captado el sentido profundo. Entonces el testigo cuenta, no de manera fría y distante sino como uno que se ha dejado poner en cuestión, y desde aquel día ha cambiado de vida. El testigo es uno que ha cambiado de vida. El contenido del testimonio cristiano no es una teoría, no es una ideología o un complejo sistema de preceptos y prohibiciones o un moralismo, sino que es un mensaje de salvación, un acontecimiento concreto, es más, una Persona: es Cristo resucitado, viviente y único Salvador de todos. Él puede ser testimoniado por quienes han hecho una experiencia personal de Él, en la oración y en la Iglesia, a través de un camino que tiene su fundamento en el Bautismo, su alimento en la Eucaristía, su sello en la Confirmación, su continúa conversión en la Penitencia.” (Homilía de S.S. Francisco, 19 de abril de 2015).
ALELUYA!! ALELUYA!! ALELUYA!! Mis hermanos en Cristo. Que alegría🎼🎼 con un canto de Alabanza te damos gracias Señor🎼🎼 nos has abierto las puertas del Cielo para que ninguno nos perdamos por los caminos de este mundo y un día vayamos todos al AMOR DE LOS AMORES. Allí nos esperas junto a Tu Madre S. José y la TRINIDAD SANTÍSIMA con todos los Santos y Ángeles.
Reina del cielo ¡alégrate, Aleluya! Porque el Señor a quien has merecido llevar , aleluya, ¡Ha resucitado!
Cristo Vive , El Amor ha triunfado
Que El Señor resucite en nuestros corazones Que la esperanza y la alegría envuelva nuestras vidas y así contagiar a los demás. Feliz Domingo de Resurrección hermanos y Sacerdotes todos
Nuestro pobre corazón late con fuerza porque el Amor es más fuerte que la muerte. La resurrección de Cristo es autentica esperanza para una vida en la que podremos amar y ser amados. GRACIAS, GRACIAS GRACIAS¡ DIOS DE MISERICORDIA. GRACIAS Y PERDON ❤🔥
Concha Puig
Evangelio según San Juan 20, 1-9 El primer día de la semana, María Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro. Echó a correr y fue donde estaba Simón Pedro y el otro discípulo, a quien quería Jesús, y les dijo: Se han llevado del sepulcro al Señor y no sabemos dónde lo han puesto. Salieron Pedro y el otro discípulo camino del sepulcro. Los dos corrían juntos, pero el otro discípulo corría más que Pedro; se adelantó y llegó primero al sepulcro; y, asomándose, vio las vendas en el suelo: pero no entró. Llegó también Simón Pedro detrás de él y entró en el sepulcro: Vio las vendas en el suelo y el sudario con que le habían cubierto la cabeza, no por el suelo con las vendas, sino enrollado en un sitio aparte. Entonces, entró también el otro discípulo, el que había llegado primero al sepulcro; vio y creyó. Pues hasta entonces no habían entendido la Escritura: que El había de resucitar de entre los muertos.
¡Exulten por fin los coros de los ángeles, exulten las jerarquías del Cielo, y, por la victoria de Rey tan poderoso, que las trompetas anuncien la salvación! Con estas palabras inicia el maravilloso Pregón pascual que el diácono canta, emocionado, la noche solemne de la Vigilia de la resurrección de Cristo. Y todos los hijos de la Iglesia, diseminados por el mundo, explotan en júbilo incontenible para celebrar el triunfo de su Redentor. Por fin ha llegado la victoria tan anhelada ! En una de las últimas escenas de la película de La Pasión de Cristo, de Mel Gibson, tras la muerte de Jesús en el Calvario, aparece allá abajo, en el abismo, la figura que en todo el filme personifica al demonio, con gritos estentóreos, los ojos desencajados de rabia y con todo el cuerpo crispado por el odio y la desesperación. Ha sido definitivamente vencido por la muerte de Cristo! En este sentido es verdad –como proclamaba Nietzsche- «que Dios ha muerto». Pero ha entregado libre y voluntariamente su vida para redimirnos, y con su muerte nos ha abierto las puertas de una vida nueva y eterna.
Es muy sugerente el modo como Franco Zeffirelli presenta la escena de la resurrección en su película «Jesús de Nazaret». Los apóstoles Pedro y Juan vienen corriendo al sepulcro, muy de madrugada, y no encuentran el cuerpo del Señor. Luego llegan también dos miembros del Sanedrín para cerciorarse de los hechos, y sólo hallan los lienzos y el sudario, y el sepulcro vacío. Y comenta fríamente uno de ellos: Éste es el inicio!». Sí. El verdadero inicio del cristianismo y de la Iglesia. De aquí arrancará la propagación de la fe al mundo entero. Porque la Vida ha vuelto a la vida. Cristo resucitado es la clave de todas nuestras certezas. Como diría Pablo más tarde: Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana es vuestra fe; aún estáis en vuestros pecados… Pero no. Cristo ha resucitado de entre los muertos como primicia de los que duermen(I Cor 15, 14.17.20). En Él toda nuestra vida adquiere un nuevo sentido, un nuevo rumbo, una nueva dimensión: LA ETERNA
Estoy en silencio… un silencio en el que algo pasa… se oye el silencio, se siente el silencio… Cuando Tú me llevas al silencio, algo de mí se pierde en Ti… y quedo menos yo, y quedas más Tú… Es un silencio cálido que todo lo envuelve… «Desconectar los hilos de mi voluntad: pertenecerte… Desconectar los hilos de mi mente: pertenecerte… Desconectar los hilos de mis ídolos, mis afectos, pertenecerte… Estar ahí, junto a Tú Corazón… alimentarme de Tú Palabra, de Tú Voluntad… Pasar contigo por los caminos que me conducen a Ti… En Ti Jesús está todo… Descúbreme los velos que me separan de Ti… y condúceme a la muerte necesaria para vivir en Ti… Que en mi camino, que es el Tuyo, arrastre a cuántos encuentre en él.
La Encarnación nos abre las puertas para descubrir la presencia del Señor en la historia de los hombres, pues el Verbo de Dios haciéndose carne en Jesucristo, se hizo también historia y cultura (Benedicto XVI). El se queda con nosotros hasta el fin del mundo para darnos su Cuerpo y su Sangre, por eso tenemos que Reparar a Cristo Eucaristía que tantas ofensas, irreverencias, profanaciones, Comuniones tan mal recibidas. Hay mucho que Reparar en un mundo en poder del malo (1 Jn 5, 19).
Hoy Jueves Santo día en que nuestro Jesús amado instituyó la Eucaristía, este mundo necesita que estemos en Adoración Reparadora a los pies de la Cruz y de la Custodia, con nuestros ojos y 💕 fijos en la infinita belleza, vibrando, por nuestro Amor de los Amores, entrando en las heridas de su cuerpo que nos dejan ver los secretos de su ❤️ Nadie tiene un amor más grande ¡No olvidemos que murió por todos sin excepción! Sacrificio que anticipó y Perpetuó hasta el fin del mundo el la última Cena con sus discípulos, el primer Jueves Santo, instituyendo el SACERDOCIO y concediéndoles el poder y deber de: HACED ESTO EN MEMORIA MIA y envolviendo en una corriente de amor: AMAROS UNOS A OTROS COMO YO OS HE AMADO ( Jn. 13, 24) UNA ORACIÓN MUY ESPECIAL POR NUESTROS SACERDOTES SOBRE TODO POR NUESTRO CONSILIARIO Y PKR LOS QUW NOS AYUDAN Y ESTAN AL LADO DE AMISTADXEN CRISTO ¡QUE SEAN SANTOS MADRE Y S. JOSÉ!! CUANTO LOS NECESITAMOS Y QUEREMOS ¿Verdad hermanos?
Si la Virgen María no hubiera sido Madre de Jesús, tampoco sería nuestra Madre… Tampoco sería Reina de todo cuánto Dios ha creado, y es escuchando las Palabras del Evangelio como nos ayuda a comprender «»»¿quién es mi Madre y mis hermanos…? El que hace la voluntad de mi Padre, esa es mi Madre…»»» Buscar el Amor de Dios es buscar su Voluntad y buscar su voluntad es nuestra manera de corresponder a su Amor… El Amor es lo que nos estimula a buscar y vivir en su Voluntad… Vivir en la voluntad de Dios es desempeñar «la misión»… aquello para lo que nos ha destinado, de ser «Hijos en El Hijo… ser Santos e irreprochables ante El por el Amor…» SEÑOR, puesta aquí, a los pies de tu Cruz, a sabiendas de que no soy digna de pronunciar tu Nombre… con todo el dolor de mis pecados…, con toda la conciencia de mi nada…, y uniéndome hoy especialmente al dolor de María, tu Madre, nuestra Madre… te entrego mi corazón dolorido en Reparación por mis pecados…, y todo el miedo que hay en él… miedo a buscarme a mi y no a Ti… a buscar mi voluntad y no la tuya…, a mirarme a mí y no a Ti… Te lo presento para que si es tu voluntad, lo crucifiques contigo y lo resucites también contigo… y pueda llenarme de tu Gracia y tu Amor, para sólo «ver y hacer tu Voluntad»…
Levantemos esa crucecita que muchos cargamos, bien alto y mirando al madero, donde estuvo clavado nuestro Jesús amado, vayamos cerca… muy cerca de El, a ese lugar a esa puerta del Sagrario, a esa puerta del Cielo aquella en la que está REAL Y PRESENTE, Nuestro AMADO CORAZÓN DE JESÚS, nuestro Amor de los Amores y adorándole, postrados a sus pies ofrezcamos todo lo que somos, todo y la nada de nuestros méritos todas nuestras debilidades, todos nuestros sufrimientos… Él mirándonos con eterno AMOR MISERICORDIOSO Y comprensión nos dirá… Hijos esto se lo doy a mis mejores amigos… Y entenderemos que a quien tanto le defendió… será nuestro valedor en el camino hacia el CIELO. Con nuestra Madre, S. José y nuestro Ángel Custodio. Por nuestros Sacerdotes, Religiosas pedimos que amen mucho la Adoración y Reparación y que se den cuenta que los necesitamos… Gracias y perdón
“ -¿NO ERAN TRES LOS HOMBRES QUE ARROJAMOS AL HORNO? RESPONDIERON DICIENDO AL REY: -ASÍ ES, MAJESTAD. PREGUNTÓ DE NUEVO: -¿CÓMO ES QUE YO VEO CUATRO HOMBRES, SIN ATAR, CAMINANDO EN MEDIO DEL FUEGO Y SIN DAÑO ALGUNO? Y EL ASPECTO DEL CUARTO ES COMO UN HIJO DE LOS DIOSES” (Daniel 3, 91-92)
Me encanta leer pasajes en donde participa algún ángel. Me hace acordarme de lo grandiosos y poderosos que son en medio de nosotros, que somos débiles. Y no sólo eso, me hace recordar a mi ángel de la guarda. Habitualmente no me acuerdo mucho de él, pero la realidad es que él no me deja ni de día ni de noche, y se pasa las horas rezando por mí a Dios, al que ve cara a cara.
Hoy quiero tenerle muy presente todo el día, haciendo caso a sus inspiraciones. ¡Tengo tanta suerte, Padre! Creaste un ángel sólo para mí, lleno de virtudes para transmitírmelas. El propósito de su existencia es que yo vaya al cielo, y no sólo eso… si cuando muera debo pasar por el purgatorio, no se despegará de mí ni un segundo hasta que consiga acceder a Tu gloria. Siempre conmigo. Muchas, muchas gracias Padre, Te lo debo todo.
“La mujer, en cierto sentido, es creada a base de la misma humanidad. La homogeneidad somática, a pesar de la diversidad de la constitución unida a la diferencia sexual, es tan evidente que el hombre (varón) despertado del sueño genético, la expresa inmediatamente cuando dice: «Esto sí que es ya hueso de mis huesos y carne de mi carne. Esta se llamará varona porque del varón ha sido tomada» (Gén 2, 23). De este modo el hombre (varón) manifiesta por vez primera alegría e incluso exaltación, de las que antes no tenía oportunidad, por faltarle un ser semejante a él. La alegría por otro ser humano, por el segundo «yo», domina en las palabras del hombre (varón) pronunciadas al ver a la mujer (hembra). Todo esto ayuda a establecer el significado pleno de la unidad originaria. Aquí son pocas las palabras, pero cada una es de gran peso. Debemos, pues, tener en cuenta, y lo hacemos también a continuación el hecho de que la primera mujer, «formada con la costilla tomada del hombre», inmediatamente es aceptada como ayuda adecuada a él” (Catequesis del 7 de noviembre 1979).
La antropología de Juan Pablo es profundamente bíblica. Se ancla de modo especial en los primeros capítulos del libro del Génesis. Después de haber aclarado cómo el cuerpo expresa la persona en la visión originaria del hombre, ahora se centra en el relato del capítulo segundo del libro, de redacción yahvista, que habla de la creación del hombre y de la mujer, en un contexto diferente del capítulo primero. En el capítulo segundo Adán es creado primero y no encuentra una ayuda semejante a él en el resto de la creación. Entonces es cuando Dios actúa de nuevo de modo poderoso con la creación de la mujer. Juan Pablo II reconoce que la mujer “es creada en la base de la misma humanidad”. No hay distinción de dignidad entre el hombre y la mujer. El hecho de que el relato del Génesis coloque antes la creación del hombre, no quiere decir para nada que posee una dignidad mayor. Incluso podríamos decir que una cierta relevancia de la mujer lo muestra el hecho de que ella es la última obra de la creación, como si fuera en un cierto sentido su culmen. En primer lugar hay una homogeneidad somática. Es cierto que hay una diferencia sexual, pero al mismo tiempo no menos cierto es que el cuerpo del hombre y de la mujer provienen del barro al cual el Señor les ha dado un aliento de vida con el soplo del espíritu. No se trata de contraponer hombre o mujer, varón o hembra, sino de reconocer en ambos una par dignidad con sexos diferentes y por ello también con tareas específicas que se complementan.
La expresión admirada del hombre que contempla casi con éxtasis a la mujer: “Esta sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne” (Gen 2, 23). Adán reconoce que es hueso de sus huesos y carne de su carne, pero no es Adán: es Eva. Es un tú, no la introspección del yo. Con Eva aparece la alteridad como elemento constitutivo de la persona humana. Ésta no se constituye por su relación consigo mismo, aún necesaria y debida, sino en la relación con el “tú” de la mujer. La contemplación de Eva deja extasiado a Adán. Y no sólo por la belleza corporal de Eva, sino también por la posibilidad de entrar en relación con una alteridad que será fundamental en la comprensión de sí mismo. Eva es “ishá” (hembra o como traduce Juan Pablo II, varona) porque del varón (“ish”) ha sido tomada.
En la contemplación de Eva, Adán manifiesta alegría e incluso exaltación. Eva saca de la soledad a Adán. Y esta fuga del solipsismo es para Adán una verdadera liberación. El otro no debería ser para nosotros un infierno, sino una liberación. La mujer sin embargo no es sólo un instrumento o medio para la plenitud de Adán. Ella es un ser personal, fin en sí misma. También ella necesita la alteridad de Adán. También a ella le acecha la tentación del encerramiento en su propio ser sin la apertura al otro. Al origen hay una dualidad de varón y de hembra, pero destinada a una unidad, a ser “una” sola carne. El dinamismo entre unidad y apertura al otro será constitutivo del ser humano. Será como una especie de juego polar en el que ambos elementos tienen que relacionarse de modo equilibrado para poder ser fructífero.
Esta página de la Biblia expresa una de las alegrías mas poderosas e íntimas del ser humano: el encuentro con una persona a la que se descubre como otro yo, un “tú” a quien poder amar. El otro abre la posibilidad de poder realizar el amor fuera de sí mismo, aunque luego ofrezca también una plenitud personal incomparable. Este segundo capítulo es breve. Las palabras son escasas, pero el contenido es altísimo. No es necesario decir mucho en lo esencial. Y lo esencial en el ser humano es la apertura al amor. Cuanto más se da y se recibe amor, el hombre (y la mujer) se realizan con mayor plenitud. Para nosotros es una invitación a volver al amor primero. Si somos casados, al amor primero a nuestro esposo o esposa. Si somos sacerdotes o religiosos, volver al amor primero a nuestro gran amor que es Jesucristo y su Iglesia. La mujer descubre a Adán la vocación al amor. Por eso se alegra y se regocija. Tanto la mujer como el hombre son llamados a ser reclamos de este amor santo, bueno, infinito, sin límites. Agradezcamos al Señor esta llamada fundante al amor. Si logramos amar, hemos conseguido todo. Si no lo logramos, hemos fallado como seres humanos. Pidamos al Señor esta gracia, la de saber dar y recibir el amor.