Cuánto nos enseñas Jesús amado cada día, cada minuto, cada segundo. Tu Palabra siempre es Nueva ¿Sabemos interpretarla?… ¿Llevarla a nuestra vida? ¿Somos hipócritas? No olvidemos que Dios lee hasta el fondo de nuestros corazones. Él sabe que aún viéndolo en la cruz, le darán la espalda …¡Ay Señor! Si caminamos en íntima Amistad contigo, Amor de los Amores, sabremos interpretar y discernir los signos y nada ni nadie podrá confundirnos. Serás Tú Jesús mío quien viva en mí, en nosotros y así Amaremos como Tú AMAS que es lo que nos pides…pues desde la Cruz nos lo enseñas.
¡Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo danos tu bendición!
Bendice a la Iglesia, que Tú tanto has amado, servido, y guiado, animándola a caminar con coraje por los senderos del mundo para llevar a Jesús a todos y todos a Jesús.
Bendice a los jóvenes, que han sido Tu gran pasión. Concédeles volver a soñar, volver a mirar hacia lo alto para encontrar la Luz verdadera, que ilumina y lleva a la única Verdad.
Bendice a las familias, ¡bendice cada familia! Tú advertiste el asalto de Satanás contra esta santa e indispensable institución. San Juan Pablo, con tu oración protege las familias y cada vida que brota en la familia. Ruega por el mundo entero, todavía marcado por tensiones, guerras e injusticias. Tú te opusiste a la guerra invocando el diálogo y sembrando el Amor y la Paz.
Intercede por nosotros, para que seamos incansables sembradores de paz. Oh San Juan Pablo, desde la ventana del Cielo, donde te vemos junto a María, haz descender sobre todos nosotros la bendición de Dios. Y abraza a nuestra Madre y a San José de nuestra parte. Amén.
“¡Qué alegría cuando me dijeron vamos!” a nuestra cita semanal a encontrarnos todos unidos alrededor del altar para pedir los unos por los otros. Qué maravilla Señor, es una forma de practicar la humildad. El evangelio de este domingo pasado lo dice muy claro, por eso Jesús tiene que reinar nuestro corazón en nuestros pobres corazones. Entonces Él será nuestra humildad, nuestra santidad. Desde la cruz ¿qué nos enseña? Desde el Sagrario ¿qué nos enseña? Nos unimos al grito del publicano “Oh Dios, ten compasión de este pecador”… Mira Jesús amado qué pobrecitos somos, te damos nuestra pobreza… Tuyos somos. Gracias por amarnos tal como somos. Junto a nuestra Madre, San José y nuestro Ángel Custodio. “Santo, Santo, Santo”.
Concha Puig
Os esperamos en la Cripta de la Almudena en Madrid todos los primeros Jueves de mes a las 17:30 horas
Evangelio del Domingo 23 de octubre
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 18, 9-14
En aquel tiempo, Jesús dijo esta parábola a algunos que se confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás:
«Dos hombres subieron al templo a orar. Uno era fariseo; el otro, publicano. El fariseo, erguido, oraba así en su interior:
“¡Oh Dios!, te doy gracias porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo”.
El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo:
“Oh Dios!, ten compasión de este pecador”.
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquel no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Recibid ¡oh Espíritu Santo!, la consagración perfecta y absoluta de todo mi ser, que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza, y todo el amor de mi corazón.
Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas operaciones, y quiero ser siempre dócil a vuestras santas inspiraciones.
¡Oh Santo Espíritu! Dignaos formarme con María y en María, según el modelo de vuestro amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo Santificador. Amén
Hoy Señor, te presento los frutos de mi vida, todos ellos no valen ni a los ojos de los hombres, ni a los tuyos… Te los presento porque Tú has venido a salvar lo que estaba perdido… porque las obras de mis manos no valen nada, pero Tú Señor llamas a nuestra puerta y cuando entras todo lo dejas lleno de Ti… y en eso está nuestra esperanza, en que Tú vienes a salvar lo que estaba perdido, y lo salvas….
SEÑOR, que todo lo que late en mí sea una acción de gracias continua… qué toda mi miseria se convierta por Tú Amor en Amor a los otros… Qué todas las pruebas, las humillaciones las reciba como de Ti para ir a Ti sin nada, vacía de todo orgullo y de otro apoyo que no seas Tú, porque solo Tú acoges a aquellos que sabemos de nuestra pobreza… solo Tú, conociéndonos como nos conoces, nos Amas así como somos con ternura infinita…