San José, hombre de la Providencia

La providencia es uno de los conceptos más importantes y relevantes de la concepción cristiana del mundo. “Llamamos divina Providencia las disposiciones por medio de las cuales Dios conduce la creación hacia esta perfección”, nos recuerda el Catecismo de la Iglesia Católica (n. 302). Dios es solicito por el bien de lo que ha creado. El no crea para luego abandonar a su creatura. De modo especial los seres humanos gozan de un especial cuidado por parte de Dios. Jesús dijo a sus discípulos en el sermón de la montaña: “Buscad el Reino de Dios y su justicia y todo lo demás se os dará por añadidura” (Mt 6, 33). Él los invita a abandonarse con confianza a este cuidado, añadiendo: “No os afanéis por el mañana, porque el mañana tendrá sus inquietudes. A cada día le es suficiente su afán” (Mt 6, 34).

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Amistad con Cristo en Guatemala

Del P.Pedro Barrajón:

Una oración de agradecimiento a Dios por la extensión de Amistad en Cristo en Guatemala. Y felicidades a Concha y a todos quienes lo han hecho posible. Seguramente que de aquí podrá extenderse a otros países de América. Confiamos esta intención a María uniéndonos a las intenciones del Papa para el día de hoy por Sudán y La República Democrática del Congo.

Orar cuando uno se siente pecador (P.Pedro Barrajón l.c. Consiliario de Amistad en Cristo, Nuevo Amanecer)

 

Queridos en Cristo, ¡SANTA CUARESMA! Afectísimo en Cristo, P. Pedro Barrajón L.C. Consiliario de Amistad en Cristo, Nuevo Amanecer

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Nuestro Consiliario P. Pedro Barrajon L.C. en una reciente audiencia con el Papa Francisco

Orar cuando uno se siente pecador

La Cuaresma es un momento de oración, ayuno, penitencia, limosna y ejercicio de la caridad. Es un momento de conversión. Pero puede suceder a veces que, reconociendo nuestra necesidad de conversión y de volver a Dios, considerando la grandeza de la propia miseria, de los pecados pasados o presentes, nos dé “vergüenza” volver a Él en la oración. Nos sentimos pecadores, indignos de ser llamados sus hijos, llenos de miserias, como manchados en lo más profundo de nuestro ser. El demonio se puede servir de algo que es natural, como es un sentimiento de indignidad y de vergüenza del propio pecado, para paralizar nuestra marcha hacia Dios y bloquearnos en nuestro camino espiritual, porque creemos que nuestros pecados son demasiado grandes para poder volver con confianza al Señor para ir a hablar con Él de corazón a corazón, pedirle perdón e implorarle fuerza.

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